miércoles, 25 de marzo de 2026

El sueño latinoamericano

 

Gracias a llamada ciudadana, capturaron a gringo en Medellín que estaba con  una menor de edad

 Capturados dos extranjeros por casos de explotación sexual y comercial

Los gringos putañeros han tocado a mi puerta. Llegaron con su sonrisa y su generosidad para el portero del edificio. Trajeron además un guía culebrero para que les ayude con sus vueltas y sus citas. Un taxista que es a la vez escolta, mensajero, consultor legal e ilegal, agente inmobiliario y dealer. El primer día que lo vi, venía acompañado de dos jóvenes a las que se les intuía la tarjeta de identidad. Lo miré por la ventana con el ojo inquisidor de mi celular y comenzó a insultarme como un energúmeno. No pude más que responderle con la misma devaluada moneda. Cerró su puerta blindada para acallar mis insultos y a los tres minutos había sacado de afán a una de sus “amiguitas”. Con paciencia y ya menos rojo recibió a la policía. Entraron, hablaron, buscaron y salieron. Pero al menos quedaba una advertencia.

En realidad algunos extranjeros con parejas de día de por medio ya vivían aquí desde hace unos años, pero ya han perdido las energías y ahora tienen un perro o una moto. También sufrieron el escarmiento del robo y la pesadilla de la escopolamina. Han ganado en años y temores.

Ahora espío el reciclaje del nuevo propietario en el cuartico del shut: vodka, cervezas, cajas de pizza, vodka de lulo… Todo normal. Muchos días tras su puerta asoma el sonsonete de la música electrónica o el beat de reguetón. En las noches se repiten los domicilios, desde el Rappi corriente hasta el Spark con alerones y vidrios oscuros. El gringo desaparece un mes y deja un amigo en su lugar. Cambian un poco las rutinas y los gustos pero se repite la trama.

La señora del primero se murió hace poco, el señor del segundo ya está en edad de jubilarse y se fue seducido por el silencio. La pareja del tercero se aburrió porque su hija de tres años no tenía con quién jugar. Y los gringos siguen llegando con sus maestros de obra detrás para las remodelaciones de rigor. Martilleos y polvo son su marca de llegada… y de permanencia.

Hace unos días notificaron a la administradora que ya son oficialmente los dueños de edificio: “Tenemos el 61% de la propiedad, se vienen tiempos emocionantes para El Remanso”. Sí, ese es el nombre del edificio, un poco de cinismo involuntario. Hablaron de remodelar las ventanas y la entrada. Ya eligieron el contratista. Luego nos pasarían la cuenta de cobro. Y continuaron con las elecciones: “para presidente queremos elegir a Shawn, para vicepresidente a Brad, para secretario/tesorero a Peter”. El 45% de las familias en Medellín viven en arriendo. Hace 10 años la cifra llegaba al 36%.

Recordé La casa tomada, un cuento un poco insípido de Cortazar donde dos hermanos van perdiendo pieza a pieza, puerta a puerta, la casa de sus abuelos donde pretendían vivir. Allí los usurpadores son unos susurros nunca vistos, un temor de fantasmas, aquí son la estridencia, el desprecio, el asco. Hay un jacuzzi gigante en el parqueadero de uno de los gringos. Su peso podría desfondar el segundo piso. Los pesos lograrán el permiso.

La historia se repite en decenas de barrios. Desde las tiendas señalan a un mono en chanclas que es el dueño de 30 apartamentos. Sitios web entregan reseñas para encontrar mujeres bellas y femeninas en Medellín. Un viaje para recuperar la seguridad de conquista. Las niñas y jóvenes engalanadas se bajan de las motos de las aplicaciones de transporte y anuncian su llegada por WhatsApp. Un etnógrafo reseñaría la escena en la primera página de su libreta.

El portero me ha notificado tres veces en la última semana que han comenzado a preguntar por nuestro apartamento. Pasan caminando y señalan. Miran y escogen. Un amigo les recomienda y ofrecen. Nuestro único guardián es el gran danés de la señora del segundo piso. Ya instalamos el letrero: “Beware of dogs”.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Geografía de la maldad

 

Las palabras que quedaron en la memoria y en la historia A la entrada de Puerto  Boyacá, una valla envejecida por el tiempo proclamaba con orgullo:  "Bienvenido a Puerto Boyacá, tierra de


Señalar a una región del país como el origen de la violencia de Estado y de la alianza entre política y paramilitarismo es una simplificación propia de un político en campaña. La historia del paramilitarismo en Colombia tiene múltiples tiempos y geografías, los crímenes de Estado se confunden con nuestra primera independencia y encuentran, tal vez, su punto más alto en la violencia partidista de mediados del siglo XX. La guerra sigue siendo el estribillo preferido de nuestra política. La derecha tiene el rechazo al acuerdo con las Farc, firmado hace 10 años, como bandera inamovible. La impunidad no es el motivo de su nostalgia de la guerra contra las Farc, es solo un despecho por su principal discurso. La izquierda tiene el señalamiento a la violencia paramilitar, luego de 20 años de Justicia y Paz, como el centro de su estrategia. No se trata de una defensa de la memoria nacional, es sobre todo un ejercicio de excitación electoral.

Pero cuando la muletilla del conflicto tiene además acusaciones regionales se acude a un peligroso juego divisorio. Se critican, con razones justificadas, los delirios regionales de Antioquia y la ridiculez del “Paisaporte”, y al mismo tiempo se juega a la exclusión regional. Construir una geografía de la maldad nacional es inútil, injusto y peligroso.

Estoy seguro de que Iván Cepeda conoce de sobra los orígenes complejos del paramilitarismo y la parapolítica en Colombia. Al igual que la amplia red nacional de la participación del Estado en violaciones masivas de Derechos Humanos.

Sabe por supuesto que desde los años sesenta los manuales militares tenían instrucciones para acompañar a los civiles en las operaciones contrainsurgentes. Los grupos de “defensa civil” tienen su origen en una ley de 1968 y documentos militares de finales de los setenta hablan de pautas de operación de “juntas de autodefensa” y “comités cívico militare”. Las Convivir son un desarrollo posterior en esa prehistoria del Estado criminal.

Y sabe también que el Magdalena Medio fue la cuna paramilitar y Puerto Boyacá lució muchos años la valla de “capital antisubversiva de Colombia” en sus afueras. Y que municipios como Chinacota, Puerto Triunfo, Cimitarra, Yacopí, Barrancabermeja, entre otros, fueron el comienzo de esa hoguera que incendió casi todo el país. Confluencia de grupos armados ya consolidados, cercanía de bases militares, llegada de narcos y esmeralderos a la zona y ser puntos de expansión guerrillera fueron, entre otros, los factores para que ese primer paramilitarismo se desarrollara. Cepeda conoce de sobra esa historia.

Y muy seguramente ha hablado en sus debates de la configuración de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. No sé si ha dicho que las Farc jugaron un papel importante en esa tragedia. El asesinato de cientos de desmovilizados del EPL por parte de las Farc, conoce sin duda la masacre de La Chinita, hizo que muchos Esperanzados crearan los Comandos Populares. Esos Comandos terminaron siendo claves en los ejércitos de Los Castaño. De ahí salieron los hermanos Úsuga David. Seguro ha oído hablar de ellos. Ese modelo de Urabá se exportó por buena parte del país y donde llegaron construyeron nexos con la política local.

También tiene claro el papel del MAS (Muerte a Secuestradores) en la financiación de esos brotes paras luego del secuestro de Martha Nieves Ochoa por parte del M 19. Esa franquicia del MAS se regó por todo el país, sirvió de parapeto como pasó después con Las Águilas Negras. Ahí estuvieron narcos de todas partes.

Iván Cepeda quiere señalar a Álvaro Uribe y señala a Antioquia como una mancha en el mapa de nuestra violencia generalizada. Un triste juego regional de barra brava para atizar odios. Es seguro que sería más pertinente, para un candidato que conoce nuestro conflicto, hablar de la violencia actual y señalar soluciones nacionales.

miércoles, 11 de marzo de 2026

La suma ideológica

 

Candidatos Del Pacto Histórico Al Senado de La República | PDF | Colombia

 

El Pacto Histórico mostró cohesión, disciplina, emoción, maquinaria. En las elecciones para Senado creció en los lugares más inusitados y en las plazas donde es fortín, por igual donde es anatema y milagro.  En Salgar, por ejemplo, la cuna de Álvaro Uribe, pasó de 66 a 150 votos. En El Retiro, el municipio más uribista de Antioquia, dobló y algo más el número de sus votantes y fue la segunda fuerza política. En Tierralta, Córdoba, plaza de viejas luchas, donde Uribe es patrón y el gobernador Erasmo Zuleta jefe, casi multiplicó sus votos por tres. En Yarumal, tierra proscrita, apenas pasó de quinientos hace cuatro años y ahora contó mil doscientos. Y así podríamos seguir por Caucasia, Puerto Boyacá y otros municipios donde el Pacto Histórico no las tiene todas consigo. Es más, en un departamento como Casanare, creció el 27% mientras el Centro Democrático perdió mil voticos.

Si queremos mirar menos la minucia simbólica y más el mapa donde se suman las grandes cifras, también el Pacto muestra la diversidad de sus triunfos. En Bogotá, su casa, parecía difícil crecer, sobre todo cuando hace un año se sentía cierto inconformismo con el gobierno. Fue el momento cuando se habló de los arrepentidos. Pues subió casi el 2% del total de participación y sumó 114.000 votos. En Antioquia el Pacto sacó 180.000 votos más que en el 2022 para su lista cerrada al Senado, lo que significa llegar al 16% de los votos en el departamento y doblar su porcentaje de hace cuatro años. Es cierto que en Antioquia y Bogotá el Centro Democrático también tuvo un importante crecimiento, tuvo más de 600.000 votos nuevos, pero ahí se concentró la mayoría de su aumento.

En la Costa Atlántica las cosas fueron aún más sorprendentes. Históricamente la maquinaria tradicional ponía las reglas. Era la única región donde las legislativas tenían más participación que las presidenciales. Siempre había más incentivos “mochileros”. El Pacto ya tenía fuerza pero iba detrás. Pues en la Costa Atlántica encontró 413.000 votos nuevos para Senado. Logró ser primero en el Atlántico y segundo en Bolívar, Magdalena y Cesar. En Sucre, donde era inexistente, triplicó sus votos. Mientras tanto, el Centro Democrático, que ya era anémico en la región, perdió participación en todos los departamentos. El gobierno supo añadir un nicho de maquinaria al entusiasmo del cambio. El aprendizaje es una obligación de los partidos, no de los gobernantes.

En el Pacífico, donde parecía era imposible romper el techo de supremacía en 2022, obtuvo 334.00 votos adicionales. En el Cauca, sumó el 44% de los votos y en Nariño pasó del 18 al 30%. Donde usted señale el mapa encontrara más votos para el Pacto. Lo mismo pasa en Cundinamarca y Boyacá. La diversidad de su crecimiento marca una tendencia difícil de encontrar.

El discurso del cambio sobrevivió a los evidentes fracasos del gobierno en varias de sus promesas más cacareadas. Muchos electores parecen darle una segunda oportunidad sobre la tierra al partido del “último Aureliano”. Relato mata dato.

Para las presidenciales es seguro que sumará mucha maquinaria Verde y Liberal. Y algunos conservadores de puestos. A los cuatro millones y medio que Cepeda tiene en el bolsillo, los votos de Senado del Pacto, hay que sumarle al menos un millón más que ya está filado. Iván Cepeda sigue encabezando sin despeinarse, sin dar un paso, con el tono calmo y solemne del elegido Los rivales al interior dejaron de existir, el competidor más fuerte en las encuestas no subió al escenario en la primer careo de realidad, los dos representantes del Centro salieron debilitados, una por su consulta en solitario y el otro por su aire de soledad. Ahora Cepeda mira a Paloma que tiene antes un duelo con Abelardo. El candidato del Pacto, sigue celebrando en vacaciones.