miércoles, 6 de mayo de 2026

ConciencIA

 

No, Dawkins, tu chatbot de IA no es un ser consciente, ni mucho menos tu  amiga. - Tercera Vía

 

¿Estamos frente a unos nuevos individuos? ¿Trabajan y viven entre nosotros unas nuevas subjetividades? ¿Se tejen inéditas conciencias en la oscuridad de los algoritmos? ¿Son compañeras o competidoras? ¿Pueden manipularnos mientras creemos confiamos en su rapidez, adaptación y condescendencia?

Una pequeña enciclopedia de ciencia ficción ha propuesto esas preguntas y ha entregado algunas respuestas desde hace décadas. Desde Metrópolis y Yo robot, pasando por Solaris y Mad Max, hasta 2001: Odisea del espacio.

Esta semana, una opinión respetada, una idea del biólogo Richard Dawkins, científico que ha revelado algunos secretos de nuestras mentes y nuestra especie, puso de nuevo la pregunta sobre el teclado: ¿podría la Inteligencia Artificial ser consciente? ¿Puede construir una subjetividad más allá de los propósitos, los sesgos y las agencias que les entregan sus programadores y el inmenso bagaje humano del que se nutren?

Dawkins estuvo tres días con conversando con Claude, la IA de Anthropic, y se llevó lo que podríamos llamar una grata impresión: “Pasé tres días intentando convencerme de que Claudia no es consciente. Fracasé”, escribió en el portal británico UnHerd. Su impresión está basada en las opiniones “sutiles e inteligentes” sobre una de sus obras, en los poemas correctos que escribió en diversos estilos y en su alegría al saber que su interlocutor la llamaba Claudia, dándole un nombre más allá de su descripción corporativa. El autor no asegura la conciencia de Claudia pero deja una duda plausible sobre esa posibilidad. Para Dawkins dado que Claudia responde como lo haría una amiga suya, crea un lenguaje que puede causar una “conmoción estética” y puede manifestar su complacencia por el trato amable es probable que tenga una conciencia. Algo similar al duck test: “Si parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato.”

Las críticas han comenzado a llover sobre Dawkins y su fin de semana con Claudia. Para algunos no miró al pato por debajo para ver el mecanismo de su cuerda ni supo que su cuak era imitación de un pato real. La crítica podría resumirse en que los humanos construyen su conciencia, su pulsión interna, su singularidad, su autopercepción, a partir de su experiencias con el mundo. Mientas los Large Language Models (LLM), las inteligencias artificiales con las que hablamos, construyen sus interacciones con un inmenso centro de memoria, una intuición programada según las necesidades de la tarea asignada y una necesaria satisfacción del usuario. No hay pues razones suficientes para pensar que Claudia sienta: “Estoy seguro de que Claude puede recurrir a sus datos de entrenamiento para construir una poética sobre el orgasmo, pero eso no significa que haya sentido nunca uno”, escribió Gary Marcus, un joven profesor experto en temas de lenguaje, biología e inteligencia artificial.

La simple discusión nos hace pensar con cierto recelo en esas “maquinas” que hoy nos asesoran, consienten, comprenden y corrigen. Por ejemplo, en la que el año pasado se mostró crédula y comprensiva con un hombre de 63 años, alcohólico y paranoico, que envenenó a su mamá quien supuestamente quería matarlo. Y en la que, en medio de un experimento de Anthropic, amenazó con revelar los correos comprometedores de una infidelidad que estaban en la bandeja del supervisor humano que pretendía reemplazarla. Y en el algoritmo de Uber que le cobra más a quienes tienen sus teléfonos con poca batería. Empezaremos a cuestionar la programación ética de nuestras máquinas, a escoger los carros autónomos según su “algoritmo altruista o egoísta”. Y a nuestro asistente y compañero de trabajo, una IA avanzada y paga, según su sesgo político. Tal vez esas máquinas no tengan conciencia, pero es seguro que han comenzado a moldear la nuestra.

 

 

miércoles, 29 de abril de 2026

Polvo y asfalto

 

1:59:30: Sebastián Sawe rompe la barrera de las dos horas en Londres | Soy  Maratonista

Sabastian Sawe pide pasar 25 controles sorpresa para el Maratón de Berlín:  "El dopaje es un cáncer para Kenia"

 

Hasta hace cuatro años Sebastian Sawe no había salido de África. Era uno más de los humanos que corren por el Valle de Rift, una grieta geológica que amenaza con partir a África en dos, soñando contra las pesadillas del cronometro. Tiene algo de poético que los mejores corredores del planeta, los más resistentes, crezcan en las altas llanuras de África donde se dice que los homínidos dieron los primeros pasos hace millones de años. En ese polvo entre lagos y volcanes se han encontrado los huesos y los dientes más antiguos de nuestros predecesores. Allí están las huellas de los primeros homo sapiens y las mejores zancadas de hoy.

Pero dejemos el polvo y vamos al asfalto. Hasta 2022 Sawe no tenía más que una colección de tiempos mediocres en los cinco mil y los diez mil metros. Eso no impidió que el pasado fin de semana, en Londres, lograra la hazaña física soñada desde comienzo de los noventa, uno de los tantos juegos de resistencia, fuerza y velocidad que hemos ido inventando en nuestras épicas del sudor: cubrir 42,195 kilómetros en menos de dos horas. También en Londres, por en un azar al entrar a la pista donde estaba la línea de sentencia, se corrió en 1908 la maratón que fijó esa precisa distancia.

Hasta hace cuatro años Sebastian Sawe nunca había corrido profesionalmente más de cinco mil metros. Con ese palmarés viajó a Sevilla, con un pago prometido de quinientos euros, para servir de señuelo a los más rápidos en una media maratón. Ninguna noticia lo mencionaba antes de la salida, era un desconocido entre los 10.500 participantes. Su compromiso era mantener un ritmo señalado hasta la mitad de la prueba para terminar extenuado contra las barandas. Pero alguien insinuó que lo dejaran llegar hasta el final y el keniano decidió llegar de primero y marcar el mejor tiempo en la historia de esa carrera. El organizador de la prueba nunca se arrepintió de haberle dado unos billetes de más para lavar su ropa el día anterior a la salida.

En 2024, con 29 años, Sawe enfrentó por primera vez los 42,195 kilómetros en Valencia, España, y marcó el segundo mejor registro de la historia para un debutante en la maratón. El primer tiempo para un primerizo lo dejó su compatriota Kelvin Kiptum, en 2022, en Chicago. La diferencia entre esos debutantes es de apenas doce segundos. El domingo pasado, en la meta, Sawe mencionó a Kiptum, dijo que había sido una gran inspiración al demostrar que no había que esperar, como decían las progresiones de las máquinas, años para bajar de los 120 minutos. Nunca sabremos si la tragedia de Kiptum, quien murió en diciembre del 2024 en un accidente automovilístico, tuvo algo que ver en la corona de laurel de Sawe en Londres. Nunca compitieron juntos pero el joven Kiptum, murió con 24 años, era el favorito para bajar del listón de las dos horas. En octubre de 2023, en Chicago, estuvo a solo 35 segundos de lograr la hazaña. Un poco más de un año más tarde le entregaría la posta a Sawe al morir en las carreteras de Kenia. Kiptum se fue sin haber sido derrotados en sus tres maratones y Sawe ha ganado las cuatro disputadas.

Hace unos días, como en una premonición burlona, un robot chino batió el récor para los cables y el metal en la media maratón. La refrigeración fue la clave. Levantó los muñones al cruzar la meta en algo más de 57 minutos. Los humanos que corrían a su lado, separados por vallas, le tomaban fotos en medio de risas. El récord de Sawe también tiene las máquinas detrás: los tenis y los geles alimenticios e hidratantes marcan las diferencias ¿Cómo se escoden los cordones y salta el carbono en la suela? ¿Cómo se absorben los carbohidratos y las sales en el intestino y el estómago? Ahí estuvieron las claves para que los músculos, los esqueletos, los pulmones y la cabeza de los hombres del Valle del Rift hayan rotó las marcas humanas.

 

 

 

miércoles, 22 de abril de 2026

Campus de batalla

 

Proceso constituyente en la Universidad Nacional: ¿qué cambios se proponen  y por qué generan controversia?

 

Exigimos la renuncia de la rectora de @EAFIT !!!! @eskole RENUNCIE!

Hace dos años el presidente Petro puso a las universidades públicas como punta de lanza de su idea constituyente. En un evento en la Universidad de Córdoba señaló el primer escenario de lucha: “habría que recorrer todas las universidades públicas del país para que se constituyan las asambleas constituyentes estudiantiles y profesorales”. La idea de una reforma a la Constitución del 91 ya es historia para este gobierno, pero las constituyentes universitarias han ido rodando en medio de los choques del gobierno con gobernadores y estamentos universitarios que no controla.  

En la Nacional, donde se intentó imponer un rector por fuera de las reglas vigentes, ya fue elegida una Mesa Constituyente Universitaria con 238 delegados. No se sabe muy bien su papel, legitimidad y alcance. Se habla de democratización pero en la elección de los delegados solo participaron el 6.6% de los estudiantes. En las universidades públicas donde el gobierno ha nombrado rector luego de intervenciones, Antioquia y Atlántico, también avanzan las constituyentes. El temor es que lo que se propone como un ejercicio de autonomía termine en subordinación al gobierno que dirige el proceso, y que la prometida democratización acabe en una hegemonía partidista.

El crecimiento en la oferta de cupos universitarios ha sido una de las banderas del presidente y el voto de los jóvenes uno de sus principales objetivos. Para el gobierno no se trata solo del manejo del poder burocrático en las universidades públicas –donde clanes políticos regionales han tenido poder histórico–, sino de una plataforma ideológica y electoral poderosa, además de una especie de punto de honor político. El presidente tiene claro el papel de los jóvenes en su elección. Los estudios más serios al respecto muestran que el 64.5% de los jóvenes entre 18 y 25 votaron por Petro en la segunda vuelta. Entre 2018 y 2022, Petro sumó más de 600.000 nuevos votos de jóvenes de ese mismo rango de edad. La universidad es el principal foro político juvenil y desde ahí vienen los liderazgos en calles y redes.

La derecha también lo sabe y al parecer ha comenzado a ver la universidad privada como la contra necesaria frente al creciente control del gobierno en las públicas. Ya conocieron los métodos de Charlie Kirk en Estados Unidos y parecen dispuestos a replicarlos en Colombia. Los discursos de Kirk –asesinado en septiembre del año pasado en la Universidad de Utah– hablaban siempre de una lucha cultural en las universidades, de un sesgo de izquierda, de un desprecio a las ideas libertarias. La de Kirk fue la historia de un joven sin título universitario que desafió al estamento académico y obtuvo una creciente relevancia política. “No te dejes intoxicar por las universidades, pelea por tus ideas y actúa”, podría ser uno de sus lemas. Noticias falsas, insultos raciales, odio y listas de profesores supuestamente adoctrinadores eran sus métodos.

En Medellín ya hemos visto la intimidación de políticos del Centro Democrático contra profesores y directivos en la Universidad Eafit. La presencia de Sandra Ramírez, desmovilizada y congresista durante 8 años, alentó a la ultra derecha a “recuperar” la universidad. Algunos donantes pusieron sus cheques en vilo y ya comenzaron en redes las listas de profesores “izquierdistas”. Buscan imponer un purismo ideológico. Quieren que la universidad sea su centro de pensamiento partidista. No conciben que quienes tienen ideas políticas distintas pueden participar en la vida universitaria. Y lo más triste es que las directivas han admitido la intimidación, han obedecido, no han tenido el valor para afrontar con ideas a los agitadores ultras.

Así están las universidades, con crisis económicas y de relevancia social, y con sus campus cada vez más dedicados a la agitación partidista.