miércoles, 7 de septiembre de 2022

Tres venenos

Quién es Tetsuya Yamagami, el sospechoso de asesinar al exprimer ministro  de Japón, Shinzo Abe - La Tercera 

 

Policía de Nueva York identifica a Hadi Matar, como el atacante del  escritor Salman Rushdie - Noticias y Respuestas

Sabag Montiel y su novia planearon el asesinato de Cristina Kirchner: se  habían sacado fotos con el arma - Big Bang! News

Esos venenos se preparan lentamente. Se decantan casi siempre en silencio hasta llegar a ser puros. Una gota es suficiente para cegar a un hombre. Tienen la capacidad de hacer que la mirada se concentre en un punto fijo. Espesar el odio, decretar una misión necesaria, hacer creer que la desesperación es una fuente de inspiración. Todos los enemigos del mundo en un solo objetivo. Un bebedizo del abatimiento.

Tres hombres distintos han dejado ver algo de esos venenos en los dos últimos meses. Uno causó la muerte de Shinzo Abe, ex primer ministro japonés, otro atacó con un puñal y dejo malherido al escritor Salman Rushdie, y uno más intentó disparar contra la vicepresidenta Argentina, Cristina Kirchner.

El primero se llama Tetsuya Yamagami y tiene 41 años. Hace parte de lo que los japoneses llaman la generación perdida, jóvenes herederos de todas las consecuencias de la crisis económicas de los ochenta. Pero Yamagami tenía una particularidad con otras herencias. Su padre se suicidó cuando él tenía cuatro años y luego su madre decidió dedicar buena parte del dinero de la familia a la Secta Moon, también llamada Iglesia de la Unificación, creada en los años cincuenta en Corea del Sur: “Cuando mi madre se unió a la iglesia, en la década de 1990, mi adolescencia desapareció y se despilfarraron cien millones de yens (735.000 dólares)… No es una exageración decir que mi experiencia durante ese período alteró toda mi vida”. La única opción que encontró Yamagami cuando su madre lo cambió por los sermones al contado fue su paso de tres años por las Fuerzas Marítimas de Autodefensa, donde se familiarizó con las armas. Su casa se había convertido en un armerillo con olor a pólvora y una colección de armas hechizas con tubos de acero, madera y cinta. Su arma se parece un poco a su vida.

El deslucido pantalón café y la camisa gris representan su generación y han alentado la compasión de algunos japoneses de su edad que lo ven como un colega de desgracias. Hace un mes había una página con siente mil firmantes pidiendo clemencia para Yamagami. El asesino caminó a su cita del pasado 8 de julio como quien va a un trabajo rutinario y estuvo dos horas esperando a Abe antes del comienzo de su manifestación política frente a una estación de tren, con un maletín terciado y con una paciencia muy quieta. Disparó por la espalda, a cinco metros de su víctima: “Si bien siento una gran amargura, Abe no es mi verdadero enemigo. Es tan solo un partidario influyente de la Iglesia de Unificación. Ya no tengo espacio en mi mente para pensar en el significado político o en las consecuencias que acarreará la muerte de Abe”, escribió en una carta antes de los disparos. La imagen de su víctima solo le mostraba. El partido del ex primer ministro ha tenido relaciones cercanas con la secta Moon y en 2021 Abe grabó un video elogiando el trabajo de la iglesia por la paz mundial.

El segundo se llama Hadi Matar y tiene 24 años. De padres libaneses y nacido en Nueva Jersey. Viajó en bus hasta Bufalo y luego tomo un taxi para un viaje de más de sesenta kilómetros hasta Chautauqua, donde Rushdie daría una charla sobre el papel de Estados Unidos para acoger escritores exiliados. Matar durmió a cielo abierto la noche antes del ataque, enroscado en la grama. La escena perfecta para recordar el cliché del “lobo solitario”. Hacía unos meses se había inscrito en un gimnasio de garaje. Boxeador sin ningún perfil, con dos pies izquierdos según lo describió su propio entrenador. No encajaba con nadie más allá del saludo. Trabajaba en un almacén de ropa y dejaba correr el tiempo. Luego de un viaje al Líbano en 2018 a ver a su padre llegó más ensimismado e interesado por el Islam. “Siempre parecía el día más triste de su vida, pero llegaba con ese aspecto todos los días”, dijo su entrenador de boxeo luego del ataque. Nunca leyó Los versos satánicos y sus razones para atacar a Rushdie también parecen desganadas: “No me gusta la persona. No creo que sea muy buena persona. No me gusta. No me gusta mucho. Es alguien que atacó al islam”. Hace poco había puesto a Alí Jameini, el líder supremo de Irán, en el avatar de su correo electrónico. En su primera comparecencia judicial se declaró no culpable y en su primera entrevista a la prensa declaró estar sorprendido de que Rushdie estuviera vivo. Su mamá lo sentenció luego de saber del ataque: “Hasta aquí llegué con él”.

El tercero se llama Fernando Andre Sabag Montiel y tiene 35 años, le dicen ‘El Tedi’. Los amigos lo describen como un mitómano sin nada que perder. Siempre decía que tenía armas pero ellos no le creían. Los orgullos para exhibir en redes son sus tatuajes en los brazo con alusiones nazis: un sol negro, una cruz de hierro, el martillo de Thor. Llegó muy joven a argentina desde Brasil, siempre viviendo en la marginalidad, en las aceras donde no hay miedo a decir cualquier cosa. Mario, uno de sus amigos, le dijo el fin de semana a la prensa: “La intención era matar… Lamentablemente no ensayó antes”. En su apartamento los fiscales encontraron, entre otras, una fotocopia de su DNI, un certificado de actividades esenciales con motivo de la pandemia, un certificado de discapacidad falso y una radiografía dental. Además de un hedor a inodoro y cien balas. Su novia vende algodón de azúcar en la calle. Hace poco Sabag apareció en una entrevista callejera de televisión quejándose de la falta de ayudas sociales para ella: “…tenía planes sociales, pero dejó de tenerlos, porque no da cobrar planes cuando podés trabajar”. Ella lo desmintió frente a las cámaras: “Se sale adelante trabajando, no cobrando planes. Cobrar planes sociales es fomentar la vagancia”. Retraído fue la palabra favorita de los vecinos para retratarlo.

Sus motivos, sus orígenes, sus odios parecen estar muy lejos, pero de seguro comparten una misma oscuridad.

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 31 de agosto de 2022

Vida domesticada

The Starr Report: A Close Reading | The New Yorker

 

 Sanna Marin | Una nueva foto compromete a la primera ministra de Finlandia:  muestra a dos mujeres en topless besándose en la residencia oficial | MUNDO  | EL COMERCIO PERÚ

El veinte de septiembre de 1998 todos los canales de noticias de los Estados Unidos adornaban sus emisiones en directo con una franja de recomendación: "Les advertimos que lo que están viendo contiene explícitos detalles sexuales y no debe ser visto por los niños". Estaban transmitiendo en vivo el interrogatorio que los fiscales especiales le hacían al presidente Bill Clinton acerca sus diez encuentros físicos con la becaria Mónica Lewinsky. En un momento, un Clinton rendido y sudoroso soltó una de sus defensas: “Ustedes están yendo muy lejos en su intento de criminalizar mi vida privada". Luego del juicio se habló de una nueva era de transparencia informativa mientras el presidente decía que había ocultado sus relaciones “inapropiadas y erróneas” para proteger su intimidad.

La idea de la necesidad de una vida edificante por parte de funcionarios elegidos popularmente ganaba adeptos y Clinton perdía el 4% del apoyo ciudadano –seis millones de votantes– luego de las más de cuatro horas de interrogatorio. El aura de dignidad de los políticos, sus retratos sobrios y sus discursos sensibles, hacen que por contraste cualquier imagen por fuera del protocolo resulte escandalosa: sea una felación en la oficina presidencial, una fiesta con algo de alcohol y movimiento, el precio de una compra suntuosa, una dieta pasada de calorías y dólares. Se trata, en parte, de una venganza ciudadana, un escarnio para el desquite. Pero también de un uso político de la pacatería y un oportunismo moral para infligir daños electorales. De modo que siempre vale la pena preguntarse si resulta útil el exagerado celo sobre la vida privada de quienes ejercen el poder público.

Uno de los más grandes escándalos políticos de los últimos años en Gran Bretaña se dio luego de la filtración por goteo de la lista de gastos de decenas de parlamentarios. En mayo de 2009, The Daily Telegraph comenzó a publicar las filtraciones que llevaron a la renuncia del vocero de la Cámara de los Comunes –por primera vez en trecientos años– y condujeron a derrotas históricas a los laboristas y los conservadores. Fue más un asunto de indignación ciudadana que de causas criminales.

No hay duda de que los políticos tienen una menor protección de su derecho a la intimidad, el derecho “a ser dejado en paz” como lo llamaron dos investigadores norteamericanos en 1890 en un artículo publicado en Harvard Law Review. Pero tal vez algunos límites sean necesarios para evitar que el linchamiento mediático o vía redes termine por imponer que solo quienes viven bajo la moral social convencional pueden ejercer poder político. La llegada sin límites a la vida doméstica puede llevar a la obligación desproporcionada de una vida domesticada. Es necesario que haya indicios claros de que la vida privada puede influir en las obligaciones públicas, es justo que se pueda indagar por las aptitudes de un funcionario dados comportamientos íntimos cuestionables, incluso, se puede exigir alguna coherencia entre el discurso público y las conductas personales.

El debate ha regresado luego de que la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, fuera sometida a un linchamiento por la oposición luego de que se conociera el video de una fiesta bien movida en casa de unos amigos. La alegría es un impedimento público para algunos puritanos. La primera ministra decidió someterse a un test de drogas para despejar dudas y preguntas solapadas. Según algunos la canción que bailaba hacía una alusión velada a la cocaína. La relación tóxica de la sociedad civil con los políticos no llevará a un mejor gobierno sino a un peor debate, a la manipulación ciudadana y a unos dirigentes cada vez más turbios.

 

miércoles, 24 de agosto de 2022

Reducción de daños

 

 

Crítica situación en Colombia pro causa del paro armado - Noticentro 1 CM&

 Sí fue terrorismo lo ocurrido en BC | Periodico El Vigia

Hace un poco más de una semana México sufrió una jornada de violencia que dejó una curiosa discusión entre el gobierno, la oposición, los medios y la ciudadanía que sufrió el miedo durante tres días. Para el gobierno se trató apenas de una estrategia de “publicidad criminal”. López Obrador criticó a los medios “amarillistas” que mencionaron la palabra terrorismo para describir el asesinato de civiles, los carros y locales quemados, el llamado a toques de queda por miembros de los carteles y los pueblos sitiados en Baja California, Guanajuato y Jalisco. Para algunos académicos y parte de la oposición, el código penal deja muy claro que se trató de actos de terrorismo: acciones violentas para generar terror en la ciudadanía y demostrar poder bien sea frente al Estado o a sus enemigos. Quienes vivieron la violencia de cerca no entran en disputa por definiciones, solo quedan advertidos de quién manda. Las razones de los días de violencia no fueron del todo claras: ¿que la policía estuvo cerca de capturar a dos capos, que se anunció el traslado del jefe de los Mexicles a una prisión federal, que la mafia quiere dar un golpe de control con cierta regularidad?

El pasado mayo Colombia vivió casi una semana con actos de violencia e intimidación muy similares. Aquí se habló de 150 ataques en 119 municipios, 12 civiles asesinados y más de 80 vehículos quemados. Hubo escasez de alimentos por el cierre de vías y locales, y hasta un partido de la liga local no se jugó por temor del equipo visitante. El presidente Duque habló con el mismo tono que usó AMLO hace una semana: “Buscan generar intimidación a través de hechos aislados y atentados cobardes, que buscan tener maximización a través de redes sociales y medios de comunicación. Tratan de mostrar desesperadamente una fortaleza que no tienen”. También López Obrador dijo que eran ataques desesperados por la pérdida de poder de los carteles.

La lucha del Estado contra las grandes mafias, al menos en México y Colombia, parece convertirse en un asunto de percepción: los narcos ven por una mirilla, el gobierno entrega sus declaraciones con plantilla, las víctimas cuentan la tragedia y los medios registran lo que pueden. Usar la palabra terrorismo tiene grandes riesgos para los gobiernos, mucho más cuando se mira con atención desde los Estados Unidos. Minimizar es la estrategia. Desde hace tiempo los estados han perdido otras opciones. Los ataques sin un propósito puntual muestran sobre todo un control territorial incuestionable, una notificación a los gobiernos para que entiendan que proteger a la gente requiere un trato preferencial con la mafia, unas consideraciones especiales: “reconozcan nuestro poder y habrá mayor tranquilidad para todos”, parecen decir. Todavía se recuerda cómo hace tres años la captura del hijo del Chapo Guzmán desató el caos en Culiacán. La amenaza de una violencia indiscriminada contra los civiles hizo que el presidente diera la orden de liberar a Ovidio Guzmán: “No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de unas personas”, dijo AMLO en octubre de 2019, luego de anunciar la libración.

La guerra perdida contra el narcotráfico, la tarea y los sacrificios impuestos por Estados Unidos, la imposibilidad de proteger a los ciudadanos y encontrar soluciones propias y efectivas, la pérdida de control en pueblos y zonas de muchas ciudades, ha hecho que poco a poco los gobiernos vayan encontrando formas silenciosas, omisiones convenientes frente a poderes asesinos consolidados durante años. Apaciguar y minimizar es ahora una forma de desobedecer el mandato absurdo de la guerra contra las drogas.