miércoles, 11 de octubre de 2023

Diplomacia activista

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La reiteración es la gran fuerza del activismo. Los estribillos, la reacción automática y airada, son sus formas más comunes. Y las banderas, las manillas que acompañan las certezas. La militancia en el fondo (las ideas) y en la forma (los símbolos y los métodos). El activismo no se equivoca, cuando fracasa es porque falló en su convocatoria, por falta de compromiso, nunca por carencia de reflexión o de dudas, esas son cosas de acomodados, de desleales que no quieren levantar el puño.

El presidente Petro ha demostrado que sus convicciones de activista son más fuertes que las obligaciones un poco más silenciosas de los gobernantes. Petro quiere marchar, empuñar sus ideas cocinadas por años en las mismas aguas, pugnar para que el mundo cambie, nunca resignarse al escritorio. Los documentos gubernamentales son, para el presidente, cosa de burócratas, los decretos limpios, asunto de rábulas, la política internacional, embelecos de la conveniente diplomacia. La agitación, los trinos incomprensibles por el enojo, la inspiración del discurso por encima de todo. Esa es la esencia de Petro.

Las reacciones del presidente frente al ataque de Hamás mostraron mejor que nada su tendencia al activismo en el poder. El comunicado de la cancillería fue cambiado por las disputas tuiteras y las citas a Al Jazeera y la recomendación de documentales militantes. Frente a un ataque terrorista Petro emprendió la tarea de explicar el largo conflicto entre Israel y Palestina con la pañoleta de un bando amarrada al cuello. Al leer sus trinos es difícil no entender las armas del odio como resistencia legítima.

Hamás, por supuesto, no es el pueblo Palestino, sus misiles y su afán de destrucción los provee el fanatismo iraní que seguro no gusta a Petro. Y el ataque busca hacer inviable un acercamiento entre Arabia Saudita e Israel, que seguro gusta a Petro quien pide una conferencia de paz y se siente muy orgullo de eso. Así como el pueblo judío no es solo el extremismo de Netanyahu, ni su afán por hacerse al poder absoluto en su país y darle cada vez más poder a los fanáticos ultraortodoxos. Lo peor del activismo es tener muy claras las respuestas antes de enfrentar los hechos por venir, no tener reparos frente al pasado ni al futuro. En semejantes temas el presidente resultó ser el profesor incapaz de cambiar el tablero que ha rayado por siempre. Boric, Lula, Fernández condenaron el terrorismo sin rodeos. AMLO y Petro, expertos en discurrir, soltaron vagos discursos históricos. Su discurso sosegado lleva algo de violencia.

Esas vueltas del presidente, al que sin duda fascinan las “luchas con sentido”, los levantamientos, las resistencias heroicas, recuerdan las palabras de Bernard-Henry Lévy que advierten frente a esas “guerras justas”, y su sospecha de que “las guerras con sentido son las más sangrientas (…) y el hecho de dar sentido a lo que no lo tiene, es decir, al sufrimiento de los hombres, es una de la jugadas más sibilinas del Diablo, la jugada que sabe, en una palabra, que la mejor forma de enviar a las buenas gentes al matadero es contándoles que participan en una gran aventura o que luchan por salvarse…”

Petro se niega a reconocer que en últimas el conflicto entre Israel y Palestina implica dos derechos enfrentados, dos pueblos que reclaman una misma tierra. Ninguna sangre lo hará cambiar de idea, la historia ya está escrita y los hechos nuevos no afectan sus consideraciones. El gobierno de la potencia mundial de la vida no se ve bien apoyando un extremismo religioso, que como decía Foucault hablando de la revolución iraní en los setenta, “está más preocupada por el martirio que por la victoria”.

 



viernes, 6 de octubre de 2023

Cuando renunciar es huir

 

Entrevista con Daniel Quintero, ex alcalde de Medellín, que fue retirado de su cargo por participación política en favor de la candidatura presidencial de Gustavo Petro. 11 de mayo de 2021.


La mentira comenzó con la simple afiche. Se hizo elegir como independiente cuando tenía detrás una tropa de políticos tradicionales de todos los colores: los godos Óscar Iván Palacio y Carlos Andrés Trujillo, conservadores pero de puestos; el liberal de seis caras de Luis Pérez, quien ha sido Santista, Petrista y se ha elegido con votos de Vargas Lleras y Cesar Gaviria; el exsenador liberal Mario Castaño, protagonista en el más grande escándalo de corrupción de los últimos años; el líder de la ASI en Antioquia, León Mario Bedoya, con cuotas familiares en su gabinete; el inefable Óscar Suárez Mira, conservador condenado por paramilitarismo, con fichas en Buen Comienzo; el exsenador liberal Iván Darío Agudelo, quien ha empujado a Quintero desde 2019… Es lógico, en últimas el exalcalde de Medellín hizo su carrera política como emprendedor del clientelismo, caminando con un maletín en los pasillos de oficinas públicas en Bogotá.

Luego empezó el desbarajuste. La repartija, la corrupción a ojos vista, el cinismo del servidor público que solo piensa en plata y acomodos. Por eso la alcaldía de Quintero nunca tuvo gabinete, solo una registradora burocrática y electoral. Fueron más de 100 cambios en Secretarías, gerencias y entidades descentralizadas. Sus secretarios iban y venían de La Alpujarra a la tarima. Quintero fue el último en saltar.

Y si hablamos de escándalos, por corrupción o abusos, se podría hacer un juego sencillo: tirar al aire una palabra y encontrar el entuerto de su administración. Empecemos.

Covid: 1. La administración se gastó 30.000 millones de pesos adecuando una clínica abandonada donde instalaría cientos de Unidades de Cuidados Intensivos. No funcionó una sola. Fue un simple centro de terapia respiratoria. 2. Cercó un barrio entero, con vallas y militares con fusil, para detener el virus. Experimento bioilógico. Para mayor bochorno el barrio se llama El Sinaí.

Parques: 1. Cercó el Lleras y la Plaza Botero. Acabó con el espacio público y lo puso en manos del filtro discriminador de la policía. Ciudadanos con “presencia” y extranjeros, bienvenidos. Pintas indeseables, me dan la vueltica por fuera de las rejas.

Conciertos: 1. Junta de bolsillo elegía empresarios según se metieran la plata al dril. Las exigencias no eran solo de sonido y pantalla.

Universidad: 1. Metió el Esmad a la U. de A. con apenas un mes en la alcaldía. Ni la extrema derecha se había atrevido a tanto. 2. Salpicó a la U. Nacional con un contrato de 9.000 millones que terminó sirviendo como plataforma publicitaria para sus candidatos.

Jardines: 1. Acabó con uno de los orgullos de la ciudad, ejecutado por la gente del Jardín Botánico, otro de los orgullos, por entregarle el contrato de mantenimiento a sus amigos liberales.

Restaurantes: 1. En solo 8 meses de este año, Quintero y su corte gastaron 185 millones de pesos comiendo a manteles con la caja menor de su despacho. Diana Osorio –alias la Ingestora– alardeaba de los deliciosos almuerzos en sus redes sociales. 2. La exsecretaria de educación y la exdirectora de Buen Comienzo están imputadas por desfalco de 2.000 millones de pesos en los paquetes de alimentación escolar y madres gestantes.

Basuras: 1. Arruinó uno de los mayores logros sociales de la ciudad en años. El basurero de Moravia, historia de nuestras infamias, se había convertido en un espacio sin riesgos, un morro de basura con manejo ambiental y sin riesgo para los habitantes. Con Quintero volvieron las invasiones y el Medellín con tugurios sobre las basuras.

Suelten palabras, al azar, sin pensar, y encontrarán desfalcos y abusos del agitador que dice ser un guerrero.