jueves, 31 de agosto de 2023

Revelar la receta

 


 

La figura de los presidentes, a pesar de lo sombría, siempre será extravagante. La lupa de la maledicencia o la condescendencia los hará falsos, bien sea hinchados o raquíticos, los hará dueños del aura o la corona de espinas, amigos del agua bendita o la botella maldita. Toda la diferencia la hacen los propios presidentes: qué tanto están detrás del telón rojo de su teatro, cuánto se esconden con la banda presidencial, qué tan capaces son de mostrarse en vivo y en directo ¿Bailan o rezan, brindan o bendicen? ¿Cuál es su esquema de seguridad presencial? De eso dependen las sospechas y las averiguaciones.

Los presidentes, ávidos de multitudes, dispuestos a ser demasiado humanos en campaña, tienen la obligación, personal y legal, de exponerse siendo mandamases. Obligados a que su oficina sea casi siempre una urna, o una jaula. Porque no solo la mujer de Cesar debe ser y parecer, al Cesar también le toca.

En un año de gobierno el presidente de Colombia ha incumplido cerca de noventa compromisos que estaban confirmados en su agenda pública: policías obedientes, campesinos fervorosos, primeros ministros nórdicos, empresarios impacientes y ministros que bostezan mirando el huso horario del Palacio de Nariño, ubicado bajo unas reglas erráticas que cada día hacen suponer una inestabilidad presidencial.

Las ausencias presidenciales no siempre son malas, son más sustanciosas que algunos discursos. A su poder le perdonamos las tragedias, son un triste activo de su oficio, sufrir es ganar un poco, solo la enfermedad puede hacerlos similares, ubicarlos cara a cara con sus electores y detractores. El parte médico ha sido algunas veces el parte de victoria.

Pero si el presidente no justifica sus ausencias pues los ciudadanos harán de jefes despiadados. Y pedirán que le descuenten sus días de desaparición y clamarán por la excusa médica. “Queremos tocar la frente del presidente, calibrar su termómetro”, dirán las consignas. Gustavo Petro tendrá que comenzar a cumplir su agenda o explicar seriamente sus ausencias. Los motivo de sus dolencias, ciertos o inventados, son imprescindibles para la confianza ciudadana. Su privacidad tiene límites mucho más débiles que los de los demás ciudadanos. La Corte ha hablado de la finalidad de exponer conductas privadas, ha dicho que debe responder a un objetivo constitucionalmente legítimo. El primer trabajador de la nación debe justificar sus ausencias más allá del parapeto de su agenda y el gusto por las largas en los discursos.

Todo lo demás conduce a las excusas que causan los excesos, sean de sueño, de alcohol, de fragilidad o pereza. El incumplimiento del presidente solo conduce a los siete pecados capitales. Turbay Ayala, famoso por sus salidas de tono entonadas, y las caricaturas hipando en la prensa durante su cuatrienio; y Guillermo León Valencia, un godo liberado por el alcohol, sabían que era mejor beber al aire libre.

Obligar a la prensa y a los ciudadanos a las especulaciones es la peor de las estrategias. Más vale ajustar el reloj, sincerarse o cerrar la agenda en los días esperados para alegría o resaca. La reforma laboral nos puede ayudar en eso, porque el guayabo es una enfermedad mortal. Tenemos que saber si el problema ese de receta médica, de reloj o de divertimentos varios. También los problemas de sueño valen. Que nos cuenten para beber yo dormir tranquilos.

 

   

 

 

 

martes, 29 de agosto de 2023

¿El plan Ecuador?

 

Policías se paran junto a un coche que explotó cerca de la terminal de autobuses en respuesta a los traslados de prisioneros en curso hechos como parte de un plan del gobierno para reducir el hacinamiento en las cárceles del país, en Pascuales, en las afueras de Guayaquil, Ecuador 1 de noviembre de 2022.

 

 Delincuentes quemaron un vehículo que había sido robado la mañana del 25 de julio de 2023, en la vía a Daule, al norte de Guayaquil.

El último mapa detallado de los cultivos de coca en Colombia, publicado hace poco por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), correspondiente al monitoreo de 2021, tiene sus más grandes enclaves de producción en la frontera con Ecuador. En el Putumayo se sembró 1.4 veces más coca que en el 2020, las 25.000 hectáreas sembradas son la cifra más alta desde 2016. Según el estudio de Naciones Unidas esa frontera se ha consolidado como zona de alta concentración de cultivos en el país. En Nariño las cosechas en la frontera son mucho mayores. En todo el pacífico se llegó a 90.000 hectáreas, la cifra más alta en los últimos veinte años, con un crecimiento del 76% respecto al 2020. Nariño tiene casi dos terceras partes de la coca del Pacífico y en el 2021 sus cultivos se duplicaron respecto al año anterior. Es cierto que las zonas de frontera han sido desde hace décadas claves para la siembra de coca, pero al parecer la frontera con Ecuador es cada vez un imán más fuerte para atraer los cultivos. Además de eso, los campesinos que siembran cada vez se involucran más en la transformación de la hoja en pasta base. No es fácil decir que la dinámica del marcado ha cambiado, que las rutas son otras, que Colombia ha perdido protagonismo en el tráfico o que la cocaína ya no es tan atractiva en el norte. Pero es innegable que Ecuador ha ganado un protagonismo como país de tránsito y puerto de salida en los últimos cinco años.

Ningún país está preparado para recibir un papel creciente en el negocio del narcotráfico. Hace un poco más de treinta años Colombia enfrentó el peor momento de esa embestida que cambió a la sociedad y al Estado y dejó un exterminio desconocido en cualquier país que haya enfrentado a la criminalidad. Llegamos a sufrir 80 homicidios por 100.000 habitantes en 1991. En medio de esa lucha contra el narco, infructuosa por decir lo menos, los Estados Unidos invirtieron 10.000 millones de dólares entre 2001 y 2016. El ejército y la policía de Colombia se convirtieron en los mejor entrenados y dotados del continente, sus soldados profesionales se multiplicaron por cuatro en solo una década. La plata y el plomo sirvieron en la balanza de la lucha contra las Farc pero no lograron mayor cosa en la pelea contra la coca y los narcos. Solo movimientos estratégicos y logísticos, cambios en la geografía criminal y en las maneras de los mafiosos.

Los narcos mexicanos desembarcaron en Ecuador hace más de quince años pero en los últimos cinco lograron ser los patrones de los grandes grupos criminales del país. Jalisco Nueva Generación controla a los a Los Lobos y Tiguerones, y Sinaloa subcontrata a los Choneros, las cárceles son las oficinas de mando y el país vive bajo estados de excepción. En noviembre del año pasado un traslado de presos desde la cárcel de Guayaquil desató una jornada de atentados, quemas de comandos de policía y gasolineras. Los muertos han comenzado a colgar de los puentes como macabras advertencia. El estilo mexicano se impone. Entre 2017 y 2022 la tasa de homicidios por 100.000 habitantes paso de 5.8 a 25. Ecuador tiene hoy una tasa mayor que la de Colombia que fue durante años el ejemplo a no seguir.

Es frustrante y aleccionador que treinta años después Ecuador esté condenado a vivir una tragedia similar a la de Colombia en tiempos de los carteles de Medellín y Cali. Las condenas de esa guerra fallida se repiten y parecen difíciles de evitar, imposibles de explicar desde los hechos y los muertos. La queja, los discursos y los propósitos parecen ser la inútil defensa de América Latina. Mientras la espiral se repite.

miércoles, 16 de agosto de 2023

El león dormido

 


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La historia comienza con un grito, los gritos son la esencia de su discurso, un rugido según su metáfora entre pueril y fanfarrona: “Yo no me metí acá para estar guiando corderos, yo me metí acá para despertar leones”. Es el inicio de Javier Milei, la revolución liberal, un documental de dos horas, que se lanzó apenas hace un mes, con las poses y las frases del personaje que el fin de semana dio la gran sorpresa política en las elecciones primarias que preparan la cerrera presidencial en Argentina. Milei obtuvo el 30% de los votos y fue primero en contra de los números de todas las encuestas.

Toda la narración juega a mostrar un personaje distinto y original, de niño jugaba de arquero, los raros de la cancha; un hombre sin libretos, no confía en asesores, dice lo que piensa, no le importa la corrección política; un indignado frente a la casta política, entró solo para “sacarlos a todos a patadas en el culo”; un hombre que se hizo a pulso, su padre era conductor de colectivo y se partió la espalda toda la vida; un elegido, “La victoria en combate no depende del número de soldados, sino de la fuerza que viene del cielo”; un perseguido del establecimiento que comenzó su pelea en un sótano, a quien los medios y los políticos escondían y silenciaban y levantó la voz para ser escuchado sin intermediarios, difundido por el boca a boca de la gente.

Hace dos años Javier Milei era marginal en la política Argentina, sus rivales decían que era simplemente un performance, una película con taquilla en las redes pero sin votos, sin estructura electoral. Pero en las elecciones a la asamblea, en noviembre de 2021, sacó casi 14%, un poco más del 17% en Buenos Aires y 20% en las comunas más pobres de la capital. Milei pasó de la televisión a la política y sabe mucho de entretenimiento. La rabia es uno de sus argumentos, odia al Estado que según sus palabras solo genera pobreza, detesta al “zurderío” que es una máquina de pobreza, grita por Bolsonaro en Brasil, por Kast en Chile, por Vox en España y consulta a Bukele y sus planes de seguridad. También Trump tiene protagonismo en sus trases de combate: “Vamos a hacer de nuevo a Argentina una potencia mundial”. En Colombia estuvo hablando de economía cuatro días antes de la segunda vuelta presidencial y entregó sus consejos: “No dejen que los zurdos les roben la libertad, porque una vez que la pierden es difícil recuperarla. Hay que entender que el socialismo no es un adversario honesto, sino que es el enemigo”. En algo se parece su figura a la de Rodolfo Hernández en las presidenciales, en sus gritos y sus insultos, en esa indignación histriónica, en su llamada al mercado y su desconfianza a la Estado. Luego de la victoria de Petro, Milei llamó “tibio socialdemócrata” a Iván Duque y dijo que tenía parte de la culpa en la llegada de la izquierda al poder. Un poco al estilo María Fernanda Cabal.

Parece que en América Latina se viene una buena camada de personajes estilo Milei. Bolsonaro, Kast y Bukele lo han anunciado y ahora Milei muestra que en Argentina, donde no parecía haber mucho espacio para su discurso, también hay una indignación que mueve mayorías hacia una derecha extrema apoyada en el discurso anticorrupción: “Esa aberración llamada 'justicia social', que es injusta porque implica un trato desigual frente a la ley y está precedida de robo”.

Según su discurso los derechos provienen del abuso estatal, las leyes solo ayudan al atraco de los políticos, todo lo que no esté alineado a la orilla extrema es izquierda o tibieza que ayuda al socialismo. Milei es una fábula con grandes riesgos, con gustos por la aniquilación de sus rivales: en su bandera están leones y halcones devorando corderos y palomas.