martes, 28 de agosto de 2012

Le estamos mirando el alma

Hace unos veinte años algunas grandes empresas antioqueñas reclutaban estudiantes universitarios en un pretendido Programa de Excelencia Profesional. Más que un complemento a las capacidades académicas se trataba de un sistema de adoctrinamiento religioso y moral. Tuve la fortuna de no asistir a esos “retiros espirituales”, pero los amigos de la época nos compartían el tedio de asistir los sábados, en medio de un guayabo aleccionador, a los sermones de sacerdotes de sotana y profesores de civil. La selección precoz de trabajadores buscaba la aceptación de una lógica y una visión determinada, no solo de sus futuras responsabilidades profesionales, sino de sus comportamientos personales. Empresas y patronos que pretenden llevar el manual de funciones más allá de los ambientes y los horarios laborales. La reciente carta acongojada del Presidente de Bancolombia por la compra de unas neveras muy baratas por parte de algunos de sus empleados, me hizo recordar ese adoctrinamiento a los universitarios por medio del anzuelo de un escritorio. Carlos Raúl Yepes les reprochaba a sus trabajadores haber actuado bajo la ética de la “viveza” que tanto daño le ha hecho a nuestra sociedad y haber traicionado los valores del Banco por aprovecharse de un error ajeno al dar click sobre un nevecón en oferta -con estrella ÉXITO- que tenía un precio de 400.000 pesos, cuando en realidad valía 4’000.000. La lección escrita y sellada en la oficina del presidente alentó a toda una jauría de moralistas a llamar “pícaros”, “ladrones”, “deshonestos” y algo más a los infelices compradores de las neveras. Tal vez la sociedad debería preocuparse más por la tutela que las empresas intentan ejercer cada día con más fuerza sobre sus empleados, que por el aprovechamiento lícito de una ganga equivocada. Las corbatas de Bancolombia no indujeron a nadie al error, solo aprovecharon una exigencia legal para quienes ofrecen en las vitrinas de los almacenes o Internet: “Código de Comercio. Art. 848.- Las ofertas que hagan los comerciantes en las vitrinas, mostradores y demás dependencias de sus establecimientos con indicación del precio y de las mercaderías ofrecidas, serán obligatorias mientras tales mercaderías estén expuestas al público. También lo será la oferta pública de uno o más géneros determinados o de un cuerpo cierto, por un precio fijo, hasta el día siguiente al del anuncio.” ¿Será que de aquí en adelante cuando vea un pasaje de Viva Colombia de Medellín a Cartagena por 38.000 pesos debo llamar a confirmar para no arriesgarme al reproche público de mis patrones? Pero la capacidad para los sermones de parte de bancos, funerarias, montallantas y vendedores de galletas no es lo más grave. Lo peor es que detrás de esa carta florida, con el tono de un profesor comprensivo y sensible, se esconde el chantaje del Banco para controlar las decisiones privadas y lícitas de sus trabajadores. Esa carta incluyó amenazas de publicar los nombres y por supuesto los compradores de la nevera pensaron que podían perder sus empleos. Casi se les obligó a pagar el excedente o devolver el electrodoméstico. Eso no es distinto a la tiranía tan de moda que exige el polígrafo o la prueba para detectar el consumo de drogas en la entrevista de trabajo. El peligro de las iglesias corporativas acecha siempre. Es mejor no darles espacio así parezcan tiernos. Más tarde nos preguntarán por quién votamos o si hemos sido infieles. Que se ocupen del balance, esos son sus valores; los nuestros, los decide cada uno en la conciencia, hasta donde no llegan los memos.

martes, 21 de agosto de 2012

Silenzio Stampa

La reciente confirmación de que Misael Cadavid, excandidato por el partido Cambio Radical al Concejo de Medellín, en efecto tenía vínculos con actores armados en la capital antioqueña, hace inevitable un debate sobre a quién benefician las actuales normas que imponen el silencio de los funcionarios públicos durante las campañas. Los seguimientos de la policía muestran a Cadavid en reuniones con hombres de confianza de Sebastián, uno de los jefes supremos de los combos que prenden a plomo las comunas de la ciudad un mes sí y otro no. El candidato fallido - sacó algo más de 5000 votos- fue uno de los señalados en su momento por el exalcalde Alonso Salazar como uno de los exponentes de lo que podría llamarse la “pillopolítica”. Como se sabe esos señalamientos le costaron a Salazar su destitución e inhabilidad para ejercer cargos públicos por 12 años. La Procuraduría consideró que el exalcalde violó los principios de imparcialidad y buscó una influencia directa sobre los electores mediante sus denuncias públicas. Los constituyentes de 1991 discutieron ampliamente sobre la necesidad de limitar la participación política de los funcionarios. Al final quedó definido que quienes detentan jurisdicción y mando o tienen un cargo de dirección administrativa no pueden más que votar en secreto. El cubículo es su único espacio de participación democrática. De algún modo su libertad de expresión quedó restringida, y en el caso de los alcaldes, siendo los personajes con mayor legitimidad política en la ciudad, deben callar como si se tratara de interdictos. Los políticos entonces dejan de serlo una vez resultan elegidos, por la gracia de una prohibición que alienta la participación soterrada para impedir la que se hace de manera abierta. Porque se sabe que es imposible que los políticos bajen la cabeza durante las elecciones. El caso de Alonso Salazar es paradigmático porque plantea una situación límite. El alcalde tiene información de que existen políticos aliados con ilegales que buscan imponer candidatos en algunas zonas mediante la intimidación. Misiones independientes de observación electoral confirman los hechos. La Fiscalía podría tardar años en producir resultados y faltan dos meses para la fecha de las elecciones. Pero una supuesta garantía democrática obliga al silencio. La idea de imparcialidad democrática beneficia a los ilegales y en la práctica reduce el periodo de alcaldes, gobernadores y presidente en algunos meses. Hoy en día Alonso Salazar está inhabilitado para ejercer política y Misael Cadavid no tiene más que una mancha mediática por sus contactos con el hampa. Pero mañana mismo podría ser candidato. El fallo de la Procuraduría evidencia obligaciones desproporcionadas frente a los actores ilegales: el alcalde no puede informar a los electores sobre sospechas fundadas acerca de candidatos que desequilibran la balanza vía amenazas o corrupción. Así mismo, si un candidato basa su campaña en ataques sobre la persona o la obra del alcalde en ejercicio este deberá responder a media lengua para no ser destituido. El caso Salazar evidencia las injusticias palmarias a las que se puede llegar con la mencionada prohibición: una sanción drástica al funcionario que se pone del lado de la legalidad, al tiempo que se protege el derecho de los ilegales a permanecer en la sombra. Alonso Salazar decidió actuar según sus convicciones y privilegiar el valor civil y las obligaciones éticas sobre una posible sanción. No muchos harán lo mismo. Y los pillos tendrán un parapeto más seguro.

martes, 14 de agosto de 2012

Los terrores de la montaña

Hace 14 años caminé durante un mes por las montañas cercanas a los municipios de Angostura, Campamento y Anorí de la mano de una singular escuadra armada. Eran seis guerrilleros de las Farc con el encargo de cuidar a dos secuestrados en chanclas y pantaloneta para los que había cambiado el clima del viaje original. Apenas comenzaban las pescas milagrosas y solo García Márquez había incursionado en el género con Noticia de un secuestro. Las Farc y sus costumbres de selva y monte eran todavía una incógnita. Lo primero que me sorprendió fue ver a una mujer, alias Yuri, al frente de nuestra pequeña compañía. Su cara de palo era suficiente advertencia para centinelas y prisioneros. Daba las ordenes con monosílabos y movimientos de cabeza. Los hombres se encargaban de “ranchar” mientras ella se ocupaba de atender un radioteléfono mudo durante todo el día. El segundo a bordo era un pillo de esquina de Medellín que había ido a esconderse de la muerte en las filas guerrilleras. Tenía todavía el hueco de una bala en el tobillo y pasaba los ríos sobre los hombros de sus compañeros. Un changón menor, mimado de sus días de matón en la ciudad, era su arma; además de una mirada de odio que me infundía más rabia que temor. Fue el único que me maltrató en la estadía y todavía recuerdo que en esos días largos en los trapiches pensé muchas veces que sería capaz de matarlo. Esa mujer campesina y silenciosa, y ese matón hecho revolucionario constituían el mando de la cuadrilla. Los hombres rasos también tenían sus particularidades. Uno de ellos manejaba una cartilla de lectura elemental en sus ratos libres. Era conmovedor verlo pelear contra las consonantes todas las tardes. Una vez lo espié durante media hora mientras mantenía su radio pegado a la oreja. Me atreví a preguntarle que decían las noticias y me respondió con un sonoro: “¿hmmm?” Entonces le pedí que me prestara el radio. Me lo entregó sin decir nada y nunca más se le devolví. Pero los hombres claves de esta historia son los niños: Sisi, Marino y Deyson. Su figura infantil hacía que mi compañero de cautiverio, un ecuatoriano tan desvergonzado como perdido, llamara a la comandante de escuadra “Mamá Yuri”. La guerrillera salía caminando con sus subalternos detrás y mi compañero soltaba el comentario: “Ahí va Mama Yuri con sus pollitos”. Creí que no duraría una semana vivo. Pero no, eso era lo único que lograba sacarle una sonrisa a la magra guerrillera. Marino era tan silencioso comos su jefe. Moreno, inteligente, observador como ninguno en su grupo. Solo me dirigió dos palabras durante mi estadía: “jaque mate”. Era mi compañero en el ajedrez de cartón. Siempre me pareció perfecto para ser boga en un río del Chocó. Sisi era el niño de la tropa. No superaba el metro y medio y sus cancharinas, tortas de maíz y panela, eran las mejores. Marchaba con mis botas en las tardes para hacer de Pulgarcito frente al grupo. La risa era su enseña. Deyson era el cantante del grupo. Mono y alaracoso, parecía tener más vocación para las juergas de pueblo que para los sacrificios revolucionarios. Era la voz en las mañanas que comenzaban a las 5 A.M. Ni en los silencios de la marcha en estricta fila logré verles la cara de guerreros, pero estaba claro que si tocaba serían mis verdugos. Los recuerdo ahora que un estudio del ICBF dice que en Colombia la guerra se sostiene con niños y adolescentes hijos de campesinos. Más del 50% de los desmovilizados de las Farc y el Eln dicen haber ingresado a la guerrilla siendo menores de edad. Mis carceleros, si están vivos, han pasado al menos de la mitad de su vida en la guerra.

martes, 7 de agosto de 2012

El Disociador

En la madrugada, muy temprano, todavía entre sombras, lo despierta una insoportable impaciencia. El mundo ha comenzado a moverse sin sus órdenes, sin los designios a los que él llama principios. Inicia entonces su lucha en busca de la obediencia. Primero se dirige al establo donde sus bestias han aprendido un saludo acompasado. Admira su compostura, su manera de atender al leve movimiento de la rienda, de intuir las ordenes del jinete. Bajo el manto de la humildad se admira a sí mismo como guía resuelto de sus animales. Sigue con sus empleados a quienes procura sartas de consejos y sepulta bajo anécdotas moralizantes. Ha pasado de criador a sacristán sin necesidad de quitarse el sombrero o cambiar el tono de la voz. Más allá de los alambrados comienzan los problemas y su impaciencia se convierte en hostilidad. Algunos vecinos no quieren plegarse a las bondades que propone, de modo que decide plantear un reto definitivo. Ahora no hay alternativas: las pequeñas diferencias son cuestiones de vida o muerte, los problemas comunes son disyuntivas insalvables y todo debe resolverse poniendo una X sobre una de las dos opciones señaladas. Aparece entonces el más repetitivo y simple de los maestros. Intercala tres refranes y repite dos anécdotas hasta convertirlas en un mito fundador. El criador y sacristán ahora es maestro de escuela y pretende que el pueblo entero atienda sus clases y su campana sentenciosa. “Cuando usted ya está cansado de repetir, la gente apenas está entendiendo”, es una de sus frases favoritas. Y uno de los secretos de su éxito. Pero como no todo se consigue con discursos, sermones y rienda es necesario acudir a las insidias. Las suyas son lanzadas a los cuatro vientos, con algo del asco que los moralistas procuran a sus adversarios. Casi siempre están acompañadas de grandes palabras para subrayar la pequeñez, la cobardía, la pereza, la frivolidad de quienes se oponen a sus acciones. Honor, Patria, Democracia, Valor sirven para encabezar cada párrafo de sus señalamientos. Ahora quien toma la palabra es el capitán de un batallón en vísperas del ataque crucial. De ese modo logró durante casi una década ser la voz cantante que solo necesitaba un coro y la guitarra desafinada de un pensador. Los aplausos de la galería estaban intactos cuando las reglas lo obligaron a dejar las riendas. En esos aplausos radica su poder actual: en un mundo donde casi todos cosechan rechiflas El Disociador sigue siendo el encargado de trazar la línea que divide los equipos. Los candidatos a subir a la escena le temen a su hiperactividad que puede limar conciencias y apoyos. Sus abrazos siguen siendo una manera para ahorrar en afiches y perifoneo. No hay duda de que ha perdido fuerza. En ocasiones los ojos que se consideraban de un iluminado se revelan de un orate. Pero algo tiene. En el último juego logró romper el equipo verde, el mismo que fuera su rival en el gran certamen de hace dos años. Se infiltró, metió tres de sus alfiles y dos de sus estribillos en el concurso en Bogotá y fue suficiente para dejar derrotados y divididos a sus antiguos enemigos. Ahora se apresta a hacer lo mismo con sus antiguos amigos. Está muy cerca de romper el dueto que heredó su poder. Comenzaron las encerronas y las intrigas para armar un nuevo bando. Ya el segundo a abordo, aburrido en un cargo que solo tiene sueldo, prepara su salida en busca de los ánimos beligerantes. El equipo que luce una U en el escudo está cerca de llegar a la derrota y la división a causa de las artes de El Disociador.

martes, 31 de julio de 2012

Una sola bandera

El segundo lugar de Urán en la ruta olímpica me obligó a inflar la bicicleta para hacerle un homenaje dominical en las montañas del oriente de Antioquia. El alto de La Unión fue elegido para el suplicio de ciclista ocasional. Entrando a La Ceja, donde el aire de postal se combina con las discotecas, me encontré una valla dedicada a los hijos de ese municipio que compiten en Londres: “Juliana Gaviria y Juan Carlos Cardona, dignos representantes de La Ceja en los Juegos Olímpicos”. Por esa ruta me acordé de Sergio Luis Henao, hijo de Rionegro, y Arles Castro, otro ciclista que comparte la cuna de Urrao con Rigoberto Urán, el antiguo vendedor de chance. Pensaba en ese pesebre de pueblos colombianos que nos representa en Londres cuando llegó la medalla de plata de Óscar Figueroa, quien debió salir corriendo de su natal Zaragoza a los 12 años. Dicen que se hizo deportista en el Valle y así seguí sumando pueblos: Cartago y Tuluá. Entonces me vi obligado a hacer una revisión de los muchos listados con los 104 atletas colombianos en Londres, buscando confirmar mi impresión que veía una comparsa con todos los trajes típicos de las fiestas de pueblo bajo el unánime sombrero cordobés del desfile. La verdad resultó un poco más compleja que esa caricatura conmovedora de los muchachos de pueblo que vienen a la ciudad a cumplir su sueño. Lo cierto es que si las capitales cercanas no ofrecen competencia y acogida todo termina en juegos de parque y corredor. Los pueblerinos ya no son mayoría entre nuestros atletas: representan el 42% de quienes están en Londres, incluyendo a los nacidos en algunos municipios satélites de las grandes capitales. En Bogotá (19), Medellín (13) y Cali (7) nacieron el 37.5% de los atletas colombianos que compiten en las justas de 2012. Un porcentaje similar al que representan las tres capitales en la población total del país. Los peores números están en la Costa Atlántica que por antecedentes debería tener siquiera números representativos. Menos del 1% de los deportistas nacieron en Cartagena, Barranquilla o Santa Marta. Un porcentaje cercano al de nuestra representación “extranjera”: 4 gringas y una holandesa con doble nacionalidad que compiten por la bandera tricolor en fútbol, gimnasia y esgrima. De la Costa Pacífica ni hablar. Ya ni Tumaco ni Buenaventura, otrora capitales deportivas, logran llevar a sus jóvenes a las pistas. Entre los pueblos la región de Urabá demuestra ser una despensa inagotable. Carepa, Turbo, Apartadó y Vigía del Fuerte suman 12 deportistas y nos obligan a pensar que es injusto seguir llamando Urabeños a los narcos y asesinos de la zona. Hace poco 2 firmas internacionales aplicaron modelos matemáticos para deducir, según PIB y otras variables, el número de medallas que ganarán los países. Si hiciéramos ese mismo ejercicio con los departamentos sabríamos por qué Chocó tiene como invitados apenas a un corredor de Quibdó y una atleta de Andagoya. Dos sitios que sorprenden por sus vetas: el Oriente de Antioquia (7) es una región fecunda, por el ciclismo sobre todo, y el municipio de Pradera (4), en el Valle, entrega más frutos que algunas capitales intermedias. Para las anécdotas digamos que el Cauca tiene su cuota con una Atleta de Santander de Quilichao, Campo de la Cruz representa a los recientemente inundados con un pesista y Guatavita entrega la historia para una película con Andrey Quintero y el oro imposible en sus regatas a vela. Esto es solo un recuento de nacimientos. La pelea política de las ligas por los talentos en los pueblos requiere guantes y tapabocas.

sábado, 28 de julio de 2012

Mariana Pajón

En el foso central del velódromo Martín Emilio “Cochise” Rodríguez los bicicrosistas forman un estruendoso carrusel saltando sobre las rampas de metal. Como si les hubieran dado cuerda van pasando uno detrás de otro y en el aire intentan dejar una pequeña marca personal. Los cascos sobre la cabeza no permiten reconocer si el dueño de la pirueta y el aterrizaje es hombre o mujer. Luego de 15 minutos de observación una de las figuras del carrusel comienza a diferenciarse. Toma impulso sin mucha fuerza, se sostiene en el aire sin alardes y aterriza en silencio sobre la segunda rampa. El mecanismo de su salto parece recién alineado por un mecánico. La dueña de la línea más precisa y más corta entre los dos extremos es Mariana Pajón, una joven de 18 años que es campeona mundial desde que aprendía los picos de nuestras cordilleras en sexto grado hasta hoy, cuando le faltan 6 meses para terminar su bachillerato. Al lado de los pisteros que lucen sus lycras con la bandera nacional y ruedan acompasados y silenciosos, el ruido de los bicicrosistas y sus fachas desaliñadas parecen representar un simple juego de adolescentes. Y sin embargo, entre los muchachos que saltan está tal vez la más importante carta colombiana con miras a un podio en Londres 2012. Mariana Pajón podrá ser la encargada de confirmar la supremacía de las damas en el reciente medallero olímpico colombiano: cuatro de las últimas cinco preseas nacionales, conseguidas en Atenas, Sídney y Pekín, han sido hazaña de mujeres. Mariana Pajón tiene el típico álbum familiar de los deportistas atípicos. Ahí está la foto de la niña de tres años montada en su primera bicicleta: “Aprendió en 15 minutos”, me dice su papá. En la página siguiente está enfundada en una trusa de gimnasia olímpica: “la practique durante 5 años, me encanta, es mi sueño frustrado”, me dice Mariana con el tono de la niña que no se conforma con un solo juego. Cuando quedó campeona mundial por primera vez, en Argentina en el año 2000, los demás deportes se volvieron un recuerdo. Era apenas lógico. Pero faltan fotos. Ahí va manejando un kart durante una válida en Medellín: “Era una burra”, dice su mamá entre risas. “No frenaba. Una vez le dañó el Kart nuevo a un amigo en un entrenamiento, lo pasó por encima, imagínesela en las carreras”. Para terminar la sección deportiva del álbum están las fotos de Mariana jugando balonmano en el colegio. Pero más allá de los retratos y las anécdotas su recorrido por los títulos comenzó en el Barrio Belén, cerca de la cabecera del aeropuerto Olaya Herrera en Medellín. Los aviones pasan bajos, buscando la pista, y los bicicrosistas se elevan, saludando a los pilotos. Allí ganó Mariana su primera carrera. Tenía 4 años. Se inscribió por su cuenta para enfrentar a los niños de 5 y demostró no la igualdad de sexos sino la supremacía femenina. Creció compitiendo contra los hombres en un deporte donde las mujeres eran escasas. “Ella todavía tiene ese aire de niña, vos la vez y es muy delicada. Mirá su página personal en Internet, rosada, muy tierna. Pero se pone el casco y se transforma. Guerrea contra todos esos pelaos que la tratan duro pero duro”, me dice su papá que luego de 18 años todavía parece impresionado con su hija. Y es que Mariana impuso el desorden en la pista de Belén. Los papás les pegaban a los hijos por dejarse ganar de una mujercita. Los directivos no sabían cómo marcar las planillas de la niña que ganaba los trofeos de los hombres. Cuando le pregunto hasta qué edad le ganó a sus colegas del sexo fuerte me contesta con un “todavía” acompañado de la risa más maliciosa de nuestra conversación. La alumna de grado 11 me dice que intenta vivir su época de colegio como todos sus compañeros, con los sobresaltos y las manías comunes de la horda que abandona la adolescencia. Pero imagino que no es nada fácil. Mariana Pajón tiene preocupaciones y aspiraciones a largo plazo, una mentalidad formada bajo la tensión de la alta competencia, un millaje más largo que nuestro canciller y una confianza que solo se le conoce a la Chechi Baena. Le pregunto por su novio con la intención de hacerla sonrojar. Para que aparezca la adolescente común y silvestre: “no ahora no tengo. Hay tiempo para todo y este no es el mejor momento”. Sería bueno que el Comité Olímpico Colombiano tomara nota de los verdaderos pretendientes de Mariana Pajón. La antioqueña ha sido campeona nacional en Estados Unidos, corriendo el torneo gringo en busca de mayor nivel, ha ganado un título mundial en Australia y ha despertado la envidia de los entrenadores Ingleses. Esos tres países le ofrecen un pasaporte, una camisa con su bandera y un apoyo completo para su preparación hasta 2012. Colombia debería hacer un esfuerzo extra por cumplir con las necesidades de fogueo y entrenamiento de “su niña”, porque es el pretendiente más cercano al corazón pero el más deslucido. A pesar de su largo recorrido en el bicicross Mariana Pajón es hoy en día una novata con resultados sorprendentes. Apenas lleva un año en su categoría, corriendo en Élite y no en Junior, y apenas está conociendo las pistas de Supercross que serán el escenario de los Olímpicos de Londres. Así, como debutante en el más duro 5 y 6 del bicicross, porque las carreras en el caballito de acero tienen mucho de las mañas de la hípica, ha sido segunda en las dos válidas que ha corrido en California y Francia. Era tiempo de que le dieran pelea, porque en la final de su último título mundial Junior le sacó dos bicicletas a la medalla de plata. Un dato final para terminar esta semblanza en tono de alabanza. Por sus compromisos deportivos los últimos años de colegio de Mariana Pajón han sido a saltos. Se pone al día en los recreos y en el tiempo que dejan sus entrenamientos. Sin embargo, sacó el tercer Icfes en Antioquia entre los alumnos de calendario B. No se le ocurrió contármelo cuando hablamos del colegio. Me lo dijo su papá, otra vez descrestado. Tampoco le dijo a sus compañeros de charla en el velódromo que venía de recoger el premio como deportista del año en la categoría juvenil. Tiene la tranquilidad de los campeones en los deportes que están por fuera del ruido de las pantallas. Se me olvidaba lo último: Mariana pajón no es Ana Ivanovic, pero está linda sin lugar a dudas. Y es seguro que no terminará de Representante a la Cámara. Un trabajo muy fuerte hasta para María Isabel Urrutia.

martes, 24 de julio de 2012

Cauca verde

Los puntos de contacto entre los indígenas del Cauca y las Farc están dados por los encuentros y los desencuentros de la convivencia. Para unos y otros esas montañas han sido santuario, aunque difieran en los ritos y las estrategias para protegerlas. El mismo Presidente Santos dio hace poco una prueba involuntaria de cómo el Estado obligó a los indígenas, por la vía de la omisión y la incapacidad, a tener como socio, contraparte y verdugo al Sexto frente de las Farc. Dijo que hasta hace poco el ejército, o sea la avanzada primaria del Estado, solo llegaba hasta la carretera Panamericana y dejaba las montañas en manos de los dioses tutelares y la guerrilla ancestral. Los indígenas han sabido resistir a las intenciones de las Farc de tomarse un movimiento con historia y credibilidad internacional. Para la guerrilla el Cauca no es solo un corredor clave sino un escenario para esconderse tras unas banderas vendedoras y un pueblo con capacidad de hacerse sentir sin acudir a la dinamita. Los graves problemas de infiltración están relacionados con las “golosinas” que los jefes guerrilleros ofrecen a los más jóvenes. Los celulares, la moto, el salario base de 300.000 pesos pueden hacer olvidar la leyenda de Quintín Lame y el poder de los bastones de mando. Las historias de los milicianos en Toribío y Caldono no son muy distintas de las que se viven en las esquinas de la Comuna 13 y Aguablanca. El bombardeo del ejército sobre un campo de entrenamiento de las Farc en marzo del año pasado, lo demostró con un saldo trágico. El ejército habló de 15 guerrilleros dados de baja mientras en la región se lloró la muerte de 15 adolescentes con apenas dos meses en la trinchera de Pacho Chino y compañía. Existe una solución a la mano para que el Cauca ofrezca alternativas de empleo a los jóvenes. Para que la agricultura no sea un negocio imposible que necesita la subvención del gobierno Alemán o la donación de un trapiche por parte de una ONG canadiense. Está dada por la perfecta combinación del paisaje, los encantos de la multiculturalidad -o del simple pintoresquismo, para no ir tan lejos- y el liderazgo nacional en la siembra de marihuana. Cada mes salen de las montañas del Cauca 30 toneladas de hierba fresca para abastecer el mercado nacional y el gusto refinado de algunos extranjeros en Europa. Si fuéramos capaces de convertir la noticia repetida de grandes decomisos -encontré uno de toneladas para los meses de octubre y diciembre de 2011, y para marzo, abril y julio de 2012- en cosechas que no tuvieran la dosis de pago a ejército, policía más vacuna a las Farc, estaríamos frente a una economía sostenible y olorosa. El enjambre de los mochileros sería la añadidura perfecta. Si en España y California hay negocios rentables y legales con la marihuana por qué no podría haberlos en Colombia. Si en los alrededores de Corinto y Toribío hay cientos de invernaderos con las matas enmoñando bajo un resplandor de bombillos, qué más da ponerles un sello de garantía y control para sacarlas de la economía de guerra. Pero me temo que estamos lejos. El Invima ha puesto todas las trabas posibles a la venta de una gaseosa, unas galletas y unas aguas aromáticas a base de coca, inofensivas y rentables al mismo tiempo, así que será difícil que el Cauca pueda ofrecer sin complejos y sin plomo uno de sus principales productos agrícolas.