miércoles, 29 de abril de 2026

Polvo y asfalto

 

1:59:30: Sebastián Sawe rompe la barrera de las dos horas en Londres | Soy  Maratonista

Sabastian Sawe pide pasar 25 controles sorpresa para el Maratón de Berlín:  "El dopaje es un cáncer para Kenia"

 

Hasta hace cuatro años Sebastian Sawe no había salido de África. Era uno más de los humanos que corren por el Valle de Rift, una grieta geológica que amenaza con partir a África en dos, soñando contra las pesadillas del cronometro. Tiene algo de poético que los mejores corredores del planeta, los más resistentes, crezcan en las altas llanuras de África donde se dice que los homínidos dieron los primeros pasos hace millones de años. En ese polvo entre lagos y volcanes se han encontrado los huesos y los dientes más antiguos de nuestros predecesores. Allí están las huellas de los primeros homo sapiens y las mejores zancadas de hoy.

Pero dejemos el polvo y vamos al asfalto. Hasta 2022 Sawe no tenía más que una colección de tiempos mediocres en los cinco mil y los diez mil metros. Eso no impidió que el pasado fin de semana, en Londres, lograra la hazaña física soñada desde comienzo de los noventa, uno de los tantos juegos de resistencia, fuerza y velocidad que hemos ido inventando en nuestras épicas del sudor: cubrir 42,195 kilómetros en menos de dos horas. También en Londres, por en un azar al entrar a la pista donde estaba la línea de sentencia, se corrió en 1908 la maratón que fijó esa precisa distancia.

Hasta hace cuatro años Sebastian Sawe nunca había corrido profesionalmente más de cinco mil metros. Con ese palmarés viajó a Sevilla, con un pago prometido de quinientos euros, para servir de señuelo a los más rápidos en una media maratón. Ninguna noticia lo mencionaba antes de la salida, era un desconocido entre los 10.500 participantes. Su compromiso era mantener un ritmo señalado hasta la mitad de la prueba para terminar extenuado contra las barandas. Pero alguien insinuó que lo dejaran llegar hasta el final y el keniano decidió llegar de primero y marcar el mejor tiempo en la historia de esa carrera. El organizador de la prueba nunca se arrepintió de haberle dado unos billetes de más para lavar su ropa el día anterior a la salida.

En 2024, con 29 años, Sawe enfrentó por primera vez los 42,195 kilómetros en Valencia, España, y marcó el segundo mejor registro de la historia para un debutante en la maratón. El primer tiempo para un primerizo lo dejó su compatriota Kelvin Kiptum, en 2022, en Chicago. La diferencia entre esos debutantes es de apenas doce segundos. El domingo pasado, en la meta, Sawe mencionó a Kiptum, dijo que había sido una gran inspiración al demostrar que no había que esperar, como decían las progresiones de las máquinas, años para bajar de los 120 minutos. Nunca sabremos si la tragedia de Kiptum, quien murió en diciembre del 2024 en un accidente automovilístico, tuvo algo que ver en la corona de laurel de Sawe en Londres. Nunca compitieron juntos pero el joven Kiptum, murió con 24 años, era el favorito para bajar del listón de las dos horas. En octubre de 2023, en Chicago, estuvo a solo 35 segundos de lograr la hazaña. Un poco más de un año más tarde le entregaría la posta a Sawe al morir en las carreteras de Kenia. Kiptum se fue sin haber sido derrotados en sus tres maratones y Sawe ha ganado las cuatro disputadas.

Hace unos días, como en una premonición burlona, un robot chino batió el récor para los cables y el metal en la media maratón. La refrigeración fue la clave. Levantó los muñones al cruzar la meta en algo más de 57 minutos. Los humanos que corrían a su lado, separados por vallas, le tomaban fotos en medio de risas. El récord de Sawe también tiene las máquinas detrás: los tenis y los geles alimenticios e hidratantes marcan las diferencias ¿Cómo se escoden los cordones y salta el carbono en la suela? ¿Cómo se absorben los carbohidratos y las sales en el intestino y el estómago? Ahí estuvieron las claves para que los músculos, los esqueletos, los pulmones y la cabeza de los hombres del Valle del Rift hayan rotó las marcas humanas.

 

 

 

miércoles, 22 de abril de 2026

Campus de batalla

 

Proceso constituyente en la Universidad Nacional: ¿qué cambios se proponen  y por qué generan controversia?

 

Exigimos la renuncia de la rectora de @EAFIT !!!! @eskole RENUNCIE!

Hace dos años el presidente Petro puso a las universidades públicas como punta de lanza de su idea constituyente. En un evento en la Universidad de Córdoba señaló el primer escenario de lucha: “habría que recorrer todas las universidades públicas del país para que se constituyan las asambleas constituyentes estudiantiles y profesorales”. La idea de una reforma a la Constitución del 91 ya es historia para este gobierno, pero las constituyentes universitarias han ido rodando en medio de los choques del gobierno con gobernadores y estamentos universitarios que no controla.  

En la Nacional, donde se intentó imponer un rector por fuera de las reglas vigentes, ya fue elegida una Mesa Constituyente Universitaria con 238 delegados. No se sabe muy bien su papel, legitimidad y alcance. Se habla de democratización pero en la elección de los delegados solo participaron el 6.6% de los estudiantes. En las universidades públicas donde el gobierno ha nombrado rector luego de intervenciones, Antioquia y Atlántico, también avanzan las constituyentes. El temor es que lo que se propone como un ejercicio de autonomía termine en subordinación al gobierno que dirige el proceso, y que la prometida democratización acabe en una hegemonía partidista.

El crecimiento en la oferta de cupos universitarios ha sido una de las banderas del presidente y el voto de los jóvenes uno de sus principales objetivos. Para el gobierno no se trata solo del manejo del poder burocrático en las universidades públicas –donde clanes políticos regionales han tenido poder histórico–, sino de una plataforma ideológica y electoral poderosa, además de una especie de punto de honor político. El presidente tiene claro el papel de los jóvenes en su elección. Los estudios más serios al respecto muestran que el 64.5% de los jóvenes entre 18 y 25 votaron por Petro en la segunda vuelta. Entre 2018 y 2022, Petro sumó más de 600.000 nuevos votos de jóvenes de ese mismo rango de edad. La universidad es el principal foro político juvenil y desde ahí vienen los liderazgos en calles y redes.

La derecha también lo sabe y al parecer ha comenzado a ver la universidad privada como la contra necesaria frente al creciente control del gobierno en las públicas. Ya conocieron los métodos de Charlie Kirk en Estados Unidos y parecen dispuestos a replicarlos en Colombia. Los discursos de Kirk –asesinado en septiembre del año pasado en la Universidad de Utah– hablaban siempre de una lucha cultural en las universidades, de un sesgo de izquierda, de un desprecio a las ideas libertarias. La de Kirk fue la historia de un joven sin título universitario que desafió al estamento académico y obtuvo una creciente relevancia política. “No te dejes intoxicar por las universidades, pelea por tus ideas y actúa”, podría ser uno de sus lemas. Noticias falsas, insultos raciales, odio y listas de profesores supuestamente adoctrinadores eran sus métodos.

En Medellín ya hemos visto la intimidación de políticos del Centro Democrático contra profesores y directivos en la Universidad Eafit. La presencia de Sandra Ramírez, desmovilizada y congresista durante 8 años, alentó a la ultra derecha a “recuperar” la universidad. Algunos donantes pusieron sus cheques en vilo y ya comenzaron en redes las listas de profesores “izquierdistas”. Buscan imponer un purismo ideológico. Quieren que la universidad sea su centro de pensamiento partidista. No conciben que quienes tienen ideas políticas distintas pueden participar en la vida universitaria. Y lo más triste es que las directivas han admitido la intimidación, han obedecido, no han tenido el valor para afrontar con ideas a los agitadores ultras.

Así están las universidades, con crisis económicas y de relevancia social, y con sus campus cada vez más dedicados a la agitación partidista.

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Nostalgia guerrillera

 

Petro y la bandera del M-19 | EL ESPECTADOR


El presidente Petro ha entrado en una fase de exaltación marcada por el ocaso de su presidencia, el alza en su favorabilidad y la adrenalina de campaña que es una de sus grandes debilidades. Los desafíos e insultos a funcionarios que se oponen a sus designios, la descalificación cada vez más agresiva a sus subalternos, las amenazas a la autonomía de alcaldes y gobernadores y el paso de los simbolismos para llamar al poder popular a las órdenes cada vez más marciales a sus seguidores demuestran un cierto desequilibrio emocional y un riesgo democrático.

Toda esa cólera renovada tiene el marco de una nostalgia guerrillera que ha comenzado a ser cada vez más patente. Siempre percibí a Petro como un político orgulloso de su regreso a la democracia, del acuerdo firmado por el M-19 que marcó un impulso más a la Constitución del 91. Pero la nostalgia del monte, del impulso revolucionario armado, de la lealtad de los combatientes ha comenzado a ser cada vez más visible. Su discurso ha pasado del pacto democrático al pacto de sangre.

En marzo del año pasado habló de su marca indeleble: “Los que fuimos del M-19 no aprendimos a hablar carreta. Fuimos oficiales de Bolívar y ese es un juramento que se lleva hasta el final, como una marca…”, le hablaba desde la Plaza de Bolívar al Congreso que había negado la reforma laboral. Cuando creíamos que la izquierda democrática y el Pacto Histórico tenían presidente, Petro salió con una novedad: “…al final dejamos las armas porque se nos dio la gana, nunca nos derrotaron y de ahí surgió un proceso civil de cambio del país, que dejó la nueva Constitución de Colombia, derogamos una de un siglo y ahora el M-19 tiene presidente”. También ha dicho que su vida en la guerrilla fue “mágica e histórica” y que allí lo protegían “los afectos y los amores”. En enero de este año en un evento sobre sustitución de cultivos dejó ver a su jaguar interior: “Yo sé cómo irme por las montañas... he ganado un tiempo para Colombia, no para mí”. Y luego de la operación que sacó a Maduro de Venezuela vino el delirante llamado a su pueblo: “Confío en el soldado que sabe que es hijo de Bolívar y su bandera tricolor. Así que sepa que se enfrenta a un comandante del pueblo. Colombia libre por siempre. Oficiales de Bolívar: rompan filas y a paso de vencedores”. Ahí ya no era claro si estábamos frente a la película del Almirante Padilla.

Todo comenzó con su arrebato con la bandera de la guerra a muerte. Para el presidente era una simple disyuntiva entre libertad y muerte. Ese día, enguantado, dijo: “El pueblo está listo para el sacrificio por su libertad frente a las instituciones”. El presidente llamando a sus seguidores al sacrificio frente a decisiones institucionales que considera ilegítimas. El lunes de esta semana fue un poco más allá en uno de sus mensajes en X. Su arrebato húngaro tuvo un momento revelador y preocupante. En medio de sus distinciones entre revolucionarios y rebeldes, después de decir que Colombia ha iniciado una revolución, el presidente escribió: “La espada libertaria es nuestra unidad y somos mayoría y ejército del pueblo.”

Ese “ejército del pueblo” trae dolorosos recuerdos. Pero además de esa referencia, tal vez involuntaria, a las Farc, decir que sus mayorías, que están por verse, son un ejército es una amenaza. Es obligatorio pensar en los “colectivos chavistas” y en Maduro y su muy pregonada “fusión perfecta” entre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la policía y el pueblo organizado. Luego de perder las elecciones Maduro habló de la “Máxima unión y movilización popular, militar, policial perfecta”.

Preocupante que al final de su más importante ejercicio democrático, el presidente de Colombia haga tantos alardes de su vida armada, tan reiterados reclamos marciales y tan repetidos cantos a un ejército de copartidarios. Petro se ha vuelto un pacifista muy guerrero.