miércoles, 1 de diciembre de 2021

Las marrullas del refranero







La Contraloría General de la República tiene este año un presupuesto superior a un billón de pesos. Tal vez haya sido la institución pública con mejor suerte en las asignaciones de recursos en tiempos de austeridad pandémica. El aumento para el ejercicio del control fiscal en 2021 llegó al 30% y la mayoría se usa para gastos de funcionamiento. Corbatas a la medida, escritorios según cálculos electorales, salarios siguiendo la afinidad. Desde que llegó Carlos Felipe Córdoba la nómina no ha parado de crecer. Según un estudio de La Silla Vacía, ‘Pipe’ ha nombrado a más de tres mil funcionarios durante su reinado que inició en 2018. Además de ser un delicioso escampadero para políticos de todos los colores, la Contraloría es una guillotina implacable para decapitar rivales. Es el instrumento soñado para la angurria burocrática y la ambición electoral: acomodos millonarios para los amigos y venganzas a la mano para los rivales políticos.

Carlos Felipe Córdoba resultó perfecto para el cargo. Tiene la desbordante simpatía del culebrero, la habilidad de camuflaje del lagarto joven, el soporte familiar de un cacique y la obediencia del ambicioso sin demasiados afanes. Eso hizo posible que fuera miembro de las juventudes uribistas, amigo y ahijado de Vargas Lleras, hombre de campaña de Óscar Iván Zuluaga, preferido de los conservadores por recomendación de su suegro, alfil de los liberales por simpatías regionales y ecuaciones burocráticas con César Gaviria. No es raro entonces que haya sido elegido con 205 votos en el Congreso y con la bendición diligente del presidente Duque. En su discurso luego de celebración agradeció a Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y César Gaviria.

‘Pipe’ se ha convertido en casi el director de una multipartidista bancada en el Congreso. Sus nombramientos han dado gusto a sus variopintos apoyos y es el hombre que mueve hilos claves en el capitolio. Sin esa maquinaria hubiera sido imposible que el Congreso le aprobara en 2019 una reforma constitucional que le entregó poderes desorbitados y le aseguró un crecimiento presupuestal durante tres años consecutivos ¿Una reforma constitucional con parágrafo para plata fija? Sí, con ‘Pipe’ todo es posible. Entre las peligrosas atribuciones que dejó esa reforma está la posibilidad de exigir la suspensión de los funcionarios mientras avanza en las investigaciones. Para eso es necesario confiar en su “verdad sabida y buena fe guardada”. Sus investigaciones sirven además como prueba en procesos disciplinarios y penales. Su control es prevalente, preventivo, en tiempo real, concomitante… Solo faltó incluir omnipotente.

¿Cómo entender que políticos y gobiernos de manera casi silenciosa hayan aprobado entregar más plata y más herramientas de investigación y castigo a una entidad encargada de fiscalizar y sancionar sus poderes? La respuesta es simple: el contralor no es un investigador ni un vigilante de los recursos públicos sino un instigador contra algunos y un amable y servicial mayordomo de mayorías y castas políticas. Un refranero de ocasión para la política de baranda. Lo mejor de todo es que Córdoba da resultados en el corto plazo, entrega vales y sentencias en meses y los posibles desmentidos se demoran años.

La Contraloría General hace pensar que la lucha contra la corrupción puede resultar peor que la corrupción. La política tradicional entrega vítores, poder y plata a un funcionario encargado del castigo a los corruptos. Un contrasentido. No hay duda de que ese lagarto se muerde la cola.


miércoles, 24 de noviembre de 2021

Policía sanitaria

 



 

Los campos de cuarentena en China parecen una inmensa colección de baños públicos dispuestos para un evento multitudinario. Cubículos de 18 metros cuadrados se enfilan en un orden recién dispuesto. En marzo de este año sorprendieron las imágenes del campo en Xishuangbanna en la provincia de Yunnan. Más de cuatro mil celdas de plástico donde los confinados sacaban la cabeza por una ventanilla en medio de la puerta. La mayoría de ellos fueron conducidos por la policía por un supuesto contacto con alguien contagiado con Covid. Por el paso de tres semanas en la prisión sanitaria deben pagar 330 yuanes (46 dólares) diarios. Los traslados se dan en medio de largas filas de buses con “capturados” que no saben muy bien a dónde los llevan. Cosas del Partido Comunista Chino y su afición por los grandes corrales.

Pero el terror Covid ha terminado por igualar a países que parecía imposible incluso comparar. Australia acaba de disponer de un campo obligatorio de cuarentena para quienes hayan tenido contacto estrecho con un contagiado. Hasta hace poco el campo, cerca de la ciudad de Darwin en el norte del país, era solo para viajeros recién llegados del exterior. Pero un reciente documento oficial deja claras las nuevas condiciones: “Cualquiera que haya tenido contacto cercano con un caso confirmado de COVID-19 puede ser enviado a cuarentena en su hogar, en una dirección alternativa o en un alojamiento arreglado por el gobierno.”

Australia y China se diferencian ahora por el tamaño de sus celdas sanitarias. El Centro de Resiliencia Nacional tiene mejores instalaciones y un cuadernillo de 39 páginas de reglas. El personal de salud entra de manera sorpresiva a tomar temperatura y soldados y policías patrullan gritando que todo el mundo debe usar mascarilla. Una detenida dijo hace poco que la temporada de catorce días tuvo algo de campamento de carretera, cárcel y hospital. En mayo de este año fue famosa la escena en la que una mujer de 39 años tira su morral por encima de la valla del antiguo campamento de trabajadores y trepa para salir caminando. La fuga le costó una multa de cuatro mil dólares.

La fiebre ha comenzado a extenderse por Europa con el aplauso de las mayorías y las demostraciones de temple de los gobiernos. La política marca las decisiones de cuidado y los gobernantes aprovechan para trazar una línea entre los apestados (los no vacunados) y los sanos y responsables. Segregar minorías peligrosas siempre será una política para el aplauso. Austria no construye campamentos pero decreta casa por cárcel para quienes no se han vacunado. Italia ha prohibido el ingreso a los lugares de trabajo a quienes no tienen vacuna. Recuerda en algo a nuestros lazaretos en el siglo XIX cuando los leprosos perdían el derecho a votar y a heredar. ¿Aparecerán también los Secretarios de Lucha Anti Leprosa que recibían recompensas por señalar a posibles enfermos? ¿Bonos del Estado por marcar las casas de los no vacunados? En Italia más de 80% de la gente tiene esquema completo y para muchos científicos la evidencia médica no respalda la restricción.

La sensatez no se ha perdido del todo. En Estados Unidos una Corte de Apelaciones en New Orleans tumbó la exigencia de vacunación para trabajadores de empresas con más cien empleados. La Corte habló de los “graves problemas constitucionales” de la exigencia. En Inglaterra, el Imperial College ha dicho que sería más útil una focalización de vacunación y refuerzo a las personas con mayor riesgo que la exigencia general de un pase sanitario. El ministro Ruiz ha comenzado a admirar a Austria. Una advertencia velada para lo que viene. No solo se trata de cumplir metas a toda costa, sino de cumplirlas con la policía a bordo. Las batas blancas han comenzado a ser insuficientes para la propaganda.

 

 

 

 

 

 

 

 


miércoles, 10 de noviembre de 2021

Rayarlo todo

 




Un gol no puede taparlo todo. No puede evitar daños ni cubrir dolores. Los goles son un instante para el olvido, un manto a medias en forma de grito compartido, una mentira contra las tristezas y la vida sin compasión. Pero los goles han servido muchas veces como estribillo de causas más allá de los colores que arremeten contra el arco contrario. Las banderas políticas ondearon en los estadios menores de las primeras décadas del siglo XX. Los obreros entregaban los suyo en la cancha que muchas veces fue el terreno de las compensaciones. Entre esos clubes con una larga historia política está el Rayo Vallecano, reciente hijo adoptivo de Colombia.

La historia empieza en la casa de Prudencia Priego en el municipio de Vallecas cerca a Madrid. Su domicilio aparece en el acta de fundación de la Agrupación Deportiva el Rayo. Doña Prudencia era la encargada de lavar los uniformes y guardar los maletines de los jugadores, si así se les puede llamar a esos primeros entusiastas. En 1932 el equipo ganó el título en el campeonato de la Federación Obrera de Fútbol y en el 39, con el triunfo del fascismo, ya servía como campo de concentración. Según el libro Fútbol y anarquismo, escrito por Miguel Fernández Uribía, allá “guardaban” a los derrotados, algunos de ellos asesinados después por los falangistas. Paradójicamente su primer presidente, hijo mayor de doña Prudencia, era guardia civil del ejército. En América los equipos obreros y anarquistas se formaron sobretodo en México, Chile y Argentina. La casa natal de Maradona, Argentinos Juniors, se llamó al comienzo Mártires de Chicago en honor a los trabajadores anarquistas ahorcados en esa ciudad en 1887. Un buen grito para el 10.

En el 76, cuando Vallecas ya era un barrio de Madrid, el Rayito llegó a la primera. Un punto contra el Getafe en la última fecha cerró la hazaña. Falcao acertó desde el comienzo con el número 3 sobre su lomo delantero de 300 goles en Europa. El número de su papá, de Radamel Falcao King, es emblema de obrero en la defensa. Trocar el 9 por el 3 es de algún modo calzarse el overol. Y aunque trabaja a media jornada en cada fecha marca un gol cada 66 minutos.

Los Bukaneros, la barra dura, referente del Club desde 1992, chifló con toda durante la presentación de Falcao al presidente Raúl Martín Presa, cercano a políticos del derechista partido VOX: “Rada sí, Presa no”, fue el primer coro que oyó El Tigre. Los Bukaneros se proclaman muy bien en su estrofa más repetida donde hablan de la ‘República de Vallekas’: “Somos los hinchas más anarquistas / loss más borrachos, los más antifascistas. / Nuestro Rayito revolucionario, / todos los fachas, fuera de mi barrio”.

Parece difícil encontrar algún alboroto local que pueda alinear a Falcao y su historia con esos ímpetus de la tribuna y el espíritu de su nuevo equipo. Pero siempre aparece un juego olvidado. Y esta vez coincide en el tiempo con la fundación del Rayo.  El departamento del Magdalena fue campeón de fútbol en los primeros juegos nacionales que se disputaron en Cali. El Liceo Celedón y el Club Mamatoco aportaron los jugadores del Magdalena que ganó 2-0 la final contra Barranquilla en enero de 1929. La masacre de las Bananeras era una noticia reciente. A volver a su departamento, a comienzos de febrero, los jugadores pidieron la libertad para los trabajadores sindicalizados que estaban detenidos en Ciénaga. Las autoridades locales accedieron a la demanda y salieron los obreros afiliados al sindicato Sociedad Unión. Fue el trofeo del momento. Apenas para honrar la camisa del ciclón bananero y su número 3 para todas las defensas.

 

 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Un gueto inmune

 




Las universidades públicas saben algo que todos ignoramos. Deberían compartir el conocimiento que el país entero desconoce y salvarnos de esta irresponsabilidad que nos tira a las calles, a los estadios, a los buses, a los bares y a las oficinas. Es injusto que nos nieguen la sabiduría de la prudencia que practican desde hace dos años y que ha librado a los bachilleres que se graduaron desde diciembre de 2019 en adelante de conocer a sus compañeros en los campus. Porque afuera ya se han arriesgado a ser novios y a morder el borrador del mismo lápiz. Las universidades salvan hoy en día al país del contagio que podría producirse en sus sedes. Son focos de sanidad en medio de una ciudadanía temeraria.

Pero se empeñan en cerrar sus puertas y sus secretos. No muchos de sus directivos están dispuestos a dar declaraciones sobre el tema, los decanos solo se atreven por video llamada con tapabocas y los profesores están ventilando sus gracias en la calle y sus clases desde la casa. Hace poco la directora de bienestar universitario de la Universidad de Antioquia me dijo que ellos atienden al pie de la letra las recomendaciones de un comité de expertos. En mi ignorancia supina sentí un alivio al saber que la ciencia no dicta las decisiones para todos los sectores en el país. Nos ha salvado la superstición y el atrevimiento. Le pregunté a la directora de “bienestar” por la protección que entregaban las vacunas a los profesores y me dijo que no era suficiente porque los alumnos son la población menos vacunada. Le hablé de la seroprevalencia, la protección natural que hemos adquirido por contagio, y me dijo que no hay datos suficientes. El reciente estudio del INS entregó un dato concreto, el 89% de los colombianos ya ha tenido contacto con el virus. Me respondió que ese estudio es parcial y no se ha hecho uno robusto en el país. La Universidad de Antioquia solo cree en los datos que no existen.

Lo que de verdad sería responsable es que la gran mayoría de las universidades públicas, reacias a volver a la presencialidad, dejen claro que las clases se han convertido en algo prescindible. Que expliquen el nuevo modelo de estudios, de posibilidades mixtas para los alumnos en las regiones, de acuerdos previos entre estudiantes y profesores para sus cursos en clase o en pantalla ¿Hay un nuevo modelo? ¿La pandemia mostró nuevas opciones para todos? Pero es imposible seguir amparando el cierre con la disculpa sabia de su responsabilidad. “La prudencia que hace verdaderos necios”, es el grafiti para los muros de las universidades cerradas

No es creíble que el 90% de los colegios en Antioquia estén en clase y las universidades públicas, con mejores infraestructura, sigan vendiendo el humo de la bioseguridad. Nunca había sido tan claro que la ciencia exacta que buscan, el cero riesgo, el cero Covid, puede ser la más dañina superstición. Octubre pasado fue el mes con menos muertes por Covid en Colombia desde mayo de 2020, cuando la pandemia apenas empezaba. Pero eso son datos preliminares, sentido común de los legos, ellos tienen otras cifras. En realidad tienen sobre todo otras maneras de tomar decisiones, mas burocráticas y más lentas.

Hace diez años el director del Sena, Darío Montoya, dijo al dejar su cargo: “Hay que desbaratar el salón de clases. Eso tenía vigencia hace 20 o 30 años, cuando para poder aprender uno tenía que tomar notas en un cuadernito.” Llovieron críticas desde las universidades, hoy parecen abrazar esa teoría pero sin admitirlo, con el tapabocas como máscara.

Me quedó sonando algo que dijo el personaje de la última obra del Águila Descalza, Coronavirus, una obra viral: “¿Por qué no han abierto la Universidad de Antioquia? Porque ya no es necesaria. No sea que el chiste se vuelva realidad.




miércoles, 27 de octubre de 2021

Hombres de armas dejar

 






Había pasado tres años en la guerra. Era un joven combatiente del EPL en Urabá. Llegaba con su hermano desde el corregimiento de Pueblo Nuevo, en Necoclí, para pelear contra quién sabe quién en ese nudo de grupos enfusilados y venganzas que era la región en los años noventa. Se abría una puerta para la desmovilización pero muchos de los jóvenes con menos formación política sintieron que eso no era más que una forma de perder el respeto ganado a plomo. Tampoco era que el ambiente fuera muy propicio. En ese mismo 1990, a comienzos del año, más de sesenta hombres llegados desde Valencia, Córdoba, habían secuestrado a 43 campesinos en el corregimiento de Pueblo Bello, en Turbo. Los llevaron a la hacienda Santa Mónica, los presentaron frente a Fidel Castaño y luego lo asesinaron y desaparecieron en una orilla del río Sinú. La masacre fue cometida por Los Tangueros guiados por el ejército luego del robo de unas reses. En su momento se dijo que fue un muerto por cada vaca robada.

Aparecieron entonces las disidencias de ese proceso con el EPL guiadas por Francisco Caraballo, comandante que solo veía la guerra como una opción posible y respetable. Hombre de purgas y sangre fría. Los hermanos Úsuga y sus amigos se fueron inclinando por un ejercicio más pragmático de la violencia. Menos discurso y más plata, podría ser la consigna. De modo que no duraron mucho con Caraballo. De ahí salieron cuatro de los hombres claves que las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Dairo de Jesús Úsuga, Juan de Dios Úsuga, Roberto Vargas, alias Marcos Gavilán y Francisco José Morelo, alias Negro Sarley. La matazón los llevó al resguardo de las Farc para sobrevivir. Hacían mandados y en su tiempo libre trabajaban por cuenta propia. En medio de la maraña de masacres, combates, ajustes de cuentas, alianzas y traiciones cayeron en desgracia con la gente del Quinto Frente de las Farc y les tocó buscar un nuevo refugio. Ahora la casa Castaño les abría las puertas bajo una nueva franquicia. Llegó una nueva desmovilización en 1996 y entraron en periodo de prueba en la Casa Castaño, fueron ganando confianza y estaban listos para un nuevo encargo.

A estas alturas ya tenían historias de guerra en bandos contrarios, conocían los azares de las negociaciones, habían mostrado obediencia frente a cualquier brazalete. De nuevo servían como apoyo para operaciones de las AUC en el Bajo Cauca Antioqueño y en otras zonas del departamento. Son el ejemplo perfecto para el libro Guerras Recicladas de María Teresa Ronderos publicado hace siete años. Probando finura llegaron al Bloque Centauros en los Llanos. Allá los envió Vicente Castaño para que apoyaran los esfuerzos de Daniel Rendón Herrera, Don Mario, y Henry López Londoño, Mi Sangre. Y luego volvieron a desmovilizarse con algo de desgano. Muy pronto estaban en de nuevo en armas por orden de Vicente Castaño y al mando de Don Mario. El asesinato de Vicente Castaño les dictó el nombre y se hicieron llamar Héroes de Castaño en honor al Profe Vicente. Era el año 2007 y la OEA, encargada de la vigilancia al proceso de las AUC, hablaba de una estructura que operaba de civil, con armas cortas y estaba formada sobre todo por desmovilizados de los Bloques Bananeros y Élmer Cárdenas: “Se estima que puede tener hasta 50 hombres.”, decía la OEA en ese momento cuando comenzaba a hablarse de Los Urabeños. En 2010 el ejército describía una organización de al menos 200 hombres con presencia en el Magdalena Medio, Cesar, Santander y en contacto con combos en algunas capitales. En 2012 habían multiplicado por diez sus hombres. Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia estaban en plena expansión y tenían un nuevo jefe. Daniel Rendón Herrera había caído en abril de 2009 en Turbo y el patrón era alias Otoniel.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Necohaití

 

 




Necoclí es un pequeño embudo para los miles de migrantes que viajan desde el sur del continente hasta la frontera entre México y Estados Unidos. Un cruce que se hace angosto y peligroso como lo indica la misma geografía en el tapón del Darién. Panamá se ha convertido en el filtro de un éxodo que empuja a cientos de miles de personas a un viaje de al menos tres o cuatro meses por todo el continente. Su gobierno decidió que solo seiscientos migrantes pueden cruzar diariamente desde Colombia, y Necoclí es ahora el estanque de espera para ese flujo incesante de hombres, mujeres y niños que hacen la apuesta de su vida por una promesa que apenas imaginan. Hasta el mes de septiembre de 2021 Colombia registra 81.472 “detecciones” de migrantes en tránsito por el país. Casi el 70% son haitianos que vienen desde el sur, sobre todo desde Chile y Brasil donde la política y la economía los han ido expulsando. No es exagerado decir que es la más grande “excursión” que ha cruzado Colombia en su historia de puerto y tránsito. Hace cinco años fue el último gran éxodo, principalmente de cubanos, cuando 35.000 personas cruzaron hacia el Norte.

Necoclí es hoy un mercado para atender peregrinos. Más de la mitad de su playa en el casco urbano está ocupada con carpas de haitianos que esperan conseguir un tiquete con una de las dos empresas autorizadas para hacer el cruce hasta Acandí. Botas, creolina para espantar culebras, fogones portátiles, carpas, machetes y linternas se ofrecen en mercados improvisados. Champeta, vallenato y las conversaciones y discusiones en francés y creole aturden al pueblo que celebra la bonanza y, en muchos casos, el abuso a los viajantes: alquileres a siete dólares en una pieza para 10 personas, 20% de los giros que les llegan como remesa familiar por solo prestar una cuenta bancaria.

Las empresas que los llevan hasta Acandí facturan 3.200 millones de pesos mensuales. Se factura mientras los haitianos maldicen los precios, el tiempo de espera –hasta un mes y medio– y el desamparo bajo sus cobijas cuatro tigres. El Estado colombiano no ha entregado más que el agua que llega desde Turbo y una lista de migrantes que les entregan las empresas transportadoras. Los que no aguantan la espera buscan el cruce por debajo de cuerda que puede terminar en naufragio como pasó la semana anterior cerca a Capurganá: tres mujeres muertas y seis personas desaparecidas entre ellas tres menores.

En Acandí los reciben cientos de motos y coches de caballo para llevarlos a un campamento tres horas selva adentro. Los fumigan al bajarse de la lancha y comienza la negociación para el viaje. Son los privados, con anillos resplandecientes y motos nuevas, quienes se encargan de guiar la ruta, hospedarlos, alimentarlos. El Estado solo pone a dos policías en el muelle que sirven de constancia mientras comen mango. Miembros de los Consejos Comunitarios Afro se pelean el tránsito. Unos ponen manillas a los viajeros y hablan de turismo mientras los otros aprovechan su ruta más plana y su campamento. Hablan y negocian como repúblicas independientes.

Para quienes cruzan, Necoclí es solo una carpa en la playa y una taquilla para conseguir un tiquete. El tedio y el hambre les hacen pensar que la Fiesta del Bullerengue es una nueva estrategia para explotarlos. Tendrán que bailar y beber.

Son boyas que chocan contra una frontera. Un poema de Tomas Tranströmer descrine algo de ese ruido incesante: “O como alguien que golpease la pared, alguien que pertenece al otro mundo pero que permanece aquí, golpea, quiere regresar ¡Demasiado tarde! No tuvo tiempo de llegar abajo, no tuvo tiempo de llegar arriba, no tuvo tiempo de llegar a bordo…”

 



jueves, 14 de octubre de 2021

Prolongar el dolor

 



En marzo de 2018, durante la campaña presidencial, Iván Duque respondió de manera categórica a una pregunta sobre la posibilidad de acudir a un procedimiento de muerte asistida. “¿Si tuviera una enfermedad terminal pediría la Eutanasia?” El NO fue muy rápido, era un interrogante sencillo para el entonces senador, definido por la posición de su partido, sus aliados políticos (entre ellos agrupaciones religiosas) y su convicción personal. Lo siguiente fue una explicación para cubrir las consecuencias de que el jefe del ejecutivo estuviera en contra de un derecho concedido por la Corte Constitucional. "Pienso que es Dios quien decide sobre la vida y entre otras razones porque tuve la experiencia personal con mi papá", dijo el candidato. Y contó la historia del tratamiento a su padre en una condición crítica, cuando los doctores le preguntaron si quería firmar un documento para autorizar que no se realizara una reanimación, ya se habían hecho tres, en caso de que se llegara de nuevo a esa urgencia. “Lo pensé tanto, hasta que finalmente dije No". Luego de eso su papá tuvo dos semanas de lucidez antes de morir: “Allí pudimos aprovecharlo, disfrutarlo y después ya se dio su desenlace trágico. Pero no me hubiera sentido bien como ser humano sin esas dos semanas”.

Los políticos suelen pensar que lo que es aceptable para ellos debe ser obligatorio para los demás. En julio de este año el Ministerio de Salud expidió una resolución donde dejó claras las condiciones para adelantar un procedimiento de eutanasia en el país: presencia de una enfermedad terminal, sufrimiento asociado a esa enfermedad, consentimiento informado, capacidad mental del paciente, inexistencia de alternativas razonables de tratamiento. Que un comité certifique la existencia de esas condiciones (con los elementos subjetivos que pueden surgir en el análisis) no es nada fácil. Por eso no se han hecho más de 160 procedimientos desde 1997 cuando se dio el primer fallo de la Corte Constitucional sobre el tema.

Un reciente fallo de la Corte amplió el derecho para acceder a una muerte digna. El tribunal constitucional consideró que existían barreras “irrazonables y desproporcionadas” por la falta de una regulación legal sobre el derecho. Se decidió entonces retirar la condición de existencia de una “enfermedad en fase terminal” para acceder a la eutanasia, esa exigencia “termina por agravar, de facto, las citadas barreras”, dijo la Corte.

Basado en esa decisión un comité técnico aprobó el procedimiento de eutanasia a Martha Liria Sepúlveda que debía realizarse el pasado 10 de octubre. En su concepto se cumplían las nuevas condiciones descritas por la Corte en el comunicado que anunció el sentido del fallo. La IPS Incodol, que ha realizado casi una tercera parte de los procedimientos de eutanasia en el país, tenía todo dispuesto para la mañana del 10 de octubre. Llevan 10 años en procesos de cuidados paliativos y muerte digna.

Pero apareció el ministerio y sus recatos políticos. Al parecer no les gustó el reportaje donde Martha decía públicamente que había tomado una decisión y que no estaba dispuesta a continuar una vida con el sufrimiento que causa la Esclerosis Lateral Amiotrófica. Al ministerio le pareció que la señora estaba muy sonriente para tener un intenso sufrimiento psíquico y que gozaba de su comida favorita más de la cuenta. Con el poder de sanción sobre las IPS presionaron de manera directa a Incodol y exigieron un nuevo comité que con la guillotina del castigo cambió el concepto inicial. La política se impuso sobre el fallo de la Corte Constitucional y los conceptos médicos que avalaron la eutanasia. El chantaje contra derechos.