miércoles, 16 de septiembre de 2015

Análisis del discurso




Si a los discursos inflamados de Hugo Chávez se les hubiera aplicado la misma lógica del derecho penal que a los discursos enardecidos de Leopoldo López, es seguro que el expresidente habría muerto en la cárcel. Chávez era un experto para la diatriba y la arenga, para la sátira a sus contrincantes y para convertir las canciones populares y los refranes en himnos de guerra. Un palabrero del odio y la instigación como pocos. Los “escuálidos” lo saben muy bien, y las milicias bolivarianas aprendieron bajo su voz  a convertir los agravios risueños en golpes francos.
Durante el juicio a Leopoldo López se analizaron cuatro de sus discursos anteriores a los hechos violentos de febrero de 2014. La defensa pidió que se incorporaran los treinta y dos discursos previos a las “guarimbas” que dejaron más de cuarenta muertos, pero a la juez le pareció irrelevante tanta monserga de megáfono. Lo que en realidad resultó clave para la condena fue el análisis “discursivo y prosódico” hecho por Rosa Amelia Asuaje León, una lingüista de la Universidad de los Andes de Venezuela. La señora Asuaje León entregó como perito de la fiscalía cerca de 24 horas de declaraciones y un informe de 131 páginas. Muy pronto el derecho penal se convirtió en un juego de especulaciones académicas y aparecieron Aristóteles, Herácles, Glauco y otros testigos de ocasión. Ahora se trataba de desentrañar las intenciones de un discurso, de traducirlo, de hacerlo peligroso por la vía del ovillo de la experticia. Ya no solo valían las palabras sino los acentos, las pausas y el “Ethos del enunciante”.
Las palabras de la señora Asuaje comienzan con el enrarecimiento de la obviedad: “…todo discurso se realiza en función de una intencionalidad preclara por parte de quien lo construye en su mente y luego lo emite para que sus receptores lo escuchen o lean y actúen en consecuencia”. Hasta ahí todo parece parte de una inofensiva y empalagosa jerga académica que necesita oscurecerlo todo. Pero esa especie de transcripción encriptada sigue avanzando para explicar el discurso original y cargarlo de amenazas: “es evidente y convendría que el orador dispusiera con su discurso a los oyentes de manera que estuvieran en la disposición de los que están enojados, y a los contrarios poseedores de culpas tales que merezcan se sienta ira, y con cualidades que hagan sentir ira”. Para la experta el discurso intenta que la gente se identifique con el orador, que le hierva la sangre al oír las culpas de sus rivales y que tome conciencia de que es necesario un cambio de rumbo en la democracia. Eso podría decirse de los discursos de los políticos en todas las plazas públicas del mundo, pero en Venezuela resultó ser un delito. La conclusión fue que el “emisor” había llevado a sus oyentes a identificar al gobierno de Maduro como antidemocrático y los había incitado a “obrar” para lograr el objetivo de sacarlo del gobierno.
Durante el juicio no importó que la señora Asuaje León fuera cercana al Partido Socialista Unido de Venezuela ni que hubiera escrito, durante los últimos 4 años, 24 artículos para www.aporrea.org, uno de los sitios insignes del chavismo radical. En uno de esos artículo se lee esta frase digna de un perito con muchos peros: “Mientras haya una dirigencia opositora en este país que se detenga en distractores mediáticos: los abyectos del pasado y los insustanciales de ahora, no será posible que remonten una elección más. Les falta pueblo, dignidad, originalidad y sobre todo ética”.

De la mezcla del derecho penal y la cháchara académica pueden resultar los más peligrosos ladrillos. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Los señalados





En muchos municipios del país la elección del alcalde ha sido siempre un asunto de obediencia debida o pagada. Importan más los padrinos que los candidatos. De modo que todo termina en contrato y poder por interpuesta persona: el elector vota por un jefe encargado de señalar al candidato, y el elegido gobierna según las señas, las mañas y los intereses de su poderdante. En el camino han resultado electos escoltas, conductores de volqueta, sobrinos turbios, primos bobos, concubinas, consortes y ahijados sosos. Los pueblos son un poco más dados que las ciudades a sufrir de esa jefatura que devalúa el poder del votante y las capacidades del elegido.
En Medellín se han quemado los candidatos de algunos barones en su mejor hora: de los Valencia Cossio, de Luis Alfredo Ramos, de Bernardo Guerra Serna. Incluso en la pasada elección los candidatos de Uribe a la alcaldía de Medellín y la gobernación de Antioquia fueron derrotados. El expresidente no tenía partido propio y su figura era codiciada en la tarima y desobedecida en los directorios. Uribe terminó haciendo campaña con desgano a manera de castigo para los desobedientes.
Pero el expresidente ha vuelto con bríos y un muñeco inflable a falta del don de la ubicuidad. Según una última y dudosa encuesta Medellín estaría cerca, a pesar de sus alardes de innovación, su presupuesto billonario y su facha pantallera, de elegir alcalde con la lógica de los pueblos con patrón de plaza. Siguiendo los modales democráticos de Bello o Tuta, de Lorica o Cereté, de Majagual o Itagüí. El señalado de turno es Juan Carlos Vélez Uribe, quien tiene como grandes virtudes el juego trocado de sus apellidos, haber prestado servicio militar en Urabá y ser un incondicional hasta rayar con la devoción. Cuando le preguntaron hace cinco años qué papel jugaría Álvaro Uribe en la política luego de terminar su periodo, dijo con convicción que el país buscaría que fuera “como una especie de ‘papá’ del próximo presidente”.
Lo triste es que el hijo adoptivo de Uribe Vélez no conoce la ciudad que pretende gobernar. No vive en Medellín desde hace al menos 15 años, cuando fue elegido para regentar la Aeronáutica Civil, luego fue congresista de la mano de su acudiente y más tarde director de Anato como periodo de vacaciones. Desde que fue concejal de Medellín entre 1994 y 1997 el ahora candidato no ha planteado una sola idea respecto a la ciudad. Su lema es la seguridad y es seguro que no sabe que la actual administración ha doblado en presupuesto en ese campo, que se han firmado acuerdos con la fiscalía y la ciudad cuenta con una unidad especializada para homicidios, que hay estudios de la academia que se ejecutan con policías en las calles. Lo suyo es el manido y riesgoso discurso de las redes de cooperantes, la ciudad vigilada con drones, los chips instalados en las motos. Un policía con un visor nocturno es su idea de seguridad.

Por simple madurez, Medellín debería elegir entre quien ya se probó en un periodo y ha dedicado su vida a pensar y escribir sobre los problemas de la ciudad y quien fue su concejal en dos periodos recientes, ya se mostró una vez como candidato y ha entregado durante años respuestas concretas para los problemas concretos, y no un libreto viejo dictado por otro. Salazar y Gutiérrez, con discursos opuestos muchas veces, son candidatos que se pueden descifrar, que han propuesto y han actuado, que no piensan en Iberia cuando oyen Tenerife y no necesitan la bendición de su tutor. Siempre será mejor un alcalde con fogueo que la pálida ficha del corifeo. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Migración Colombia





Hace unos días la OEA publicó su informe Migración Internacional en las Américas, un estudio con las cifras oficiales y las rutas de los migrantes en el continente. Los datos fríos de las fronteras calientes, los puntos de llegada de quienes buscan legalmente, con los papeles en orden, un país como opción o refugio. La primera evidencia es que apenas está comenzando el intercambio entre vecinos donde antes se miraba casi exclusivamente al norte. Entre 2009 y 2013 la migración entre países de América, excepto Estados Unidos y Canadá, creció un 39%. Argentina, Costa Rica, Venezuela y Chile son los destinos preferidos. Sin embargo, todavía los inmigrantes representan un porcentaje muy pequeño de la población, 1.4% en América Latina y el Caribe comparado con el 15% en Estados Unidos y Canadá. Somos expertos en aterrizar y todavía recelosos para recibir.
América Latina debe acostumbrarse a que desde Estados Unidos y países de la OCDE lleguen sobre todo turistas. Quienes arriban con pasaporte extranjero y con intenciones de quedarse, son sobre todo los vecinos inmediatos, los mismos de los picos de confraternidad o xenofobia según los humores políticos y los ciclos económicos. En los países andinos el 63% de los inmigrantes provienen de la misma región, y en muchos casos la mayoría llegan desde un mismo país: los nicaragüenses a Costa Rica, los bolivianos y paraguayos a Argentina, los colombianos a Venezuela. En promedio, el 57% de todos los emigrantes de los países de América Latina se concentran en un único país de destino.
Ya sea por la violencia interna o por condiciones de exclusión, por virtudes comerciales y afanes aventureros o por simpe tedio al patio patrio, Colombia está en los primeros lugares en las listas de emigrantes en el continente. En 2013 fue el tercer país que más dinero recibió por remesas (4000 millones de dólares) después de México y Guatemala. Si se mira el número de emigrantes a Europa solo estamos por debajo de Ecuador, y cuando volteamos a Estados Unidos los colombianos son la legión más numerosa luego de México, Cuba, República Dominicana y El Salvador. Además, somos la mayoría de migrantes en Venezuela, cerca del 70% del total; lo mismo que en Ecuador, donde la mitad de quienes han llegado a vivir desde el exterior son compatriotas. Sin olvidar las grandes rutas que se han abierto en los últimos cinco años desde nuestras ciudades hacia Argentina y Chile.
Los números del informe de la OEA dejan por fuera las grandes migraciones ilegales y las indiscutibles empresas de fleteros, expertos en el gota a gota, narcos y demás que viajan desde Colombia. El narcotráfico y el conflicto interno nos han hecho emprendedores en “tecnologías” criminales. El país debe exigir respeto a sus nacionales pero ser realista respecto a algunas acusaciones. Y sobre tomar decisiones con pinzas para no exponer a los millones de colombianos que viven afuera. El 40% de nuestros emigrantes legales viven en Venezuela y Ecuador, nuestros grandes rivales políticos. La paradoja de todo esto es que mientras la unión Europea nos abre las puertas para entrar sin visa, nuestros vecinos inmediatos parecen cada vez hostiles a la presencia de colombianos en sus países. La indignación interna y el oportunismo político pueden terminar marcando las casas de los millones de colombianos que forman la segunda ciudad del país tras la frontera.


martes, 25 de agosto de 2015

Venezuela inaudita







Venezuela sufre todos los síntomas de una paranoia automedicada. Un régimen acorralado por las cifras, las encuestas, el crimen propio y ajeno, el desprestigio internacional y una camarilla militar solo puede sobrevivir con la excitación de sentirse perseguido. El miedo y los fantasmas son la principal motivación de Nicolás Maduro y el PSUV. El gobierno de Venezuela no está enfermo de xenofobia, su pelea no es contra los colombianos, su pelea es en realidad contra los ciudadanos que no pertenecen al partido de gobierno, y entre ellos, los más fáciles de atropellar son los colombianos. Pero hay garrote para todos.
Los vecinos han pasado de la Venezuela Saudita a la Venezuela inaudita. La realidad va separando a los gobiernos de los marcos estrechos de las leyes, los tiempos difíciles convierten la constitución en una “bicha” inútil, blanda, sin los dientes necesarios para hacer frente a los “grandes desafíos”. Hace 15 años, cuando Chávez apenas se acomodaba en su silla, su candidato a la alcaldía de Caracas, Alfredo Peña, soltaba una frase que todavía retumba en Venezuela: “Yo voy a empeñarme en que se eche plomo al hampa. Y plomo cerrado”.  El hampa apenas comenzaba a crecer de la mano de las milicias bolivarianas y todavía faltaba cruzar un periodo en el que la policía combatía a los delincuentes con la simple sirena de las patrullas. Era el momento de la fraternidad. Pero las cosas han cambiado y llegó la hora del plomo cerrado. El mes pasado el gobierno mostró con orgullo la muerte de 14 supuestos delincuentes en un lugar conocido como la Cota 905, en Caracas. Según la prensa la policía ahora prefiere las bajas a las capturas. Y en medio del desespero una buena parte de la ciudadanía aplaude.
Los alcaldes han ido tomando nota de los nuevos modales y han comenzado a implementar sus propios castigos. El código penal venezolano también ha sufrido devaluación y han llegado los mercados paralelos. Hace 15 días el alcalde de Puerto Cabello, estado de Carabobo, decidió que los “bachaqueros” –revendedores y contrabandistas al menudeo– sorprendidos en su juego serían uniformados al mejor estilo de Guantánamo y obligados a barrer las calles bajo el escarnio de un letrero en la espalda. En el estado de Aragua también gustó la idea y ya se ven fotos de los bachaqueros con su overol y su escoba. Las declaraciones de los alcaldes dicen que merecen el castigo por jugar con los derechos del pueblo.
Luego del cierre de la frontera el gobernador del Táchira, José Vielma, lo ha dicho muy claro en su cuenta de twitter: “El pueblo está feliz por lo que hacemos con la OLPEspecialTáchira, la oposición está triste. #BastaDeParamilitarismo”. Habla del cierre de frontera, la deportación masiva y la restricción a seis libertades básicas en seis municipios del departamento. Desde hace tiempo la guerra partidista pasó por encima del Estado en Venezuela, y gran parte de las medidas son para asegurar un control económico, ilegal muchas veces, y para satisfacer una venganza a los contradictores.
El petróleo cerró ayer a 38 dólares, las peores encuestas para el gobierno dan una ventaja de 38 puntos a la oposición de cara a las elecciones de la Asamblea Nacional, Maduro y su gobierno pronto soltarán el pretexto vendedor de arremeter contra los colombianos e irán en contra las mayorías cansadas del PSUV, entiéndase las mayorías “enemigas del pueblo”.






martes, 18 de agosto de 2015

Fábula de tres ciudades






La ciudad está en el centro de un valle estrecho desde donde se extiende a las laderas del oriente y el occidente. Hace más de 100 años exhibe sus galas comerciales e industriales. Cada tanto los arrebatos de orgullo la impulsan a clamar por su independencia o su vocación capitalina. Un gran palacio metálico rodeado por un foso, cerca al río, encarna uno de sus grandes poderes. También un edificio de cristal, en la orilla del mismo río, cuidado por un hombre en la postura del pensador, se levanta como una insignia de su imperio económico. En las ciudades satélites en el sur y el norte, “simples bodegas y rezagos de empresas en decadencia”, están las plantas de tratamiento del río. Esos suburbios sirven de filtro para purificar aguas negras que entran y salen de la ciudad.
Los habitantes de la ciudad central han mirado por mucho tiempo a las ciudades periféricas como sencillos campamentos para sus trabajadores. En “La Ciudad” se precian de haber encontrado una nueva forma de elegir a sus príncipes. Ya no pesan tanto los colores rojo y azul que por años marcaron las disputas, ya no se obedece tanto al jefe de turno, ya no se empacan las papeletas en un sobre marcado, ya hay más conciencia ciudadana, dicen. El último de los grandes príncipes, antes llamados caciques, hombre del bando rojo, arrió sus banderas en una derrota hace más de 15 años: “Claro que soy clientelista. Es que a mí me gusta ayudar a los amigos y a los pobres. El que tiene clientela es porque hace bien su trabajo...”
Por su parte, algunos trabajadores de los príncipes de la ciudad central -edecanes, secretarias, notarios, conductores-, habitantes de la periferia, siguieron eligiendo sus mandamases bajo los métodos sabidos. Ordenaban a su gente en fila, le entregaban el ficho asignado a cada ciudadano-cliente y le daban un trabajo, una beca, un subsidio, una promesa. Saben llevar las actas necesarias y son unos genios para la contabilidad. Cuando los papeles no son suficientes para mantener el orden tienen hombres dispuestos a gruñir y a algo más.
Ahora las ciudades satélite en el sur y el norte se han unido bajo el color azul de dos grandes contadoras de becas, puestos y votos. Las señoras, que no son bobas, han comenzado a copar el centro desde la periferia. Una pequeña revolución de secretarias contra sus antiguos jefes se urde desde las bodegas, las oficinas y los garajes ubicados en los extremos del valle. Ahora han decidido ir por la gobernación del reino. Hacen su política en silencio, sin discursos, sin apelar a las utopías ni a la adrenalina de la indignación o el prócer de turno, solo necesitan el número que se debe marcar al momento de la elección, y sus listas y sus actas. Son expertas en inventariar huellas dactilares.
Poco a poco la ciudad central irá cediendo su poder frente al orden sin escrúpulos que se ejerce desde los límites. Los filtros para las aguas turbias se irán deteriorando y el centro y la periferia se regirán bajo una misma lógica. Será necesario ir hasta las estaciones del Metro en las ciudades del sur y el norte para inscribir la cédula y marcar la cara del posible príncipe. Un escritorio con cajones de doble fondo, pluma y huellero será el nuevo escudo del reino.





miércoles, 12 de agosto de 2015

Ayuno íntimo





Iba en busca de una leyenda familiar. Un lugar descrito mil veces con las mismas historias y casi las mismas palabras, imaginado de formas distintas, acompañado con la sencilla certeza que dejan las fotos en un álbum ya borroso. Tenía solo los nombres de la escuadra formada por dos calles: Seminario con Juana de Lestonac. Hace 50 años una pareja de recién casados en Medellín terminó viviendo en el primer piso de un edificio sobre esa calle con nombre de Santa en la capital chilena. Medellín era una naciente ciudad con ínfulas y Santiago de Chile estaba en la cola del mundo para la joven pareja de montañeros. Allá nació su primer hijo, una “guagua” según se le llamó siempre señalando las fotos del bautizo, y siguiendo el bautizo que los lugareños les dan a los bebés.
El taxista debió preguntar dos veces por radio a sus colegas sobre esa encrucijada tan extraña y caprichosa para un turista. Cuando supo dónde diablos quedaba la sacra dirección me examinó por el retrovisor y me preguntó qué iba a buscar a ese sitio. Salí del hotel solo, sin contarle a nadie de mi excursión, convencido de que caminaba hacia el más personal y desconocido de los destinos. Pero un minuto más tarde ya le había revelado al taxista de turno mi peregrinación, los anhelos de mi viaje mítico, las expectativas de quien espera encontrar un rastro venerable, una emoción en las rejas que cubren un jardín común entre dos edificios rojos de cuatro pisos. Al bajarme el hombre me miro con algo de compasión y complicidad, intentando entender mi recorrido. Estuve cerca de leerle una frase de Proust que llevaba como antídoto y amuleto para acompañar ese paseo de nostalgias inventadas: “Lo mismo que esas personas que salen de viaje para ver con sus propios ojos una ciudad deseada, imaginándose que en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado.”
Cuando llegué al lugar exacto, silencioso en la tarde de una afortunada huelga de maestros, me di cuenta que mi excitación me delataba. No había sido solo el olfato del taxista y la dirección atípica, ahora, mientras miraba los edificios, los carros, las tiendas y las abuelas cargando a las guaguas en el parque, un hombre me gritaba desde la acera opuesta, me preguntaba cuál carro me interesaba comprar y me señalaba una reliquia azul, cubierta de lo que parecía un polvo de cincuenta años. El hombre era el loco del barrio, lo delataba su tono y la cara risueña de los transeúntes que vieron la escena. Ahora no solo había sido descubierto al dar el primer paso sino burlado en el momento extático. Al frente una tienda lucía un aviso que me pareció una burla: “Llegó carbón”, decía con letra chueca sobre cartón. Un anuncio escrito para otro tiempo.
Me dediqué a las fotos  y los videos con el teléfono y me convertí en el loco del barrio. Ahora los vecinos me miraban extrañados mientras grababa y disparaba contra un barrio en el que no pasaba nada, mientras anotaba en la libreta y me daba bendiciones en ese lugar rodeado de calles intimidantes: Monseñor Miller, Arzobispo Vicuña, Obispo Salas.
Era el momento de entrar a la iglesia de los Santos Ángeles Custodios. Estaba absolutamente vacía. Solo risas y cuchicheos tras una puerta lateral que llevaba a la sacristía. Fui hasta la pila bautismal, toqué su pequeño foso húmedo, frío, la misma cavidad de los primeros tiempos de una historia familiar, de ese “pequeño reino, como llaman los sentimentales a la familia”.
Al final, ya sentado en la mesa de un restaurante, concluí que el hambre de quien a las cinco de la tarde ha tenido como almuerzo tres cervezas, había ayudado mucho a mis arrebatos de viajero en el tiempo. Entendí la importancia del ayuno para los místicos y sus visiones.  



martes, 4 de agosto de 2015

Extinción y dominio






Alberto Durero dibujó en 1515, basado en una descripción escrita, un rinoceronte que se convirtió en el protagonista de fábulas e imaginaciones. Una joya acorazada y rugosa. La criatura era digna de los bestiarios pero tenía la ventaja de haber habitado la “casa de fieras” del rey Manuel I de Portugal y haber muerto ahogado cuando iba camino al jardín del Papa León X. Era un monstruo con itinerario y algunas certidumbres. La descripción que acompaña el “retrato” de Durero hace envidiar los tiempos en que los animales salvajes eran quimeras: “Tiene el color de una tortuga moteada, y está casi completamente cubierto de gruesas escamas. Es del tamaño de un elefante, pero tiene las patas más cortas y es casi invulnerable. Tiene un poderoso y puntiagudo cuerno en la punta de su nariz, que afila en las rocas (…) Se dice que el rinoceronte es rápido, impetuoso y astuto”.
Es posible que en pocos años perdamos buena parte de la realidad de esa naturaleza salvaje y distante. Y nuestra imaginación ya no tendrá el impulso de hace siglos.  Nuestras fábulas serán los documentales de Discovery Channel y NatGeo. Necrologías detallas de especies extintas. Hace poco se le hizo seguimiento día a día a una tortuga macho de la especie de Chelonoidis Abigdonii que vivía en las islas galápagos. Se le llamó Solitario Jorge y se comentó en sus diarios apócrifos el desdén con las hembras de una especie parecida, y los 21 huevos infértiles que dejaron sus intentos azuzados por los científicos.
Los zoológicos se han ido convirtiendo desde hace 25 años en laboratorios contra la extinción. Desde 1989 Europa ha “importado” 61 elefantes africanos y ha logrado 100 nacimientos. Y son también ancianatos para ejemplares de algunas especies en peligro. Para algunos encarnan un Arca de Noé y para otros un circo sin látigos.
Pero la verdad es que poco a poco la Tierra se convierte en una especie de Panaca, una granja donde los establos, los galpones, los corrales y los cercos de ganaderos y pastores imponen las reglas. Y las especies. Gerardo Caballo, biólogo e investigador de la UNAM en México, publicó hace poco un estudio que se pregunta si no estamos frente a la sexta extinción en masa en el planeta. Las cifras parecen dar una respuesta afirmativa. Por razones de facilidad en la verificación su estudio se limita a los vertebrados: desde 1900 hasta hoy, en circunstancias geológicas normales, se deberían haber presentado 9 extinciones. Sin embargo los cálculos más conservadores hablan de 468 entre mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces. Por su parte un estudio del profesor Vaclav Smil, de la Universidad de Manitoba, afirma que si medimos solo la masa, los humanos ya representamos una tercera parte de los vertebrados terrestres. Y nuestros animales de engorde, diversión y trabajo agrupan la mayoría de las dos terceras partes restantes. Los animales salvajes “encarnan” solo el 5% de la masa de los vertebrados terrestres en el planeta.
Hace un año cazadores mataron Satao, el elefante más grande del parque natural Tsavo, en Kenia. Hace un mes el turno fue para Cecil en Zimbawe, un león que también era la estrella de una reserva natural. Casi posaba para las fotos. Cada año mueren más de 25.000 elefantes a manos de cazadores en África. Más de 400 cabezas de leones llegaron a España el año pasado como trofeo de caza. Tal vez sea mejor dejar de esterilizar a los hipopótamos del Magdalena medio.