martes, 24 de abril de 2012
La USA por cárcel
Las persecuciones de nuestros grandes narcos siguen siendo apasionantes. Todavía El Cartel puede ser la serie preferida de la familia colombiana. El primero de enero murió en Acandí, Chocó, Juan de Jesús Úsuga, el líder de los Urabeños. Un localizador satelital en el estuche de la guitarra de uno de los músicos contratados para la fiesta de fin de año entregó la ruta definitiva. Se necesitaron 150 hombres Jungla para llegar hasta su finca marcada con un nombre sugestivo: Casa Verde. Además de Úsuga murió un policía y fueron capturados cuatro de los casi cien invitados a la recepción de año nuevo. Al día siguiente Urabá amaneció paralizada y el ruido de las rejas contra el piso en los locales comerciales llegó hasta algunos sectores de Medellín. Hace una semana el diario El Mundo de España aseguró que la negociación de seis meses entre los hermanos Comba y alias Mi Sangre con los fiscales de Estados Unidos estaba a punto de concretarse. Se dijo que uno de ellos se encontraba localizado en Panamá y ex fiscales antimafia convertidos en abogados de los capos estuvieron visitando La Picota. Parece que la idea es llevarse al clan completo. Los grandes enemigos de Juan de Jesús Úsuga entendieron que es mejor la lucha jurídica en Estados Unidos que la guerra de traiciones, sobornos y sangre que deben librar en Colombia. Desde hace cinco años se ha dicho que nuestros narcos cambiaron radicalmente de lema: prefieren una cárcel en Estados Unidos a una tumba en Colombia. La extradición se ha revelado como una puerta de escape. Ahora muchos deciden incluso saltarse el concepto de la Corte Suprema para llegar más pronto a tratar con los fiscales del Norte. El Ministro de Justicia colombiano se declaró alarmado y recibió a cambio un parte de tranquilidad por parte del fiscal General gringo y el director de la DEA: las penas bajas a mafiosos colombianos son simples “casos aislados”, y en el futuro seguirán recibiendo castigos “semejantes a aquellos a los que hemos estado acostumbrados”. Pero todo parece indicar que Estados Unidos está dispuesto a mantener un lenguaje duro contra el narcotráfico, aleccionador para los países productores, mientras en sordina cambia sus políticas y sus prioridades. La consigna, pensada como estrategia o simplemente dictada por la inercia de la lucha, puede resumirse en una frase odiosa y paternalista: yo doy los pasos a mi ritmo, sin mucho ruido, sin alentar grandes cambios; ya les avisaré cuando estemos preparados para que ustedes hagan lo propio. En retrospectiva parecen absurdas las largas condenas contra Hernán Botero o incluso contra Carlos Ledher. Ambos inauguraron, como conejillo de indias el uno y como primer capo el otro, una etapa de justicia como escarmiento, de demostración de que los delitos de narcotráfico tenían una segunda instancia implacable en Norte América. Ahora hasta Don Berna puede intentar negociaciones muy parecidas a la justicia transicional que se les ofreció aquí mediante la Ley de Justicia y Paz. Mientras en Colombia se libró una guerra de años para llegar a una “solución”, tramitada mediante una ley que dejó descontentos a todos los sectores, a los criminales, a los políticos, a los políticos criminales, a las víctimas y a los profesionales del conflicto; en Estados Unidos lo hacen a puerta cerrada, sin posibilidad de pataleo, sin dramatismos morales. O nuestros narcos son de segunda en el negocio y ahora valen menos que un pez mediano en México. O los gringos han comenzado ha legalizar sin notificarnos.
martes, 17 de abril de 2012
Botella al mar



Tirar botellas al mar, tripuladas por un mensaje escueto, buscando el azar de una respuesta, se ha convertido en una afición corriente. Lo hacen los alumnos de secundaria alentados por sus profesores y los hijos de los pescadores en sus tiempos libres y los aprendices de poeta que acaban de leer el Barco ebrio. Hace poco dos de los alumnos de Chris Albrecht, profesor de secundaria en el Estado de Nueva York, recibieron respuesta a su tarea tirada al mar nueves meses atrás. La botella de uno de ellos fue recogida por un pescador de mariscos y su hijo en una playa de Terceira, un pequeño pueblo en las islas Azores a 3000 kilómetros de las costas americanas. Un correo electrónico de vuelta confirmó el buen viento de la botella. El otro viaje con destinatario terminó en las playas de Nueva Escocia, en Canadá, muy cerca de donde zarpó.
Pero la prueba de que el mar sigue siendo un mensajero relativamente confiable a pesar de sus desordenes, está en el buzón de la casa de Harold Hacket. El hombre ha lanzado 4900 botellas desde 1996. Consulta vientos y mareas, escribe su mensaje con un saludo y una dirección física y lanza su botella de plástico desde la costa de la isla Prince Edward, en Canadá. Ha recibido 3100 respuestas de felices destinatarios en Rusia, Holanda, Florida, Noruega, Irlanda, Bahamas. Las crónicas sobre su afición no dicen si se dedica a algo más que esperar al cartero.
El mar es más o menos impredecible cuando debe encargarse de una botella: una simple brisa puede marcar el rumbo definitivo y hacer olvidar las corrientes, rutinarias como cualquier cartero, que rigen la ruta de todo lo que flota sin timón. Pero los grandes restos tienen marcado su destino por una especie de brújula natural. Ahora mismo un mensaje ominoso navega hacia las costas de Hawái desde el Japón. Un poco más de un año llevan los restos del Tsunami de Fukushima buscando su camino: un costal inmenso que se alarga y se disgrega con media ciudad destruida flotando. La avanzada de ese cardumen de basura la marcó hace dos semanas el Ryou-Un Maru, un barco pesquero japonés que fue incendiado por la marina de Estados Unidos luego de cumplir 13 meses navegando hasta acercarse a las costas de Aalaska. El barco como las botellas fue desviado por los vientos.
En cambio el millón de toneladas que se calcula viaja hacia las costas de Estados Unidos sigue ordenado la corriente Kuroshio. Los satélites vigilan día a día esa mancha que tiene una superficie de unas dos mil millas náuticas de longitud y más de mil millas náuticas de ancho. Se deshace poco a poco y ha entregado sus primeros restos a las costas de Hawái. Todavía faltan uno o dos años para que esa terrible botella lanzada desde Japón por la resaca de una ola gigante, llegué a las playas de los Estados Unidos. Ya veremos las historias con algunos trozos de juguetes, con fotos, con zapatos y lavadoras exhibidas en Internet para que las contrapartes japonesas recuerden algo de sus hogares desaparecidos. Pero el mar también ordena sus basuras: no todo llegará a las costas. Los restos más pequeños se incorporarán al gran basurero marino que da vueltas siguiendo una corriente del Pacífico Norte llamada el Gyre.
Para quienes están pensando en una venganza poética de restos radiactivos llegando desde Japón hasta las costas gringas, vale la pena decir que la radiactividad de los trozos examinados hasta ahora es mínima. Así que no esperen erizos mutantes ni estrellas marinas con cola de medusas. Llegaran sólo algunos restos fatigados. Y habrá respuestas.
martes, 10 de abril de 2012
Momento cumbre


En 1990 se reunieron en Londres los representantes de 112 países para intentar una declaración común escrita en una hoja con el siguiente encabezado: “Conferencia Mundial para la Reducción del Consumo de Drogas”. Han volado muchos aviones sobre las fronteras, han caído muchas mulas, han viajado rasantes miles de las lanchas rápidas, han aparecido los narco submarinos. Ha corrido mucha coca y otras especies debajo de los cercos. Y parece que tanto fracasar no ha sido en vano. Hoy se pueden decir cosas que hace 20 años eran herejías propias de economistas libertinos. El gran avance de la declaración de Londres consistió en una mención tímida a la reposición de “jeringuillas” que algunos países de Europa estaban implementando para evitar el contagio de enfermedades entre sus adictos. Estados Unidos peleó durante toda la noche hasta que al fin se resignó a firmar el texto con esa sucia experiencia de entregar jeringas limpias a los drogadictos.
Colombia estaba en una posición similar a la que enfrenta el México de Felipe Calderón: una guerra cruenta en la que los exportadores de coca buscan una parte del poder del Estado por la vía de la intimidación y el soborno. Era lógico, entonces, que el presidente Barco escribiera cosas como estas unos meses luego de la Cumbre: “Las propuestas de legalización son una respuesta fácil y simplista a un problema complejo y difícil. Llevar las teorías del mercado libre y del sálvese quien pueda a un asunto en el cual, por definición, hay cientos de millones de personas desprotegidas y que, por razones obvias, pueden sucumbir al paraíso artificial que ofrecen las drogas, es renunciar a la lucha para preservar la vida comunitaria.” El cambio de paradigma consistía en entregarle algo de responsabilidad a los países consumidores: debían perseguir a sus adictos, evitar el tráfico de precursores químicos, combatir el lavado de activos y entregar algunos dólares para los ejércitos antidrogas en América latina. Era necesario replantear la guerra.
Hoy en día la discusión parece estar en un nivel distinto. El gobierno de Estados Unidos sigue empeñado en la misma lógica aunque con mejores modales: dice estar dispuesto al debate pero descartando que la discusión pueda producir cambios. William Brownfield, un humorista muy templado, hace las veces de embajador de la lucha antidrogas en el mundo. El hombre se movió rápido para sabotear una posible posición conjunta de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, que se discutiría días antes de la cumbre en Cartagena. Para algo tiene que servir el Subsecretario para Asuntos de Narcotráfico Internacional y Aplicación de la Ley.
Pero los cambios que harán imposible que Estados Unidos nos recomiende medidas como las de hace 20 años en Londres, llamados a la familia y a los vecindarios a sumarse a la lucha antidrogas, están en la propia opinión pública gringa. Mientras el gobierno quiere mostrarse inflexible la sociedad parece dar los primeros pasos hacia fórmulas distintas. En noviembre se votarán referendos para legalizar la marihuana -su uso medicinal y recreativo- en los estados de Washington y Colorado. Los primeros sondeos les dan ventaja a los amigos de la venta en dispensarios legales. La única manera de arrebatarles el negocio a los jíbaros que defienden su trabajo con la calidad de sus armas y no con la de su hierba. Más del 60% de los jóvenes gringos apoyan la legalización de la droga más consumida en el mundo. Pronto el gobierno de Obama tendrá que dejar de fingir que las soluciones flexibles son para otros mundos.

martes, 3 de abril de 2012
Noticias de unos secuestros



Faltaban unos días para las elecciones parlamentarias de 1998 y los registradores del Caquetá se escondían debajo de las piedras. La intención era huir pero las Farc habían copado los ríos y las carreteras. De las 64 inspecciones de policía del departamento apenas 5 tenían agentes defendiendo los escritorios. Hacía una semana el Bloque Oriental había convertido una supuesta cacería del Mono Jojoy por parte de la Brigada Móvil N. 3 en una emboscada que dejó 64 soldados muertos y 43 secuestrados. El Caño El Billar entró a formar parte de nuestro curso intensivo de geografía roja en el Sur.
El gobierno Samper respondía con un comunicado patético en el mejor de los casos: “El Presidente de la República, quien ha estado informado permanentemente, ha manifestado a los comandantes de estas operaciones, y a través de ellos a todas las tropas, su voz de apoyo y solidaridad para que no desfallezcan y les ha solicitado mantener la ofensiva iniciada por el bien de la democracia, de la paz en la región y de la lucha que se viene librando contra el narcotráfico en el área.” En otro punto su tono se parecía al de un tercero imparcial que mira la escena con cierto temor e indiferencia: “Como resultado de estos enfrentamientos se han producido bajas numerosas, aún no contabilizadas, en los dos grupos enfrentados”.
El Congreso preparaba un debate contra el Ministro de Defensa, Gilberto Echeverry, por los repetidos fracasos militares en Puerres, Patascoy, Las Delicias, La Carpa y El Billar. Antonio Navarro hacía de analista militar para El Tiempo y le dejaba dos opciones al General Bonett Locarno: trasladar buena parte de la tropa a Caquetá, Putumayo y la Bota Caucana, cosa muy difícil por la extensión y los costos humanos; “o abandonar la zona rural de ese suroriente colombiano, concentrando sus tropas en las principales poblaciones en unidades más grandes y fuertes, un batallón con mínima movilidad, caso en el cual se consolidaría una región de control político y militar guerrillero, cuyo desarrollo futuro es impredecible… Desde la perspectiva guerrillera, difícilmente se puede estar en una posición más favorable para negociar.” En la conclusión Navarro cruzaba los dedos por un camino de diálogos “que conduzca a la paz que los colombianos soñamos con fuerza telúrica”.
La paz estaba en todas partes: Los diseñadores que participaban en Colombia Moda la tenían como tema principal para sus creaciones. Y había un “mandato ciudadano” para buscarla. Tres días antes de la posesión de Pastrana 129 soldados fueron secuestrados en la base antinarcóticos de Miraflores en Guaviare. Era solo la conmemoración por las explosiones similares sobre la misma base que se habían dado apenas 3 años antes. Samper ya no tenía ánimos ni para los comunicados. La bienvenida no sería con morteros hechizos contra el Palacio de Nariño sino con 1500 guerrilleros rodeando a Mitú. Pastrana intentaba tranquilizar a la gente en las ciudades. El campo ya era un solo crujir de dientes. Un acto en el Parque Simón Bolívar presentaba 1000 nuevos agentes de policía “para enfrentar una eventual incursión armada de la guerrilla, o una posible ola de terrorismo”.
Ahora que volvieron los últimos soldados de aquellos tiempos, cuando todo el mundo quisiera contarles lo que ha pasado en los 13 o 14 años que estuvieron caminando pegados a un radio, vale la pena que su aire de náufragos sirva para contarnos las noticias no tan viejas que hemos comenzado a olvidar.
martes, 27 de marzo de 2012
Asesinos solitarios





Las principales fotos para resumir el año 2011 mostraron a un grupo de jóvenes enmascarados, bajo una bandera y una emoción común, enfrentando un Ancien Régime. Se ha debatido acerca del verdadero papel de las redes sociales en la dirección de las bandadas de los jóvenes árabes. Ya se sabe que fue una exageración proponer el premio Nobel de la Paz para Twitter por su supuesto papel en los levantamientos de 2010 en Irán. Pero no hay duda que algo ha acelerado el contagio de los movimientos juveniles, bien sea en Moldavia, en Chile, en Londres o en Madrid; bien sea en ordenadas mesas de trabajo o en hordas que pasan quemando carros de lujo. Surge la argamasa repentina y efectista de un video o un cartel con fecha y hora, y los gobiernos solo pueden agazaparse bajo los escudos antidisturbios. La aglomeración es la amenaza.
Mientras tanto algunos jóvenes solitarios se dedican a rumiar sus frustraciones y resentimientos. La emoción de las causas colectivas no se ajusta a su naturaleza ni a sus objetivos brutales. Solo les interesa salvar el mundo que han construido en larguísimas sesiones de lectura o escritura en Internet. Y lo más preocupante es que producen grandes revoluciones de miedo y odio, pueden decidir las elecciones en sus países e incluso pueden lograr que una potencia mundial ponga la rodilla al piso. Hace poco la revista Foreign Policy resumió las características de los asesinos solitarios más comunes en Europa: “Exclusión social, problemas de identidad, sentimientos de injusticia, mezclado con delincuencia común, radicalización islámica y luego viaje a Afganistán o Pakistán.”
Mohamed Merah, el autor de la reciente matanza en Toulouse, es el último de los terroristas que hacen parte de la “yihad individual”. No estaba en los registros de las mezquitas radicales, no hacía parte de las listas de grupos infiltrados por la policía, no tenía antecedentes peligrosos a pesar de haber viajado a Afganistán a pulir su ira. Según un psiquiatra que lo trató, Merah sufrió un “colapso narcisista” luego de ser rechazado por la legión extranjera del ejército francés y acabó su vida sintiéndose el centro del mundo. Su venganza no tenía que ver solo con los niños palestinos y las víctimas de la invasión a Afganistán, sino con una reivindicación personal contra su propio país. Las últimas encuestas muestran que Merah logró mover la aguja electoral a favor de Sarkozy.
Europa deberá vivir con esa amenaza cada vez más imperceptible. Y no solo es Islam radical inspira a los solitarios. Anders Breivik, el asesino de Utoya, la isla cerca de Oslo, estaba en la orilla opuesta de Merah. Creía defender la pureza racial de su país atacando a los jóvenes socialistas por las posiciones más flexibles de ese partido respecto a la inmigración. Disfrazado de un bucólico agricultor de remolachas mientras redactaba un manifiesto de mil páginas para justificar la masacre.
Estados Unidos tampoco está a salvo. Y lo que parece aún más peligroso es que muchos de sus monstruos huraños están dentro del ejército. En 2009 un comandante médico de origen árabe mató a 13 de sus compañeros en Texas. Y hace apenas un mes, Robert Bales, un sargento, mató a 16 civiles en Afganistán y pareció cerrar el círculo de Estados Unidos en la región. Se rompieron los contactos con los Talibanes y Obama está cada vez más obligado a acelerar el retiro. Las palabras del profesor de El Agente secreto de Conrad parecen perfectas para el cierre: “Actualmente no hay pasión. El mundo es mediocre, cojo y sin fuerza ¡Locura y desesperación! Deme ese punto de apoyo y moveré el mundo.”
martes, 20 de marzo de 2012
Para leer en el bus



Las protestas contra el transporte público son una amenaza terrible y una tentación para los políticos. Los números que giran en las registradoras muestran el tamaño del problema o la oportunidad que se incuba. Bogotá tiene sus grandes historias de agitadores en los paraderos. Hace más de 100 años, luego de que un conductor bajara a garrote a un gamín que viajaba colgado del tranvía, se inició un boicot contra la compañía americana dueña de las “carrozas”. Durante siete meses los ciudadanos miraron con desprecio los coches gringos y todo terminó con un nuevo dueño y un nuevo nombre para la empresa: Tranvía Municipal de Bogota. La gente viajaba satisfecha pero no ahorraba burlas para la sigla T.M.D.B: “Treinta minutos de bamboleo”.
Más tarde fue la encrucijada de Rojas Pinilla frente a los bochinches por el anuncio de las alzas en el transporte. Un decreto que se firmaba cada año en compañía del comandante de policía. Los estudiantes universitarios eran los líderes del pataleo y el gobierno debía decidir si enfrentarse a los jóvenes o lidiar con los dueños de los buses que amenazaban con guardar sus cacharros hasta nueva orden en la tarifa. Según algunos esas protestas ayudaron a sacar a Rojas Pinilla del poder.
Estas dos historias y muchos otros recorridos se encuentran en El libro de los buses de Bogotá, una publicación de la Universidad Católica y del Rosario que parece hecha para darle contexto a la reciente crisis de Transmilenio, e incluso para aventurar algunas respuestas. Luego de los destrozos del pasado 9 de marzo han saltado algunas voces que señalan los beneficios económicos de 12 grandes operadores del sistema como uno de los problemas a corregir. El mismo alcalde Petro dijo que el Distrito pondría una flota de buses propia. Y muchos han salido a reivindicar la palabra “estatismo”.
Paso las páginas del libro y veo los troles de la vieja Empresa de Transporte Urbano convertidos en chatarra. Desde 1959 hasta 1991 la E.D.T.U. intentó prestar sus servicios con buses comprados de segunda mano en Estados Unidos y de primera mano en Rumania y la Unión Soviética. Se asoció con la Federación de cafeteros, pidió préstamos internacionales, cambió sus rutas, uniformó a sus choferes, trajo los primeros articulados, diseñó buses especiales para su público. En 1989 le quedaban 353 buses, 9 rutas, una colilla de deudas impagable y hermosos cementerios de carrocerías en las afueras de la ciudad.
La competencia privada le ganó el pulso de sobra. No eran 12 dueños arrogantes sino un hormiguero de pequeños propietarios afiliados en cooperativas a los que era imposible poner orden. Al final de la década del sesenta los buses del Distrito movilizaban solo el 6.9% de los pasajeros de la ciudad y la cifra fue languideciendo poco a poco. En vez de intentar un control eficiente sobre el transporte, la administración gastó buena parte de su energía y sus recursos en una competencia que solo servía a la burocracia y a los vendedores de buses y sus intermediarios.
Transmilenio le ha entregado a Bogotá una posibilidad de manejo que hasta hace unos años parecía imposible. En buena medida la idea inaugurada en diciembre del 2000 surgió luego del fracaso de la troncal de la Caracas, que construyó una infraestructura dudosa y además dejó intacto la operación avispa de los transportadores y sus cooperativas. La ciudad debe poner en segundo plano la pelea por la afinidad de quienes protestan y el balance de quienes operan el sistema. Debe olvidar sus sueños de busero mayor y operar la logística del transporte que olvidó en los últimos 5 años, mientras miraba los planos de la primera línea del metro.
jueves, 15 de marzo de 2012
Carta de recomendación

Alonso Salazar hizo su vida en Medellín desde la periferia. Primero como parte de una familia recién llegada del campo que se aferraba a unos tíos, habitantes de Itagüí, ya curtidos en la ciudad, que les servían como boya salvadora. Más tarde como estudiante en el barrio El Salvador donde vivía de inquilino y al mismo tiempo iba haciendo su trabajo de campo.
Después hizo parte de las ONG de izquierda en una ciudad donde las votaciones por los partidos en esa orilla del espectro político han sido más que anémicas. El IPC y Corporación Región fueron su refugio para las investigaciones, las opiniones y el activismo en la ciudad. Muchas veces debió hablar de la necesidad de hacer contrapeso a los poderes hegemónicos de la villa. Desde y sobre esa periferia escribió sus libros que fueron la primera noticia de lo que después sería un género: la sicaresca antioqueña.
Luego llegó la política, también desde un trampolín bajo y sin mayor preparación para soportar los reflectores electorales. Todo ese camino recorrido desde bordes ajenos al poder empresarial de Medellín, hace que una carta de apoyo al ex alcalde, divulgada apenas ayer, y firmada por todos y cada uno de los llamados cacaos de la ciudad, tenga un valor simbólico tremendo. Allí se respalda la actitud valiente de Salazar en las pasadas elecciones y se valora su defensa de un proyecto ético común y universal. Algo tiene que significar el apoyo unánime del todo el estamento paisa a quien nunca fue uno de los suyos.
Texto de la carta:
POR EL DERECHO A REFLEXIONAR SOBRE UN FALLO DE LA JUSTICIA Y A EXIGIR SU REVISIÓN.
En un país dividido por los conflictos entre partidos y posiciones ideológicas, entre las ramas del poder, entre los seguidores de diferentes creencias religiosas, sólo podrá hablarse de paz y prosperidad cuando, a pesar de las diferencias, sepamos compartir y defender un proyecto ético básico, común y universal.
No es posible ni necesario delimitar dicho proyecto ético ni señalar quiénes forman o no, parte de él. Basta con que los ciudadanos sepamos identificar cuándo una acción atenta contra él, cuándo lo fortalece, y actuar en consecuencia.
Ese es el caso de la valerosa conducta de Alonso Salazar Jaramillo como Alcalde de Medellín (2008-2011), al denunciar oportunamente ante las autoridades competentes las indebidas e ilegales participaciones en política de grupos al margen de la ley, durante el proceso electoral del año pasado. Como primera autoridad de Policía con funciones preventivas, y conocedor de este oscuro accionar, era su obligación presentar las denuncias del caso, y así lo hizo, poniendo en peligro su seguridad personal y la de sus seres queridos. El Alcalde Salazar obró a la altura de sus responsabilidades como gobernante y como ciudadano. Algo que, en situaciones similares, no alcanzan muchos gobernantes ni muchos ciudadanos.
Pero, más allá de lo esperado, tras un silencio institucional ante sus denuncias, y el riesgo inminente para la democracia, el Alcalde asumió una posición ética, posición por la que hoy se le castiga con la destitución e inhabilidad para ejercer cargos públicos por 12 años. Alonso Salazar hizo públicas esas denuncias, aportando pruebas contundentes. Como tantos, habría podido "lavarse las manos" señalando que había radicado las respectivas denuncias. O como otros, las habría podido enviar anónimamente a medios de comunicación para que fueran éstos los que asumieran los riesgos de hacerlas públicas. Pero el Alcalde decidió "poner la cara" y cargar él con todos los riesgos jurídicos y de otra índole.
Los riesgos jurídicos no se hicieron esperar. Y es precisamente el fallo de primera instancia en la investigación que le abrió la Procuraduría General de la Nación el que hoy nos reúne para expresar públicamente nuestra posición firme e indisoluble de respaldo, agradecimiento y solidaridad total con Alonso Salazar Jaramillo.
Estamos convencidos de que las denuncias del Dr. Salazar no eran ni infundadas ni innecesarias. Que no constituyen indebida participación en política de su parte. Por lo tanto, consideramos nuestra obligación ética y nuestro derecho exigir a la Sala Disciplinaria de la Procuraduría General de la Nación, encargada de conocer el recurso de apelación, que se haga un estudio juicioso y técnico de las pruebas aportadas por la defensa de Alonso Salazar, ya que el fallo de primera instancia adolece de dicha valoración probatoria. Asimismo, solicitamos que las denuncias interpuestas ante la Fiscalía, y que son el origen de este episodio y lo que verdaderamente necesita ser investigado a fondo, sean tramitadas con celeridad y se estudien allí también las pruebas aportadas por la defensa del Alcalde. Los hechos allí denunciados son objeto de real preocupación para todos nosotros como miembros de la sociedad más directamente afectada por ellos.
Más allá del adverso momento por el que pasamos, alcanzamos a ver una enorme victoria: el triunfo de la ética sobre la corrupción que ha alcanzado un alto refinamiento en diferentes estructuras de poder. La victoria indeclinable de hacer las cosas como debe ser, cueste lo que cueste. Esa victoria es suya, Sr. Alcalde Salazar, y con usted la compartimos y defenderemos, hoy y siempre.
ALEJANDRO CEBALLOS Z.
GONZALO RESTREPO L.
NICANOR RESTREPO S.
JUAN EMILIO POSADA E.
CARLOS MARIO GIRALDO M.
RICARDO SIERRA M.
JUAN LUÍS MEJÍA A.
CARLOS RAÚL YEPES J.
HECTOR ARANGO G.
JUAN RAFAEL ARANGO P.
MAURICIO TORO B.
CARLOS ALBERTO BELTRAN A.
JUAN CAMILO OCHOA R.
IRENE GAVIRIA C.
RODRIGO VILLA G.
ALBERTO LEON MEJÍA Z.
GONZALO PÉREZ R.
CIPRIANO LÓPEZ.
DANIEL VILLEGAS D.
JOTA MARIO ARISTIZABAL C.
JUAN SEBASTIAN BETANCUR E.
CARLOS ENRIQUE PIEDRAHITA A.
JUAN GUILLERMO LONDOÑO P.
JUAN MANUEL DEL CORRAL S.
MANUEL SANTIAGO MEJÍA C.
DAVID BOJANINI G.
GUILLERMO VALENCIA J.
ANA MERCEDES GÓMEZ M.
JUAN HINESTROZA G.
LUIS ESTEBAN ECHAVARRÍA G.
JAIRO HOYOS G.
JOSÉ EUGENIO MUÑOZ M.
BEATRIZ E. URIBE R.
RAFAEL MEJÍA C.
MIGUEL EDUARDO NAVARRO D.
TATIANA ARISTIZABAL L.
GILBERTO RESTREPO V.
LINA MEJÍA C.
MARÍA CECILIA MEJÍA J.
ANDRÉS ÁNGEL V.
JOSE ALBERTO VÉLEZ.
LUIS FERNANDO RESTREPO E.
JAVIER JARAMILLO V.
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