miércoles, 14 de febrero de 2024

Incendios y un funeral

El presidente de Chile, Gabriel Boric, en el funeral de su antecesor Sebastián Piñera.

Chile viene de un lustro de discordias políticas y sociales. Desencuentros históricos, reclamos y violencia en las calles, descalificaciones desde orillas ideológicas y generacionales. La sombra de la dictadura todavía hace recordar el terror y el desprecio por la vida de un poder impuesto por un bombardeo. Y todavía genera visiones belicosas, posturas en los límites de la democracia retomada, reclamos de sangre.

Hace cinco años el estallido social dejó ver que el sereno Chile de la superficie tenía candela bajo el tapete, que el marco todavía vigente de la dictadura era violencia silenciosa, que había muchos por fuera de la comodidad de ese regreso a la vida republicana. De ahí, en buena parte, salió la elección de Gabriel Boric, de los reclamos convertidos en acometida, fueran justos o no; y ahí estuvo la respuesta del Estado liderado por Sebastián Piñera, con abusos y violaciones de derechos humanos que dejaron jóvenes muertos y mutilados.

Luego vinieron los intentos fallidos por cambiar la constitución heredada de la dictadura. Las encrucijadas de los desacuerdos, el empate inútil que imponen ciertos sectarismos. La primera redacción constitucional, con mayorías de la izquierda, no logró el consenso suficiente a la hora de ser refrendada por los ciudadanos. El triunfo que dejó el estallido se mostró estéril para los cambios institucionales. Entonces vino un segundo intento y la voluble opinión, tan moldeable y ávida de discordias, ya prestaba sus mayorías a la oposición al gobierno, la derecha dura de José Antonio Kast. El texto escrito con la derecha tampoco logró la aprobación popular. Todo el mundo salió derrotado y el statu quo se reía de todo el gasto humano y político en las refriegas de calles y redes. “Durante nuestro mandato, se cierra el proceso constitucional. Las urgencias son otras", dijo Boric entre satisfecho y hastiado.

Ahora la tragedia parece haber dado un nuevo aire a la política en Chile. Primero la devastación por los incendios en Viña del mar que dejaron más de ciento veinte muertos, y luego la muerte del expresidente Sebastián Piñera. Las tragedias pueden tener esa virtud que la estridencia de las alegrías opaca en ocasiones. Puede poner por encima valores más profundos, hacer patentes los dolores ajenos, despertar una solidaridad sin partidos. El expresidente Eduardo Frei, que fue rival de Piñera en las elecciones de 2009, lo dijo claro en su discurso en el funeral: “Que reine la grandeza, que cesen las pequeñeces y las profundas descalificaciones personales”. Algo para pensar en tiempos donde se debaten aplausos o rechiflas en estadios o comparsas.

Pero las palabras que dejaron que ver que la política puede conmover más allá de las bodegas y las arengas, las dijo Boric en el funeral de Estado, adversario duro de Piñera, a quien mucho acusaron de querer tumbarlo durante el estallido. Primero se demostró que no era oportunismo ni sentimentalismo, hacía poco habían hablado sobre las necesidades para atender los incendios y Boric lo consultó en otras ocasiones. Y en el discurso resaltó su postura democrática, hizo un mea culpa al decir que siendo oposición “las querellas y las recriminaciones fueron, en ocasiones, más allá de lo justo y razonable”, reconoció méritos durante la pandemia y la reconstrucción luego del terremoto cuando iniciaba su primer periodo presidencial. Y Camila Vallejo, ministra general del gobierno, mujer del Partido Comunista, habló de Piñera como un político que tenía un “liderazgo difícil de encontrar, que independientemente de las críticas o de las posiciones ideológicas, son capaces de sentarse con quien piensa distinto para avanzar en acuerdos”.

Las llamas pueden apaciguar y la muerte de un adversario tenaz puede llevar a reconocer una cuota de su grandeza. Y la política puede ir más allá del ego y la mezquindad.

 

 

 


miércoles, 7 de febrero de 2024

Déjenme que divague

 


Desde el país de la belleza florecen las oportunidades de salvar a la humanidad de las grandes catástrofes. Guardar el petróleo en el núcleo de la tierra para evitar las guerras, el petróleo del Esequibo debe ser una señal de vida entre las rocas subterráneas y el carbón colombiano debe cubrirse con un manto de vida; y desde el subsuelo iremos al aire para poner a girar los molinos en la Guajira, el segundo lugar del mundo con el viento más poderoso, donde los indígenas convertirán el aire de sus dioses en recursos para sus comunidades. Y ya que hablamos del aire he ordenado construir la gran pista internacional del norte de la Guajira, donde aterrizarán los turistas que embrujamos en Davos, porque queremos que la opulencia del norte traiga equidad al sur. Tome nota Aeronáutica Civil, con letras mayúsculas, pista área en el dorado desierto de la Guajira, el otro Dorado, donde sol nos librará del carbón y su estela de muerte.

También uniremos los océanos para hacer ricos a los territorios olvidados de la Colombia todavía atada por las cadenas de la esclavitud. Ya está en diseños la línea férrea que conectará a Barranquilla con Buenaventura, usando los rieles viejos que dejó la oligarquía destructora y construyendo nuevas vías. No serán solo dos puertos, irán conectados Turbo, Coveñas, Tolú, Cartagena, Santa Marta con un nuevo puerto en Cupica y con Buenaventura y Tumaco. Ah, y con el nuevo puerto de aguas profundas en el Cauca, tome nota ministro, si hay 16 metros de profundidad hay puerto y llevaremos nuestros camarones hasta la China. Haremos de otro modo un canal de Panamá para recuperar el territorio que dejaron perder los gobiernos pusilánimes e imperialistas. Y trazaremos otra vía de conexión entre Cupica y el río Atrato donde las dragas chinas permitirán la llegada de barcos de gran calado. Las organizaciones comunitarias tendrán la voz y el mando sobre estás grande obras.

El agua que nos conecta con la naturaleza, que es carencia y oportunidad, nos dará energía con la hidroeléctrica en el Cañón del Micay, y exportaremos hidrógeno verde a China y California. Y no olvidemos el fuego de los volcanes que puede ser energía, volcán y agua, quien lo dijera, sería una posibilidad que cruzaría todo el Océano Pacífico en todas las direcciones, pensémoslo.

También en los llanos, en esa región con nos recuerda la patria grande de Bolívar, he ordenado al ejército construir la vía férrea entre Villavicencio y Puerto Gaitán, tome nota ministro, porque las armas tienen que descansar para que los valientes pueden construir. Los alimentos llegarán menos costosos a las ciudades andinas y tendremos soberanía alimentaria. Todos nuestros proyectos son de doble vía, así que En Puerto Gaitán, el río Meta es navegable y por el Orinoco se llega al mar. La producción de Bogotá y los Llanos también pueden salir al mar por esa gran vía fluvial.

Pero este es el gobierno de la educación y por eso haremos universidades populares en decenas de municipios de Colombia. Alcaldes y gobernadores deben poner los lotes para las nuevas sedes, hasta cien podrían ser, tres billones de pesos para que los jóvenes tengan opciones en los libros y no en las armas. Meta, Vichada, Guaviare, Guainía, Vaupés, Vichada y Amazonas tendrán nuevas sedes universitarias populares.

Todo esto será realidad si la ciudadanía se moviliza en las calles, si el poder civil acompaña al gobierno en sus sueños de cambio, si detenemos el golpe que se planea contra el primer presidente progresista del país, el hombre nominado al premio Nobel, el guía de una república extraviada entre las guerras y la mezquindad.