
Parece que todo estuviera consumado, Cepeda vs. Abelardo en una segunda vuelta de izquierda contra derecha sin atenuantes, el oficialismo con el presidente como jefe de debate enfrentado a una oposición cerrera con Uribe como jefe de debate, el progresismo parco de Cepeda frente a la derecha barroca, amiga del disfraz y el performance, el silencio estratégico, taimado tras el presidente, contra la alharaca ultra un paso más allá de Uribe y el CD. Las dos encuestas publicadas este año muestran claro liderazgo de la izquierda ancestral y la derecha extravagante. En la de Atlas Intel de la Espriella es líder con 28% y Cepeda segundo con 26.5%, en la GAD3 Cepeda primero con 30% y de la Espriella detrás con 22%. Los dos no han dejado de crecer desde mediados del año pasado y ya en diciembre eran líderes. La tercería parece desinflase, se pasó del 9.4% de Fajardo al 3% de Paloma.
Las preguntas a mes y medio de las consultas y a cuatro meses de la primera vuelta son múltiples y variadas: ¿Habrá tiempo para el repunte de alguno de los rezagados? ¿El centro puede dejar de ser un conjunto vacío y encontrar una figura que lo represente? ¿La nutrida consulta de la centroderecha logrará sumar los voticos de Paloma y los ocho enanitos? ¿Abelardo puede sufrir el efecto Vicky o seguirá la senda de Rodolfo para convertirse en el definitivo antagonista del Frente Amplio? ¿Fajardo desaparecerá sin consulta y llegará al ocaso del 4% del 2022? ¿Claudia López tendrá algún papel o llegó la hora de la irrelevancia? ¿La plata podrá llevar a Pinzón al menos al papel de animador tipo Federico Gutiérrez?
Se pueden intentar respuestas mirando al pasado y al presente. Cepeda es tan seguro en la izquierda como Petro hace cuatro años. Tiene la ventaja del impulso de la máquina del gobierno y la desventaja de una figura mucho menos carismática, además ninguno de sus posibles contrincantes en la posible consulta suma como lo hizo Francia en su momento. Un líder sin contrincantes ni alicientes. Abelardo ha crecido mucho más rápido que Rodolfo que tuvo su gran momento coincidiendo con la primera vuelta. Su liderazgo temprano podría ser una caña dura de sostener ante la lluvia de historias oscuras que se viene. Ser invisible hasta mayo puede tener consecuencias. Un buen resultado en la Gran Consulta, una cifra cercana a los 2’715.000 votos de la consulta de la izquierda, podría montarle un rival con posibilidades. El CD marca 15% de intención para las legislativas. Eso podría aplazar el apoyo de Uribe y dejarlo muy solo. Aun no es tarde, Duque marcaba 8% en enero de 2018 y la realidad superó su ficción.
Fajardo era líder en enero de 2018 con 21%, era tercero hace 4 años y parecía ser el hombre que podría vencer a Cepeda hace unas semanas. Pero está acostumbrado a la política que resta y ha caído más pronto que en años anteriores. No parece encontrar un segundo aire para el cuarto intento. Una alianza improbable con Claudia López podría ser un intento desesperado pero la ola verde es de los tiempos de Mockus. Pinzón es todavía una incógnita muy pequeña, tiene el apoyo de empresarios que tenía Fico hace cuatro años pero no el guiño de Uribe ni el efecto del retiro de Zuluaga que le entregó el CD al exalcalde de Medellín.
La maquinaria podrá mostrar su fuerza en marzo y mover un poco la estabilidad. Trump podría mandar algún manotazo y revolcarlo todo. También una palmadita en la espalda podría valer. El gobierno parece ya sumó lo bueno y lo malo y no moverá mucho la aguja. Un desastre en Venezuela tendría más efectos para segunda vuelta. Mordisco, Pablito, Chiquito Malo también pueden mover basa. Parece que todo está muy joven pero muy pasmado. Hace cuatro y ocho años, a estas alturas, había al menos dos actores de reparto además de los dos protagonistas. Ahora parece que la polarización ha resuelto todo antes de tiempo y los líderes intentarán un poco de quietud hasta mayo. Veremos si alguien logra agitar las aguas del pantano.
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