miércoles, 1 de abril de 2026

Capitán cavernícola

 

Capitán Cavernícola | Doblaje Wiki | Fandom 

Le llueven críticas a concejal de Medellín que salió con un bate en la mano  a “declararles la guerra” a manifestantes


Andrés Felipe Rodríguez, alias El Gury, concejal de Medellín, es el espécimen perfecto para definir la política como una rama de la vileza y la intimidación. No podemos exigirles grandes ideas a los políticos, ni ser ingenuos respecto a sus intenciones, ni mucho menos pretender su bondad y su prudencia. Tampoco esperamos de su parte templanza y razón. Pero al menos tendrían que disimular un poco su agresividad, no exhibir sus cóleras como si fueran grandes doctrinas, no mostrar sus amenazas como argumentos. Dejar la escueta brutalidad para sus horas de ocio y sus diligencias privadas.

Pero El Gury quiere hacernos saber que la política es en realidad matoneo y alardes de violencia. Viéndolo en sus “debates” y declaraciones no puedo dejar de pensar en los boxeadores que se carean de forma teatral en el pesaje antes de los combates. Para el concejal Rodríguez no es suficiente la violencia verbal, los insultos son oratoria innecesaria, de modo que él prefiere la acción. Eligió entonces un bate, adornado con la palabra Diálogo, como enseña de su inteligente cinismo. Y se ha erigido como el defensor de la ciudad de Medellín, frente a lo que él considera peligros y lacras, luego de sacar 6.000 votos para el Concejo. El Gury es en verdad un usurpador del antiguo ESMAD, la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO). Un privatizador de las fuerzas de choque, un copartidario del pistolero caleño Andrés Escobar. Rodríguez es un caso de estudio del político que quiere saltarse los pasos democráticos para llegar directamente a la agresión. No quiere la política y la democracia como un mecanismo de contención ciudadana, una canalización del estado de naturaleza, sino como una herramienta para usar el instinto y la enajenación.

Pero no solo de bate vive el hombre de neardental. Rodríguez ha demostrado ser un edil con todos los fierros. Dos incidentes con sus guardaespaldas dejan bastantes dudas. El concejal es bravero pero siempre lleva un hombre armado a la espalda. En diciembre del año pasado su conductor mató de un disparo en la cabeza a un presunto ladrón en una licorera en El Poblado. Las versiones a la policía en la noche y a la prensa en la mañana dejaron muchas preguntas como lo demostró una investigación de El Armadillo. Unos meses antes una investigación de Vorágine dejó en evidencia la contratación de un extraño “gestor comunitario” como parte del equipo del concejal: un exmilitar que andaba de chaleco antibalas, en actitud alerta a su espalda y con permiso vigente para porte de armas. El “gestor” había trabajado meses atrás con una mujer conocida como La Madrina, capturada por secuestro extorsivo en mayo del 2025.

Pero ahí no quedan las señales particulares de alias El Gury, alborotador amateur y fanfarrón profesional. Revisando la página de consulta de procesos de de la Rama Judicial hay tres largas páginas con su nombre. En al menos 27 procesos aparece como demandado o denunciado. Tiene causas por restitución de un vehículo por falta de pago a Bancolombia, múltiples pleitos laborales por no reconocimiento de derechos a trabajadores, tutelas variadas por casos similares y tres procesos penales precluidos o cerrados por decisión de la fiscalía. Procesos por tráfico de estupefacientes y otras infracciones de 2009 y 2010, y un proceso por violencia contra servidor público (no se habla del bate) en el año 2016.

El Gury usa su silueta con una máscara de Batman y el bate en la mano en sus stickers de respuesta a periodistas. Un chiste para mostrar su lado caricaturesco. Tal vez haya algo detrás de esas posturas de luchador libre, de esa política de máscara contra cabellera. Quien tanto levanta un bate termina ponchado tarde que temprano.

 

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

El sueño latinoamericano

 

Gracias a llamada ciudadana, capturaron a gringo en Medellín que estaba con  una menor de edad

 Capturados dos extranjeros por casos de explotación sexual y comercial

Los gringos putañeros han tocado a mi puerta. Llegaron con su sonrisa y su generosidad para el portero del edificio. Trajeron además un guía culebrero para que les ayude con sus vueltas y sus citas. Un taxista que es a la vez escolta, mensajero, consultor legal e ilegal, agente inmobiliario y dealer. El primer día que lo vi, venía acompañado de dos jóvenes a las que se les intuía la tarjeta de identidad. Lo miré por la ventana con el ojo inquisidor de mi celular y comenzó a insultarme como un energúmeno. No pude más que responderle con la misma devaluada moneda. Cerró su puerta blindada para acallar mis insultos y a los tres minutos había sacado de afán a una de sus “amiguitas”. Con paciencia y ya menos rojo recibió a la policía. Entraron, hablaron, buscaron y salieron. Pero al menos quedaba una advertencia.

En realidad algunos extranjeros con parejas de día de por medio ya vivían aquí desde hace unos años, pero ya han perdido las energías y ahora tienen un perro o una moto. También sufrieron el escarmiento del robo y la pesadilla de la escopolamina. Han ganado en años y temores.

Ahora espío el reciclaje del nuevo propietario en el cuartico del shut: vodka, cervezas, cajas de pizza, vodka de lulo… Todo normal. Muchos días tras su puerta asoma el sonsonete de la música electrónica o el beat de reguetón. En las noches se repiten los domicilios, desde el Rappi corriente hasta el Spark con alerones y vidrios oscuros. El gringo desaparece un mes y deja un amigo en su lugar. Cambian un poco las rutinas y los gustos pero se repite la trama.

La señora del primero se murió hace poco, el señor del segundo ya está en edad de jubilarse y se fue seducido por el silencio. La pareja del tercero se aburrió porque su hija de tres años no tenía con quién jugar. Y los gringos siguen llegando con sus maestros de obra detrás para las remodelaciones de rigor. Martilleos y polvo son su marca de llegada… y de permanencia.

Hace unos días notificaron a la administradora que ya son oficialmente los dueños de edificio: “Tenemos el 61% de la propiedad, se vienen tiempos emocionantes para El Remanso”. Sí, ese es el nombre del edificio, un poco de cinismo involuntario. Hablaron de remodelar las ventanas y la entrada. Ya eligieron el contratista. Luego nos pasarían la cuenta de cobro. Y continuaron con las elecciones: “para presidente queremos elegir a Shawn, para vicepresidente a Brad, para secretario/tesorero a Peter”. El 45% de las familias en Medellín viven en arriendo. Hace 10 años la cifra llegaba al 36%.

Recordé La casa tomada, un cuento un poco insípido de Cortazar donde dos hermanos van perdiendo pieza a pieza, puerta a puerta, la casa de sus abuelos donde pretendían vivir. Allí los usurpadores son unos susurros nunca vistos, un temor de fantasmas, aquí son la estridencia, el desprecio, el asco. Hay un jacuzzi gigante en el parqueadero de uno de los gringos. Su peso podría desfondar el segundo piso. Los pesos lograrán el permiso.

La historia se repite en decenas de barrios. Desde las tiendas señalan a un mono en chanclas que es el dueño de 30 apartamentos. Sitios web entregan reseñas para encontrar mujeres bellas y femeninas en Medellín. Un viaje para recuperar la seguridad de conquista. Las niñas y jóvenes engalanadas se bajan de las motos de las aplicaciones de transporte y anuncian su llegada por WhatsApp. Un etnógrafo reseñaría la escena en la primera página de su libreta.

El portero me ha notificado tres veces en la última semana que han comenzado a preguntar por nuestro apartamento. Pasan caminando y señalan. Miran y escogen. Un amigo les recomienda y ofrecen. Nuestro único guardián es el gran danés de la señora del segundo piso. Ya instalamos el letrero: “Beware of dogs”.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Geografía de la maldad

 

Las palabras que quedaron en la memoria y en la historia A la entrada de Puerto  Boyacá, una valla envejecida por el tiempo proclamaba con orgullo:  "Bienvenido a Puerto Boyacá, tierra de


Señalar a una región del país como el origen de la violencia de Estado y de la alianza entre política y paramilitarismo es una simplificación propia de un político en campaña. La historia del paramilitarismo en Colombia tiene múltiples tiempos y geografías, los crímenes de Estado se confunden con nuestra primera independencia y encuentran, tal vez, su punto más alto en la violencia partidista de mediados del siglo XX. La guerra sigue siendo el estribillo preferido de nuestra política. La derecha tiene el rechazo al acuerdo con las Farc, firmado hace 10 años, como bandera inamovible. La impunidad no es el motivo de su nostalgia de la guerra contra las Farc, es solo un despecho por su principal discurso. La izquierda tiene el señalamiento a la violencia paramilitar, luego de 20 años de Justicia y Paz, como el centro de su estrategia. No se trata de una defensa de la memoria nacional, es sobre todo un ejercicio de excitación electoral.

Pero cuando la muletilla del conflicto tiene además acusaciones regionales se acude a un peligroso juego divisorio. Se critican, con razones justificadas, los delirios regionales de Antioquia y la ridiculez del “Paisaporte”, y al mismo tiempo se juega a la exclusión regional. Construir una geografía de la maldad nacional es inútil, injusto y peligroso.

Estoy seguro de que Iván Cepeda conoce de sobra los orígenes complejos del paramilitarismo y la parapolítica en Colombia. Al igual que la amplia red nacional de la participación del Estado en violaciones masivas de Derechos Humanos.

Sabe por supuesto que desde los años sesenta los manuales militares tenían instrucciones para acompañar a los civiles en las operaciones contrainsurgentes. Los grupos de “defensa civil” tienen su origen en una ley de 1968 y documentos militares de finales de los setenta hablan de pautas de operación de “juntas de autodefensa” y “comités cívico militare”. Las Convivir son un desarrollo posterior en esa prehistoria del Estado criminal.

Y sabe también que el Magdalena Medio fue la cuna paramilitar y Puerto Boyacá lució muchos años la valla de “capital antisubversiva de Colombia” en sus afueras. Y que municipios como Chinacota, Puerto Triunfo, Cimitarra, Yacopí, Barrancabermeja, entre otros, fueron el comienzo de esa hoguera que incendió casi todo el país. Confluencia de grupos armados ya consolidados, cercanía de bases militares, llegada de narcos y esmeralderos a la zona y ser puntos de expansión guerrillera fueron, entre otros, los factores para que ese primer paramilitarismo se desarrollara. Cepeda conoce de sobra esa historia.

Y muy seguramente ha hablado en sus debates de la configuración de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. No sé si ha dicho que las Farc jugaron un papel importante en esa tragedia. El asesinato de cientos de desmovilizados del EPL por parte de las Farc, conoce sin duda la masacre de La Chinita, hizo que muchos Esperanzados crearan los Comandos Populares. Esos Comandos terminaron siendo claves en los ejércitos de Los Castaño. De ahí salieron los hermanos Úsuga David. Seguro ha oído hablar de ellos. Ese modelo de Urabá se exportó por buena parte del país y donde llegaron construyeron nexos con la política local.

También tiene claro el papel del MAS (Muerte a Secuestradores) en la financiación de esos brotes paras luego del secuestro de Martha Nieves Ochoa por parte del M 19. Esa franquicia del MAS se regó por todo el país, sirvió de parapeto como pasó después con Las Águilas Negras. Ahí estuvieron narcos de todas partes.

Iván Cepeda quiere señalar a Álvaro Uribe y señala a Antioquia como una mancha en el mapa de nuestra violencia generalizada. Un triste juego regional de barra brava para atizar odios. Es seguro que sería más pertinente, para un candidato que conoce nuestro conflicto, hablar de la violencia actual y señalar soluciones nacionales.