miércoles, 18 de marzo de 2026

Geografía de la maldad

 

Las palabras que quedaron en la memoria y en la historia A la entrada de Puerto  Boyacá, una valla envejecida por el tiempo proclamaba con orgullo:  "Bienvenido a Puerto Boyacá, tierra de


Señalar a una región del país como el origen de la violencia de Estado y de la alianza entre política y paramilitarismo es una simplificación propia de un político en campaña. La historia del paramilitarismo en Colombia tiene múltiples tiempos y geografías, los crímenes de Estado se confunden con nuestra primera independencia y encuentran, tal vez, su punto más alto en la violencia partidista de mediados del siglo XX. La guerra sigue siendo el estribillo preferido de nuestra política. La derecha tiene el rechazo al acuerdo con las Farc, firmado hace 10 años, como bandera inamovible. La impunidad no es el motivo de su nostalgia de la guerra contra las Farc, es solo un despecho por su principal discurso. La izquierda tiene el señalamiento a la violencia paramilitar, luego de 20 años de Justicia y Paz, como el centro de su estrategia. No se trata de una defensa de la memoria nacional, es sobre todo un ejercicio de excitación electoral.

Pero cuando la muletilla del conflicto tiene además acusaciones regionales se acude a un peligroso juego divisorio. Se critican, con razones justificadas, los delirios regionales de Antioquia y la ridiculez del “Paisaporte”, y al mismo tiempo se juega a la exclusión regional. Construir una geografía de la maldad nacional es inútil, injusto y peligroso.

Estoy seguro de que Iván Cepeda conoce de sobra los orígenes complejos del paramilitarismo y la parapolítica en Colombia. Al igual que la amplia red nacional de la participación del Estado en violaciones masivas de Derechos Humanos.

Sabe por supuesto que desde los años sesenta los manuales militares tenían instrucciones para acompañar a los civiles en las operaciones contrainsurgentes. Los grupos de “defensa civil” tienen su origen en una ley de 1968 y documentos militares de finales de los setenta hablan de pautas de operación de “juntas de autodefensa” y “comités cívico militare”. Las Convivir son un desarrollo posterior en esa prehistoria del Estado criminal.

Y sabe también que el Magdalena Medio fue la cuna paramilitar y Puerto Boyacá lució muchos años la valla de “capital antisubversiva de Colombia” en sus afueras. Y que municipios como Chinacota, Puerto Triunfo, Cimitarra, Yacopí, Barrancabermeja, entre otros, fueron el comienzo de esa hoguera que incendió casi todo el país. Confluencia de grupos armados ya consolidados, cercanía de bases militares, llegada de narcos y esmeralderos a la zona y ser puntos de expansión guerrillera fueron, entre otros, los factores para que ese primer paramilitarismo se desarrollara. Cepeda conoce de sobra esa historia.

Y muy seguramente ha hablado en sus debates de la configuración de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. No sé si ha dicho que las Farc jugaron un papel importante en esa tragedia. El asesinato de cientos de desmovilizados del EPL por parte de las Farc, conoce sin duda la masacre de La Chinita, hizo que muchos Esperanzados crearan los Comandos Populares. Esos Comandos terminaron siendo claves en los ejércitos de Los Castaño. De ahí salieron los hermanos Úsuga David. Seguro ha oído hablar de ellos. Ese modelo de Urabá se exportó por buena parte del país y donde llegaron construyeron nexos con la política local.

También tiene claro el papel del MAS (Muerte a Secuestradores) en la financiación de esos brotes paras luego del secuestro de Martha Nieves Ochoa por parte del M 19. Esa franquicia del MAS se regó por todo el país, sirvió de parapeto como pasó después con Las Águilas Negras. Ahí estuvieron narcos de todas partes.

Iván Cepeda quiere señalar a Álvaro Uribe y señala a Antioquia como una mancha en el mapa de nuestra violencia generalizada. Un triste juego regional de barra brava para atizar odios. Es seguro que sería más pertinente, para un candidato que conoce nuestro conflicto, hablar de la violencia actual y señalar soluciones nacionales.

miércoles, 11 de marzo de 2026

La suma ideológica

 

Candidatos Del Pacto Histórico Al Senado de La República | PDF | Colombia

 

El Pacto Histórico mostró cohesión, disciplina, emoción, maquinaria. En las elecciones para Senado creció en los lugares más inusitados y en las plazas donde es fortín, por igual donde es anatema y milagro.  En Salgar, por ejemplo, la cuna de Álvaro Uribe, pasó de 66 a 150 votos. En El Retiro, el municipio más uribista de Antioquia, dobló y algo más el número de sus votantes y fue la segunda fuerza política. En Tierralta, Córdoba, plaza de viejas luchas, donde Uribe es patrón y el gobernador Erasmo Zuleta jefe, casi multiplicó sus votos por tres. En Yarumal, tierra proscrita, apenas pasó de quinientos hace cuatro años y ahora contó mil doscientos. Y así podríamos seguir por Caucasia, Puerto Boyacá y otros municipios donde el Pacto Histórico no las tiene todas consigo. Es más, en un departamento como Casanare, creció el 27% mientras el Centro Democrático perdió mil voticos.

Si queremos mirar menos la minucia simbólica y más el mapa donde se suman las grandes cifras, también el Pacto muestra la diversidad de sus triunfos. En Bogotá, su casa, parecía difícil crecer, sobre todo cuando hace un año se sentía cierto inconformismo con el gobierno. Fue el momento cuando se habló de los arrepentidos. Pues subió casi el 2% del total de participación y sumó 114.000 votos. En Antioquia el Pacto sacó 180.000 votos más que en el 2022 para su lista cerrada al Senado, lo que significa llegar al 16% de los votos en el departamento y doblar su porcentaje de hace cuatro años. Es cierto que en Antioquia y Bogotá el Centro Democrático también tuvo un importante crecimiento, tuvo más de 600.000 votos nuevos, pero ahí se concentró la mayoría de su aumento.

En la Costa Atlántica las cosas fueron aún más sorprendentes. Históricamente la maquinaria tradicional ponía las reglas. Era la única región donde las legislativas tenían más participación que las presidenciales. Siempre había más incentivos “mochileros”. El Pacto ya tenía fuerza pero iba detrás. Pues en la Costa Atlántica encontró 413.000 votos nuevos para Senado. Logró ser primero en el Atlántico y segundo en Bolívar, Magdalena y Cesar. En Sucre, donde era inexistente, triplicó sus votos. Mientras tanto, el Centro Democrático, que ya era anémico en la región, perdió participación en todos los departamentos. El gobierno supo añadir un nicho de maquinaria al entusiasmo del cambio. El aprendizaje es una obligación de los partidos, no de los gobernantes.

En el Pacífico, donde parecía era imposible romper el techo de supremacía en 2022, obtuvo 334.00 votos adicionales. En el Cauca, sumó el 44% de los votos y en Nariño pasó del 18 al 30%. Donde usted señale el mapa encontrara más votos para el Pacto. Lo mismo pasa en Cundinamarca y Boyacá. La diversidad de su crecimiento marca una tendencia difícil de encontrar.

El discurso del cambio sobrevivió a los evidentes fracasos del gobierno en varias de sus promesas más cacareadas. Muchos electores parecen darle una segunda oportunidad sobre la tierra al partido del “último Aureliano”. Relato mata dato.

Para las presidenciales es seguro que sumará mucha maquinaria Verde y Liberal. Y algunos conservadores de puestos. A los cuatro millones y medio que Cepeda tiene en el bolsillo, los votos de Senado del Pacto, hay que sumarle al menos un millón más que ya está filado. Iván Cepeda sigue encabezando sin despeinarse, sin dar un paso, con el tono calmo y solemne del elegido Los rivales al interior dejaron de existir, el competidor más fuerte en las encuestas no subió al escenario en la primer careo de realidad, los dos representantes del Centro salieron debilitados, una por su consulta en solitario y el otro por su aire de soledad. Ahora Cepeda mira a Paloma que tiene antes un duelo con Abelardo. El candidato del Pacto, sigue celebrando en vacaciones.

miércoles, 4 de marzo de 2026

La toma del pacto

 

En la tarima de Minsalud montaron el cierre de campaña del Pacto Histórico

 

El presidente Petro y el pleno del Pacto Histórico han insistido en la necesidad de “tomarse” el Congreso, lograr mayorías holgadas para hacer las reformas urgentes que el “establecimiento” no ha permitido. Petro incluso ha insinuado una y mil veces que su elección es mandato suficiente para dar órdenes al Congreso. Alguien debió decirle, y se lo creyó, que la silla de la Casa de Nariño sumaba diez curules. La frustración presidencial por las derrotas en el legislativo llevó al discurso del “golpe blando” y la “constituyente”. El presidente, quien creyera, parece añorar la curul que ocupó en el  senado por más de una década. Su fetichismo legal, muy santanderista, lo hace creer en la sanción presidencial como principal logro del ejecutivo. También los triunfos políticos en el Congreso lo embelesan, el pulso por la reforma a la salud lo demostró, ganar en plenaria sin importar qué pasa en los hospitales. Además de su afición por los simbolismos, una ley “progresista” así sea para enmarcar.

De otro lado la oposición ha dicho que el Congreso fue una barrera efectiva para las reformas dudosas, los arrebatos autocráticos y el equilibrio en Cortes y órganos de control. Las encuestas sobre favorabilidad del legislativo lo siguen ubicando muy abajo entre las instituciones colombianas, pero ha llegado al 29% en este cuatrenio. Cifra que no se veía desde finales del primer gobierno de Santos. Cuando aprobó la reelección, en tiempos de Uribe, llegó a tener el 54% de favorabilidad.

La votación para las elecciones de Congreso ha crecido en las dos últimas elecciones lo que puede indicar mayor conciencia de su importancia o una mayor eficiencia del clientelismo, o ambas. Pero no parece fácil seguir creciendo. Se pasó de un promedio de 42% en 2002 al 48% en el 2022.

El gobierno tiene su mayor fortín en Bogotá, ahí está su gran reto teniendo en cuenta que su candidato a la alcaldía fue tercero en las elecciones y que sostener una votación del 30% del total a Congreso, sin Petro en consultas, asusta a cualquiera. La consulta del Pacto sacó casi 1’200.000 votos hace cuatro años y ahora no estarán Petro y Francia en la foto que jaló mucho en 2022. La vicepresidente sacó 230.000 votos en la capital en la consulta del Pacto.

En la Costa Atlántica donde Petro barrió en primera y segunda vuelta las cosas son más difíciles en Congreso. La clientela tiene todo el peso. Es en la única zona del país donde vota más gente en las legislativas que en las presidenciales. Las microempresas electorales aceitan para lo propio. En todos los departamentos de la Costa Atlántica los partidos tradicionales fueran ganadores. En el Atlántico, por ejemplo, Petro sacó 54% en primera vuelta y el Pacto 11% en las elecciones para Senado.

En Antioquia la pregunta es qué dejó la herencia negra de Quintero. En el gran fortín Uribista Petro tuvo resultados sorprendentes hace 4 años. El 25% de los votantes de consulta marcaron el tarjetón del Pacto Histórico. Francia Márquez sacó más votos que Fajardo en Medellín y su consulta sacó 160.000 votos más que la consulta Centro Esperanza. Las listas del Pacto lograron el 8% de los votos al Congreso y doblaron a La U y Cambio Radical.

En el Valle las listas del progresismo ganaron de largo con el 23%. Ese podría ser el techo teniendo en cuenta la clientela fija de La U y la dispersión en las demás opciones. Tampoco se ve muchas posibilidades de sumar más.

Veremos si el discurso del presidente para tener un Congreso con mayorías, sumado a su repunte de popularidad, puede significar nuevas curules. Un aumento en la participación en la zona rural podría ser la carta del Pacto. También podrá mostrar que supo incorporar clientelas con la ayuda de Benedetti y fichas de los partidos tradicionales que han acompañado al gobierno. La nómina tiene que servir. Veremos si al presidente se le cumple el sueño de dirigir al Congreso desde la silla de expresidente, a la usanza de Uribe recién salido en 2010.