martes, 26 de diciembre de 2017

Coincidencias






Han pasado largos años desde su primera elección presidencial y todavía hoy, con más canas y pecados, buena parte de la política de su país se divide entre sus fervientes enemigos y sus leales seguidores. Los partidos tradicionales pasaron a ser franquicias que estorban y manchan, mientras las aventuras personales marcan las elecciones de hoy. Seis meses antes de su primera elección era un personaje apenas conocido, lejos de los primeros puestos en las encuestas. Era el momento de caminar y cargar contra las élites políticas. Los corruptos y las camarillas partidistas fueron su blanco predilecto durante la primera campaña, había llegado la hora de la honestidad y del trabajo. Y de la guerra. El terrorismo de la guerrilla dejaba claro al enemigo y las prioridades: mayor protagonismo de los militares, mayores licencias y mayor presupuesto de guerra. Los documentos oficiales dejaban muy clara la estrategia: “Se propone un gobierno CIVIL-MILITAR, en el cual las Fuerzas Armadas conscientes con (sic) su responsabilidad patriótica asumen el compromiso de dirigir los destinos de la Patria".
Los golpes a la guerrillera se celebraron en todo el país y la popularidad del presidente crecía en la calle y en las encuestas. La opinión entregaba nuevos beneplácitos y privilegios, las victorias militares se tradujeron en victorias políticas. Poco a poco los políticos tradicionales, antes vituperados, comenzaron a sumarse a ese gobierno invencible. Vinieron las reformas constitucionales para adaptar las instituciones al nuevo mandatario (y a los clamores nacionales). Vino, por supuesto, un segundo periodo presidencial, recién aprobado por un parlamento ya obediente y un triunfo apabullante en las urnas. El pequeño y desconocido candidato de unos años atrás ahora era una suerte de titán autocrático.
Pero aparecieron los aguafiestas desde algunos medios de comunicación y desde una arrinconada oposición. Los abusos militares se hicieron patentes, algunos triunfos militares devinieron en masacres luego de complejos procesos judiciales y las familias de las víctimas arreciaron sus alegatos en contra de un Estado que había asesinado civiles inermes para amedrentar y demostrar el avance de la “legalidad”. Los organismos de inteligencia comenzaron a seguir a periodistas, opositores y líderes sociales. El gobierno actuaba cada vez más como un cuartel de inteligencia que como un consejo ministerial.
Entonces se hizo necesario un tercer periodo presidencial. Era más un sacrificio personal del líder carismático que una usurpación. El desafuero tenía a las Cortes advertidas y algunos legisladores alertas. Se cargó contra las cortes y se tranzó con los legisladores. Asesores cercanos al presidente fueron condenados por entregar dádivas públicas a congresistas a cambio de facilitar un tercero y salvador periodo. Los resplandores iniciales se hicieron turbios y las condenas llegaron también para miembros del ejército y funcionarios de inteligencia que demostraron ser la mano negra detrás del gobierno vociferante.

Ahora las grandes discusiones se centran en cuánta justicia es necesaria para ser llamada tal para quienes salvaron la patria, independientemente de algunos excesos, del poder armado y tiránico de las guerrillas. Y por supuesto, en el más grande de los interrogantes: ¿Quién es el heredero legítimo y confiable de aquel presidente que todavía parte al país en dos mitades casi iguales?

miércoles, 20 de diciembre de 2017

El ojo es necio




Comienza a propagarse la idea de esconder a las adolescentes, bien sean reales o imaginadas, bien sea que vayan al colegio o protagonicen los cuadros exhibidos en los museos. Se pide cubrirlas, protegerlas, imponer restricciones horarias a su estadía en la calle, señalar sus peligrosos atrevimientos, condenar a quienes osan apuntar un lente contra sus cuerpos. Hace unos días la cruzada tuvo un caso extremo en el Metropolitan de Nueva York. El museo se negó a retirar la obra Thérèse soñando del pintor Balthasar Klossowski de Rola (Balthus). La petición la hizo Mia Merril, gerente de recursos humanos de una compañía financiara en Manhattan, por considerarla una imagen “abiertamente sexual y pedófila”, y venía acompañada con el respaldo de 10.500 firmantes. El museo respondió que la mantenía en exhibición para propiciar un “debate informado” sobre el tema. La obra muestra una niña de 11 años sentada de una forma tan desvergonzada como inocente. Desentendida del mundo como una gata frente a la ventana. El sueño de Thérèse, pintado en 1938, es apenas uno más de los retratos de Balthus a la hija de un camarero que era su vecino en París.
Las acusaciones sobre los retratos de Balthus no son nuevas. Para muchos no es más que un voyerista, un pervertido que dice buscar la luz donde solo debe reinar la absoluta oscuridad. Sus cuadros han cargado con una fascinación similar a la de sus modelos. La pregunta necesaria es si los artistas tienen también una obligación de decoro y “responsabilidad” como los publicistas y los periodistas, por mencionar dos casos. Y si algunas obras de arte pueden entregar la idea de una cierta permisividad frente al abuso de menores. Lolita por ejemplo solo podría ser leída en las cárceles. También habría que cuidarse un poco de Alicia en el país de las maravillas, dada la relación de Carroll con las hermanas Liddell y una foto recién aparecida de una de ellas desnuda. Aunque la bisnieta de Alicia, Vanessa Tait, dice que Carroll no violó los limites respecto a las menores. Ni los victorianos ni los actuales.
El asunto puede terminar con la obligación de una etapa privada en la vida de las niñas, un momento en el que es mejor la reserva y el ocultamiento. También de los niños para que no haya líos, solo un poco de énfasis en quienes se ha centrado la discusión y el abuso. Una etapa, decía, en la que deben resguardarse para aparecer de nuevo cuando sean mujeres. Con el peligro de que los peores y más frecuentes abusos se cometen en el ámbito privado, en medio de los ambientes y las compañías familiares. Entre nosotros, donde las discusiones están muy lejos de los museos, también tuvimos el momento de histeria. Alentado, claro, por la política. Un expresidente y sus seguidores llamaron abusador de menores al exdirector de una revista que publicaba retratos de menores de edad sin la cantidad de ropa requerida para el recato y la seguridad que exigen los tiempos que corren. Nunca se pensó en la opinión de las retratadas de 16 años. No saben lo que hacen, decían los más exigentes.

En el caso de un artista todo es mucho más complicado ¿Se pueden indagar interpretaciones e intenciones? Balthus, por ejemplo, se definía como un hombre firmemente católico: “La pintura es un modo de acceder al misterio de Dios”, dijo en sus memorias. Cada uno busca el acceso a su manera. Y defendió su interés por las niñas: “Se ha dicho que mis niñas desvestidas son eróticas. Nunca las pinté con esa intención que las habría convertido en anecdóticas, superfluas. Porque yo pretendía justamente lo contrario, rodearlas de un aura de silencio y profundidad, crear un vértigo a su alrededor. Por eso las consideraba ángeles”. Sea como sea prefiero la mirada de Balthus a la de Mia Merril. 

martes, 12 de diciembre de 2017

Un oscuro santuario






Hace setenta años estaba a punto de terminar el mandato británico en lo que hoy son las tierras de Jordania, Israel y Palestina. Una comisión especial de Naciones Unidas proponía la creación de dos estados independientes con territorio igual, uno para los árabes y otro para los judíos. Jerusalén sería una especie de bisagra santa, un territorio imposible de dividir, un santuario común administrado por un gobernador internacional nombrado por la ONU. En la ciudad vivían cien mil judíos y al menos setenta y cinco mil árabes musulmanes y cristianos, además de unos cuantos armenios, griegos, británicos… La propuesta de la ONU tuvo el inmediato rechazo de los palestinos y la liga árabe,  quienes prometían “bañar en sangre cualquier entidad sionista que intentara erigirse, aunque fuese sobre un solo puñado de tierra palestina”.
La vida de una familia judía en esos tiempos de diásporas, recelos mutuos, trazados coloniales y odios viejos está retratada en una larga novela de escritor judío Amos Oz. Una historia de amor y oscuridad se ocupa más de la memoria que de la historia, más de los pequeños fuertes que levanta un niño de nueve años en su casa diminuta que de los campos de batalla, más de los temores y las utopías de sus padres que de los titulares de la prensa de la época. Y muchas veces esa memoria particular puede ser más útil para intentar algo de comprensión que los discursos y las explicaciones de los internacionalistas.
Los abuelos de Amos Oz viajaron de Trieste a Haifa en 1939. Llegaron a regañadientes a una tierra que consideraban salvaje y demasiado asiática para sus refinamientos europeos. Su abuela, al ver la tierra prometida, soltó unas palabras simples y algo de veneno purificador: “El Levante está lleno de microbios”. El Levante era el territorio al este de Italia que comprendía buena parte de las costas de oriente sobre el Mediterráneo. En los años treinta, dice Oz, las paredes de algunas ciudades europeas repetían una misma consigna: “Judíos, marchaos a Palestina”. Luego, cuando una numerosa diáspora judía ocupaba una parte del territorio que le señalaban como su lugar en la tierra, las paredes cambiaron de idea: “Judíos, fuera de Palestina”. Los familiares de Oz que se negaron a salir de Europa fueron asesinados en Vilna, Lituania, a comienzos de los cuarenta. Se sentían ciudadanos europeos y no creían en los nacionalismos judíos, ni serbios, ni eslovacos, ni montenegrinos, ni irlandeses… Y lo pagaron caro.
Antes de que el viaje fuera una obligación fue un sueño. Los judíos pensaban convencer a los árabes de la posibilidad  de un futuro común: “Podríamos explicarles y convencerles de que de nosotros solo obtendrían beneficios económicos, sanitaros, culturales y otros muchos… Le mostraríamos al mundo entero una conducta ejemplar con la minoría árabe”. Pero se comenzó a oír que se afilaban los cuchillos y un Amos Oz de diez años gritaba en su casa con exaltada ingenuidad: “¡Pronto habrá guerra en Jerusalén!” El peligro de las banderas y las muchedumbres. Oz parece tenerlo claro: “También aquí, en Eretz Israel, se ha podido apreciar que la muchedumbre judía puede ser un monstruo”.

Unos años después de la llegada la realidad mostraba diferencias y los barrios antes mezclados entre árabes y judíos imponían ciertos cuidados: “…Empezó a formarse una especie de telón entre una Jerusalén y la otra.” Ahora los buses y los vendedores ambulantes debían dar largos rodeos, y los vecinos de años de despedían entre espinas por los trasteos obligados de barrio a barrio. Era el momento de las barreras y las advertencias. Jerusalén era entonces una ciudad “saturada de pinos, atemorizante y atrayente con su nebulosa fascinación, con el entramado de laberintos de callejuelas oscuras prohibidas y hostiles para nosotros, una ciudad guardiana de secretos maléfica, grávida de desgracias, una ciudad donde sombras oscuras flotan por las calles a la sombra de las murallas de piedra, peregrinos-sacerdotes con túnicas negras y capuchas negras, y mujeres con mantos negros y velos negros.”

martes, 5 de diciembre de 2017

Riesgo fiscal






La Fiscalía ha comenzado a combinar todas las formas de lucha. Las investigaciones criminales, las órdenes de captura, las acusaciones ante los jueces son ahora solo una parte de su tarea. Por otro lado se dedica a las filtraciones selectivas para crear un clima de opinión que empuje sus tesis, al espectáculo de las capturas y los titulares como si fuera una agencia de prensa y a presionar a los jueces más allá de las audiencias públicas. Un populismo temerario impulsa muchas de sus actuaciones frente a funcionarios y exfuncionarios. Con una campaña que más parece el título de una canción mala,” Bolsillos de Cristal”, ha comenzado una cacería que según Néstor Humberto Martínez busca “recuperar el tejido ético de la nación”. El fiscal general dice que pasó el tiempo de las “dubitaciones” y que ante el fracaso de la sociedad civil y la prensa libre contra la corrupción ha llegado “la hora de la justicia”. Nada más peligroso que ese grito en boca de un convencido, de uno que tiene las llaves de la cárcel y no le caben dudas; sobre todo cuando es además relacionista público, consejero de contratistas, político soterrado y abogado panelista.
En los últimos meses la Fiscalía ordenó las capturas de los alcaldes y dos exalcaldes de Montería y Santa Marta, y del exalcalde de Neiva. En todos los casos los jueces de control de garantías han liberado a los acusados.  Luego de la decisión más reciente, referida a Carlos Caicedo y Rafael Martínez, el juez de control de garantías le pidió al fiscal encargado del caso rectificar sus declaraciones tras la audiencia. Ahora los fiscales salen a descalificar en los medios a los jueces que niegan sus peticiones, y que se niegan a sostener reuniones privadas para tratar temas que exigen audiencias públicas, como lo propuso en este caso el director seccional de fiscalía del Magdalena. Alegra que algunos jueces tengan claro que con la libertad de los no vencidos en juicio es mejor andar con pies de plomo que con embelecos de cristal.
Los antecedentes de Carlos Caicedo en la Universidad del Magdalena y en la alcaldía de Santa Marta demuestran que ha hecho mucho más contra la corrupción que los peligrosos alardes de la Fiscalía. Como rector la pelea contra los poderes de Trino Luna, condenado por parapolítica, le valió reconocimientos por parte del ministerio de educación y los estudiantes. Y le valió una condena a ocho años que tumbó el Tribunal Superior de Bogotá. Caicedo sabe de acusaciones falsas y fiscales falaces. Como alcalde e impulsor de acciones populares y tutelas ganó varias peleas contra Metroagua y sus pretensiones de apoderarse de las redes de acueducto de Santa Marta o exigir a cambio 60.000 millones de pesos. La empresa es controlada por la española Inassa que tiene a varios de sus directivos en la cárcel por pago de sobornos y otras aventuras. Las acusaciones actuales contra Caicedo y Martínez tienen que ver con retrasos y sobrecostos en obras contratadas en sus administraciones. La lupa del fiscal quema a quien él decida apuntar. Con ese rasero todos los funcionarios deberían ser esposados y retratados para el show de la Fiscalía. Hasta Luis Miguel ‘El Mello’ Cotes, exgobernador del Magdalena, ficha de Cambio Radical, y responsable del contrato de la vía de La Prosperidad que luego de cinco años de “trabajos” está en la inopia.
Con Marcos Daniel Pineda y Carlos Correa en Montería las cosas han sido parecidas. Retrasos y sobrecostos en la construcción del coliseo Miguel ‘Happy’ Lora. En este caso la detención preventiva se desestimó en dos instancias mientras la fiscalía sigue presumiendo de su firmeza. En Neiva el exalcalde Pedro Suárez fue liberado luego de tres meses. Los encargados de vigilar y ejecutar los contratos seguían libres y batallando por nuevos negocios mientras los funcionarios estaban cárcel. El tribunal Superior del Huila tumbó la detención pero la fiscalía se contenta con la foto de la captura, esa es su primera instancia.
Peligros de la “hora de la Justicia”. Pasa en Colombia, pasa en las capitales, pasa en la vida real.








miércoles, 29 de noviembre de 2017

Manchas fúnebres







El entierro de Inglaterra fue un evento sencillo. A ojo de buen cubero se puede decir que el 2% de la población de Carepa salió a despedir a Luis Orlando Padierna. Y eso que según dijo el alcalde muchos de quienes encabezaban el cortejo eran “foráneos”. Con un solo familiar convocado por cada uno de los 500 hombres que se dice tienen los Gaitanistas en Urabá era suficiente para hacer esa ruidosa y dolida marcha fúnebre. Además de los colados para que los duros los “tengan en la buena” y les den media de guaro.
La policía se mostró indignada por la manifestación el mismo día de la captura del mayor Héctor Fabio Murillo por sus tratos con el capo recién muerto. La nómina tiene nombres en cuarteles, parqueaderos, fincas, restaurantes y parques. El Clan del Golfo maneja su propio Sisbén en la zona. Un pequeño subsidio mensual a quienes llaman “puntos” y tienen la misión de ser incondicionales, tener muy buen oído y ser mudos. Una especie de milicia de desarrapados. Pero también tienen su modesto departamento de infraestructura y riegan sus obritas por barrios y trochas.
En un año pueden caer cerca de 40 toneladas de coca en Urabá y sus aguas cercanas. Una cifra similar logra hacer tránsito hacia el norte desde la región. Un kilo de coca que en Urabá puede valer tres millones de pesos, puesto en Panamá ya suma unos cincuenta millones. Esos son solo los ceros del primer trayecto, de ahí para arriba la tarifa sigue creciendo de manera exponencial. Ahí está una buena parte de la economía de la región. Los talleres de motos, los puestos de chance, la construcción de vivienda, las pequeñas discotecas, los prestamos gota a gota crecen según las bonanzas y las caídas de los viajes. Tanto Inglaterra como los hermanos del clan Úsuga David llevan más treinta años enfierrados en la zona. Han sumado dos y tres desmovilizaciones con diversos brazaletes. Han ejercido “justicia” y terror, han montado negocios, han jugado a ser benefactores y verdugos en una zona de múltiples colonizaciones, donde la justicia y el Estado siempre han sido la excepción, donde ha primado un orden oscuro que se transforma según el gusto de los señores de la guerra. No en vano Urabá ha sido siempre tierra de aventureros y desplazados, de familias en busca de segundas oportunidades, de comerciantes con bolsillo de doble fondo y excluidos sociales.
Hace un poco más de cinco años la muerte de Juan de Dios Úsuga paralizó a todo Urabá y a más de cien municipios en el país. Fue una resaca de comienzo de año que demostró el poder de lo que se creía era una simple banda. Hace unos meses el entierro de alias Gavilán fue acompañado por una banda de tres músicos y unas seiscientas personas en el corregimiento de San José de Mulatos en Turbo. Algo ha cambiado desde la muerte de alias Giovanni a comienzos de 2012. Pero hablar de patologías sociales en regiones donde la lealtad no es un asunto moral sino una cuestión de vida o muerte, de simple supervivencia, es mirar hasta Urabá por medio de un lente muy opaco. Planeta Turbo llamaba la comitiva de un reconocido político antioqueño a ese municipio luego de cada correría. Allá rigen otras reglas y mandan otras insignias. Desde las ciudades se suele ejercer un maniqueísmo muy simple, un moralismo muy barato del cual el mejor ejemplo es ese triste letrero: “los buenos somos más”.



martes, 21 de noviembre de 2017

Consulta impopular





Hace un poco menos de treinta años Luis Carlos Galán obtenía uno de sus más importantes triunfos políticos. No fue solo una victoria personal, no se trató de una mayoría en las urnas sino del logro de una transformación democrática al interior del partido mayoritario en Colombia. La lucha le tomó cerca de cinco años y concluyó con el acuerdo unánime, durante la convención liberal del 23 de julio de 1989 en Bogotá, para elegir candidato del partido por medio de una consulta popular abierta. En el camino había renunciado al Partido Liberal y creado el Nuevo Liberalismo como una necesidad ante los mecanismos arcaicos y clientelistas de elección que impedían la renovación y el protagonismo sin la venia de los “caciques”. Menos de un mes después de esa victoria fue asesinado en Soacha en medio de la competencia por la candidatura oficial del partido, que virtualmente elegía al presidente de la república.
Durante un año y medio el expresidente Turbay dirigió la puja entre los seis precandidatos y los congresistas por concretar y afinar el mecanismo. Se criticaban los costos de campaña y la división del partido, se anunciaban rebeliones de los caciques liberales y al mismo tiempo se desestimaba el carácter democrático de la consulta subrayando el clientelismo por venir, se señalaban los riesgos de la participación de votantes ajenos al liberalismo. Al final Turbay zanjó la discusión con una frase sencilla: “Quizá la consulta sea insoportable, pero su ausencia sería aún peor”. Con la campaña empezando, de nuevo en el “viejo liberalismo” pero con nuevas reglas, Galán celebraba su triunfo: “Nos reintegramos al partido liberal en virtud de un acuerdo de igual a igual, un acuerdo en torno de compromisos y criterios a través de los cuales, con los demás liberales de Colombia, le vamos a dar una salida feliz a nuestra patria después de estos años de crisis y tragedia. Compañeros: el viaje continúa, con la misma brújula, el mismo destino y en una nave más grande”. Se confirmaba el debilitamiento o al menos la posibilidad de vencer a los barones electorales, intermediarios obligados frente a los votantes. Ahora Bernardo Guerra Serna, José Name Terán, Víctor Renán Barco, Julio Cesar Guerra, César Pérez García no podrían imponer su candidato por “aclamación” y Hernando Durán Dussán no sería presidente por el simple dedazo.

El fin de semana pasado se celebró el repudio a la consulta liberal por parte de los partidos, los medios y los ciudadanos en general. Fue imposible hablar de democracia, de participación, mencionar una o dos ideas, recordar a Galán, repudiar los acuerdos a oscuras por parte de los políticos. Se habló de política con el burdo cuaderno del contador en la mano. La gran inteligencia consistió en dividir el costo de la consulta entre el número de votantes para señalar el precio exorbitante. Lo hicieron desde herederos de Galán como Juan Lozano hasta presentadores de variedades como Jota Mario Valencia. La consigna, casi unánime, reunió una mezcla de apatía y prejuicios: decidan ustedes los políticos que nosotros ya tendremos ocasión de quejarnos. Tal vez una más optimista: escojan ustedes, pero escojan bien. La descalificación automática del mecanismo tendrá consecuencias sobre las designaciones en el futuro. Cada vez queremos menos influencia de los políticos y al mismo tiempo buscamos delegar las decisiones importantes a sus pulsos y rencillas. Los partidos dignos de elogio, que se inscribieron para hacer consulta y al final no concurrieron, resultaron ser el Centro Democrático que elige siguiendo la lógica de un capo y unos temerosos precandidatos, lógica ya fallida una vez; y el Partido Conservador que está a la espera de ofrecimientos por su bandera y definirá con el carisellazo de sus congresistas. No queremos ni partidos ni consultas. Solo patrones. 

martes, 14 de noviembre de 2017

Peligros de la disciplina





Las recientes recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) son una alerta razonable más allá de los efectos particulares respecto a Gustavo Petro. La Procuraduría colombiana, con la oruga de hierro en su plazoleta, se ha ido convirtiendo en una pulcra amenaza, un peligroso órgano de descontrol. La CIDH pide con razón que funcionarios elegidos popularmente no puedan ser destituidos e inhabilitados por instancias administrativas. Instancias que además tienen un alto grado de contaminación política y electoral. Hace unos años, el exalcalde de Bogotá Paul Blomberg dejaba claros los riesgos institucionales de esa extraña figura colombiana, a medias entre directiva de ONG, fiscal, juez y advertidor general de la nación: “Un alto funcionario como el procurador, cuyo nombramiento resulta de pactos oscuros en cuerpos colegiados de elección popular poco aprestigiados, tiene las facultades de instruir y la de sancionar al mismo tiempo.” Además de ese doble papel, para muchos casos no existe una segunda instancia luego de la sanción disciplinaria, y a los ejecutados no les queda más que recorrer un largo camino ante el Consejo de Estado.
El caso del exalcalde Petro deja muy claro la perversidad que pueden entrañar los poderes desmesurados y carentes de una mínima responsabilidad que ejerce el procurador en Colombia. Alejandro Ordóñez, actual candidato presidencial, pudo sacar de carrera a uno de sus competidores para las elecciones de 2018. Hoy su fallo puede verse como una simple zancadilla de un candidato a un rival indeseado. Es muy posible que la sanción impuesta hace casi cuatro años se caiga en el Consejo de Estado, pero eso no dejará ninguna consecuencia para el exprocurador: “Al menos lo intenté”, pensará con algo de desvergüenza. Los errores, las omisiones, las audacias administrativas de alcaldes y gobernadores pueden pagarse caro ante la Procuraduría, pero los abusos probados del órgano de descontrol nunca tendrán consecuencias.
La Procuraduría es cada vez más –no solo en manos de Ordóñez, el actual procurador Carrillo ha demostrado ser un actor del espectáculo anticorrupción– una especie de administración a posteriori, inteligentísima una vez se presentan los hechos, con la potestad no solo de señalar y castigar errores sino de imponer políticas públicas. Hace seis años la Procuraduría de Ordóñez suspendió al alcalde Samuel Moreno por una “presunta y posible omisión en el deber de asegurar las obras en debida forma”. Se refería a tres obras de infraestructura en particular y a los incumplimientos de los contratistas. A esas alturas Samuel Moreno no tenía quién lo defendiera y terminó por fuera del Palacio Liévano por temas muy distintos a la corrupción probada años después. Si los problemas con contratistas justifican destituciones, los alcaldes y gobernadores quedarían en las manos de empresarios privados y sería imposible que acabaran su periodo. Bastaría un contratista ineficiente y vengativo y un Procurador acucioso por protagonismo o animadversión política.
El Consejo de Estado ha tumbado en los últimos años sanciones contra Alonso Salazar, Piedad Córdoba, dos a falta de una, Sabas Pretelt y muy seguramente viene un fallo en ese mismo sentido en el caso Petro. En todos ha resaltado falta de pruebas y violación de derechos políticos. Sin  eso pasa con alcaldes en las principales ciudades, ministros y congresistas qué podrán esperar los alcaldes de pequeños municipios ante ese monstruo político con pelaje de moralidad. Es hora de pensar en una fórmula para llevar a la Procuraduría y a la corrupción a sus justas proporciones.