lunes, 29 de diciembre de 2025

Gravitosos

Hace unos días, bajando en bicicleta por la vía Las Palmas, en una de las lomas al Suroriente de Medellín, un pelao de unos 16 años me alcanzó, se hizo al lado y me saludo con una sonrisa cómplice, “eso cucho, ya hizo la tarea”, “eso”, le respondí y siguió hablándome con unas palabras que se deshilachaban con el viento, pero entendía su alegría, la compartía. Yo había subido unos 10 kilómetros y bajaba disfrutando del frío, del alivio del corazón y los pulmones. El pelao me miraba también con algo de condescendencia, se burlaba de mi esfuerzo acumulado. Pero esa velocidad nos igualaba, nos hizo coequiperos por unos 200 metros.

Uno más de los gravitosos que bajan desde Santa Helena, El Boquerón, La Medellín-Bogotá y Las Palmas. Suben con el gancho y descuelgan con la parca, con sus ciclas bajitas, con asientos de Monareta, inútiles para las agonías del ascenso, hechizas para las osadías de la caída libre, bicis pesadas, prestadas, consentidas.

Todos esos adolescentes tienen exceso de calle y carretera. Les sobra tiempo, les falta algo que haga más liviana la vida, algo que los haga sonreír con el simple empujón del pie contra el asfalto: un solo impulso y al goce del abismo. Neas jugando a ser Valentino Rossi o Pedrosa. Punketos que afilan la cresta con el viento y ponen las botas de puntera al servicio de la gravedad. La policía destruye sus ciclas o las decomisa o los baja a pata. En su momento los paras los querían borrar del mapa, eran indeseables y desafiantes, como si solo ellos pudieran decidir quién moría, les daba rabia que se mataran por cuenta propia en esas rutas. Y la gente celebra por redes sus muertes en la carretera, los odian por insolentes, por locos, por drogos, por anónimos, por el ansia de celebrar una muerte.

Luego de ese saludo en Las Palmas, de nuevo pedaleando por esa cuesta de 16 kilómetros, vi subir, pegados del gancho, a una pareja en su bici chaparra. Ella atrás, abrazada al pelao que llevaba la manija con la cuerda, siempre pendiendo de un hilo. Iban respirando el humo negro del bus. Unos kilómetros arriba, estaban parqueados en la orilla de la carretera, bajo la sombra de un bambú amarillo y frondoso. Ella sentada sobre el largo sillín y él acurrucado sobre el marco. La escena romántica de una road movie salvaje, si me perdonan la redundancia. Se turnaban el Bon Bon Bum y el pequeño frasco de Sacol. Hablando pasito, con risas adormecidas, haciendo una pausa psicoactiva.

La noche de ese mismo día me enteré que un pelao, un gravitoso, se había matado bajando Palmas, vi su bicicleta desbaratada contra una cuneta y la sábana blanca sobre el cuerpo del piloto. Según las noticias el pelao tenía 17 años y su novia quedó herida de gravedad, -con ese humor negro involuntario reportaron el hecho algunos medios- ¿Serían los jóvenes que vi iluminados durante unos segundos bajo ese guadual? ¿Los mismos que iban a bajar engalochados en un abrazo? ¿Amigos del pelao que me saludó unos días atrás?

También he visto en estos días las flores de plástico que brotan en las orillas de las carreteras en diciembre. Cuando los muertos aparecen con más fuerza en la memoria y es necesario acompañar esas cruces sencillas, esa seña tan simple de no más de 20 letras y 10 números sobre unas tablillas. Tal vez en unos días pueda leer su nombre en una de esas cruces.

Los homenajes de sus compañeros serán bajando acostados sobre el marco, con una gorra, un anillo, un peluche del difunto colgados del manubrio. Y con un tatuaje borroso y menos miedo a la muerte en carretera. El vacío es el llamado de esos pelaos que todavía no se gradúan en las motos, que piratean en las carreteras y han visto la muerte en muchas curvas, en las aceras de sus barrios, desde las ventanas de sus casas altas que también miran al abismo.

 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

La política estéril

 


Análisis de las eleciones en Chile

 Amplio rechazo a la nueva Constitución - Jacobin Revista

Chile cumplió seis años de una agitación política estéril para los grandes cambios y predecible para su historia reciente de alternancia democrática. Los bandazos electorales han sido la constante en las nueve elecciones disputadas en apenas seis años, entre plebiscitos, elección de delegados constituyentes, votaciones parlamentarias, presidenciales y regionales, que han descrito una especie de indecisión ciudadana, movida entre los arrebatos revolucionarios y la prudencia conservadora, los impulsos reaccionarios y a la estabilidad de los derechos constitucionales.

Luego del estallido social de 2019 todo el país habló de un descubrimiento: la sociedad no era tan mansa y satisfecha, el gobierno no era tan justo y conciliador, la era democrática no había traído prosperidad compartida, la política era también una batalla y las heridas de la dictadura no habían cicatrizado del todo. Ese nuevo país, o mejor esa nueva conciencia, necesitaba cambios profundos, nada de retoques.

De modo que vino la primera elección como una especie de pacto luego de la tormenta. En octubre de 2020 el 78% de los electores votaron SÍ un cambio constitucional, era la gran demanda del estallido social y la sociedad parecía entenderlo, al menos el 50% de quienes participaron en ese referendo. Solo 8 de las 346 comunas del país votaron NO al cambio. Luego vino la elección de la convención constitucional en mayo de 2021 coincidiendo con las elecciones regionales. La derecha, agrupada alrededor del presidente Piñera, solo obtuvo el 20% y no logró la tercera parte de los escaños para ejercer el veto en las deliberaciones, los candidatos independientes fueron la gran sorpresa, 103 de los 155 miembros de la Convención no tenían militancia partidista tradicional, y el Frente Amplio de Boric obtuvo la votación más amplia en la izquierda que vio derrotadas a sus miembros más moderados. La nueva constitución se redactó y en septiembre de 2022 el 62% de la población rechazó el texto. Paradójicamente el exceso de independientes hizo que la explosión de propuestas dificultara la posibilidad de acuerdos sólidos. Hizo falta el papel articulador de los partidos. Además, el texto fue percibido como una exigencia de la izquierda y las mayorías prefirieron aplazar los cambios.

Vino entonces la elección de un nuevo Consejo Constitucional donde la derecha logró las mayorías. Pero un año y tres meses después, en diciembre del 2023, las mayorías volvieron a decir NO. El 55% de los electores votaron en contra de la nueva propuesta constitucional. Ahora la gente percibía el texto como el plan de gobierno de la derecha liderada por José Antonio Kast. Las demandas del estallido no estaban por ninguna parte y la ciudanía se había cansado de las discusiones constitucionales. La política parecía incapaz de resolver las preocupaciones ciudadanas respecto a la seguridad y la economía. Las mayorías tampoco querían un retroceso en derechos a las mujeres y las minorías. Boric cerró el capítulo de manera escueta: “Las urgencias son otras”. Ahora el 60% de los chilenos decían no querer más discusiones constitucionales.

Dos años después de esa derrota de la derecha, su representante más extremo, el mismo Kast, acaba de ganar las elecciones con más de 17% puntos de ventaja. Una lección para los arrebatos constitucionales, la política espectáculo de los influencers, la erosión de los partidos y las reformas impuestas desde una facción ideológica.

Quedan algunas conclusiones. Los triunfos electorales siempre son más parciales y limitados que la retórica fundacional de muchos políticos, solo acuerdos mínimos son duraderos y los electores no responden al fetichismo normativo. El Chile más convulso desde el regreso de la democracia se movió de derecha a izquierda y de izquierda a derecha y el péndulo solo entregó desengaños y promesas incumplidas. Solo hubo un gran cambio: el voto se hizo obligatorio.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Noche de aguinaldos

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El presidente Petro decidió transmitir la entrega de regalos del gabinete ministerial en horario estelar. Invocó la luz de navidad que significa esperanza y transparencia: “Todo será austero –dijo Petro– al estilo de Jesús, el hijo del pecador, el niño del pesebre calentado por el aliento de los bueyes”. No hubo renos ni gorros rojos ni nieve falsa. Tampoco las panderetas de alambre con tapas de bebidas azucaradas. Los ministros llegaron cumplidos y nerviosos con sus regalos, todos con maracas con el sonido de las semillas ancestrales: “Son el latido del corazón del mundo –dijo Susana Muhamad en declaración a RTVC. “Ven, ven, ven…” pidieron los ministros hasta la media noche cuando apareció el presidente.

“Vengo de leer la biblia, instrumento de investigación y análisis, y quiero empezar con los regalos para dos migrantes perseguidos… Carlos Ramón y Laura”. Para el camarada Sandinista hubo un tiquete de ida a El Salvador, país vecino, incluyó tour a la Mega Cárcel del Cecot con dos noches y tres días de alojamiento. Y para Sarabia un tiquete de regreso y la jefatura de la Dirección Nacional de Inteligencia: “sabrá anticipar la verdad así le toque bajar a los sótanos fríos”, remató Petro.

El presidente siguió con Francia Márquez y hablando con la prudencia que hace verdaderos sabios le soltó su buscapié: “Ya le di un ministerio y lo dañó como juguete barato. Ahora voy a la fija, traigan el Software de Excel, ¡hay que ejecutar! Y el ajustico de la tarjeta de 35.000 de Netflix para la compañera”. Márquez le agradeció con su habitual mirada amable y le entregó un sacapuntas metálico: “Valió 550 presidente, austeridad, el borrador se lo quedo debiendo”.

“Venga Ministro Jaramillo, aquí le tengo el detallito. Un juego de tapabocas, medicina preventiva.” El ministro agradeció con una venia y le entregó al presidente una caja de Bonfiest: “Con moderación se goza más”, le dijo Jaramillo.

El siguiente llamado fue para Benedetti que lo recibió alegre con su aire de Rey Mago: “Yo también tengo amigas peligrosas. Bono en el Ménage Strip Club y Carnet del Sisben para que le ruegue a las prepagadas usureras”. Benedetti agradeció la enfermedad y la cura y le entregó en sobre cerrado una invitación anónima. “Es no cover, presidente”.

“Venga marica –dijo Petro llamando a Florian– aquí está su espada rosa, una espada libertadora de las masculinidades, la espada de un seductor”. El ministro se puso rojo y le entregó al presidente la bandera de la “guerra a muerte” en versión arcoíris.

“Rojas Medellín Daniel”, llamó el compañero presidente. “Un estudiante con ganas, aquí está su maestría de la San José para que deje de hacer tareas y se ponga a trabajar”. “Gracias, presidente, yo le traje un programa de contrainteligencia artificial, DASGPT”.

Pedro Sánchez recibió en postura marcial su regalo. “Un libro sobre los niños del Guaviare para el ministro de defensa”. “¿Cuáles niños?”, preguntó el ministro. Siguió un incómodo silencio y la necesaria aclaración: “la historia de la familia Mucutuy, general”.

A la ministra del deporte le regaló el presidente un cita para conocerlo y a la de ciencia el borrador de su libro de matemática cuántica. De dos ministras no pudo recordar el nombre y les entregaron anchetas del DPS. Al ministro de minas y energía le entregó su pipeta de gas y a Sanguino le dio tres días de licencia no remunerada y un bono en el Fruver de Racero.

“Y usted ministro de hacienda, me dicen que los blanquitos del Banco de la República lo invitaron a comer buñuelos, pues pasa la ley de financiamiento o por aquí no come natilla”.

Para cerrar el presidente le mandó un mensaje musical a Iván Cepeda, “Si el año pasao' Tuvimos problemas Quizás este año Tengamos más…”