miércoles, 7 de febrero de 2024

Déjenme que divague

 


Desde el país de la belleza florecen las oportunidades de salvar a la humanidad de las grandes catástrofes. Guardar el petróleo en el núcleo de la tierra para evitar las guerras, el petróleo del Esequibo debe ser una señal de vida entre las rocas subterráneas y el carbón colombiano debe cubrirse con un manto de vida; y desde el subsuelo iremos al aire para poner a girar los molinos en la Guajira, el segundo lugar del mundo con el viento más poderoso, donde los indígenas convertirán el aire de sus dioses en recursos para sus comunidades. Y ya que hablamos del aire he ordenado construir la gran pista internacional del norte de la Guajira, donde aterrizarán los turistas que embrujamos en Davos, porque queremos que la opulencia del norte traiga equidad al sur. Tome nota Aeronáutica Civil, con letras mayúsculas, pista área en el dorado desierto de la Guajira, el otro Dorado, donde sol nos librará del carbón y su estela de muerte.

También uniremos los océanos para hacer ricos a los territorios olvidados de la Colombia todavía atada por las cadenas de la esclavitud. Ya está en diseños la línea férrea que conectará a Barranquilla con Buenaventura, usando los rieles viejos que dejó la oligarquía destructora y construyendo nuevas vías. No serán solo dos puertos, irán conectados Turbo, Coveñas, Tolú, Cartagena, Santa Marta con un nuevo puerto en Cupica y con Buenaventura y Tumaco. Ah, y con el nuevo puerto de aguas profundas en el Cauca, tome nota ministro, si hay 16 metros de profundidad hay puerto y llevaremos nuestros camarones hasta la China. Haremos de otro modo un canal de Panamá para recuperar el territorio que dejaron perder los gobiernos pusilánimes e imperialistas. Y trazaremos otra vía de conexión entre Cupica y el río Atrato donde las dragas chinas permitirán la llegada de barcos de gran calado. Las organizaciones comunitarias tendrán la voz y el mando sobre estás grande obras.

El agua que nos conecta con la naturaleza, que es carencia y oportunidad, nos dará energía con la hidroeléctrica en el Cañón del Micay, y exportaremos hidrógeno verde a China y California. Y no olvidemos el fuego de los volcanes que puede ser energía, volcán y agua, quien lo dijera, sería una posibilidad que cruzaría todo el Océano Pacífico en todas las direcciones, pensémoslo.

También en los llanos, en esa región con nos recuerda la patria grande de Bolívar, he ordenado al ejército construir la vía férrea entre Villavicencio y Puerto Gaitán, tome nota ministro, porque las armas tienen que descansar para que los valientes pueden construir. Los alimentos llegarán menos costosos a las ciudades andinas y tendremos soberanía alimentaria. Todos nuestros proyectos son de doble vía, así que En Puerto Gaitán, el río Meta es navegable y por el Orinoco se llega al mar. La producción de Bogotá y los Llanos también pueden salir al mar por esa gran vía fluvial.

Pero este es el gobierno de la educación y por eso haremos universidades populares en decenas de municipios de Colombia. Alcaldes y gobernadores deben poner los lotes para las nuevas sedes, hasta cien podrían ser, tres billones de pesos para que los jóvenes tengan opciones en los libros y no en las armas. Meta, Vichada, Guaviare, Guainía, Vaupés, Vichada y Amazonas tendrán nuevas sedes universitarias populares.

Todo esto será realidad si la ciudadanía se moviliza en las calles, si el poder civil acompaña al gobierno en sus sueños de cambio, si detenemos el golpe que se planea contra el primer presidente progresista del país, el hombre nominado al premio Nobel, el guía de una república extraviada entre las guerras y la mezquindad.

 

 

miércoles, 31 de enero de 2024

El Barrio

 

 Ilustración: Verónica Velásquez

Es El Barrio a secas, no necesita apellido, el barrio de barrios, instalado en el sur occidente de Medellín, lindando con la reja de 2.500 metros que lo separa de la pista del aeropuerto, y con una reja imaginaria que se levantó en 1951 cuando fue declarado zona de tolerancia por un decreto firmado por el alcalde Luis Peláez: “En Medellín nos hemos ocupado mucho del agua y de la luz y poco del problema moral”, dijo el mandatario para defender su decisión. Las putas, los malandros, los varados, los drogadictos, los antojados y un gran séquito de pecados se trasladaron a El Barrio. La ciudad cerraba temprano pero El Barrio atendía las 24 horas, las mujeres podían estar en las cantinas y los dados podían rodar. Era una excepción de puertas abiertas para entrar agazapado, entre vergüenzas, y una cárcel para salir, ya que durante algún tiempo los pobladores necesitaron un salvoconducto para ir a la ciudad piadosa. Cuarenta y cinco días después de expedido el decreto El Barrio tenía 215 prostíbulos, el bombillo rojo era su enseña. Dos año duró vigente pero El Barrio quedó marcado, bien fuera que se le llamara Santísima Trinidad, para rezar, pecar y empatar, o Barrio Antioquia o Corea, en alusión a la guerra que había comenzado y donde había viajado un batallón colombiano.

Un artículo publicado por Pilar Riaño en el año 2.000, Por qué a pesar de tanta mierda este barrio es poder; recoge las voces de algunos de sus habitantes, los recuerdos de esa vida que se impuso y que marcó al barrio, a la ciudad, al país. “La violencia colombiana empezó en el Barrio Antioquia”, dice don José, uno de los protagonistas del texto de Riaño. La afirmación puede parecer exagerada, pero es imposible negar que por ahí despegó el negocio que desató la guerra más brava y más larga que ha vivido el país.

En El Barrio se crio Griselda Blanco, allá donde las escuelas quedaron proscritas y los niños debían guardarse a las cinco de la tarde porque empezaba un mundo ajeno. Su madre era una más de las putas del barrio y su padre un taxista. En su libro sobre La Patrona de Pablo Escobar, José Guarnizo recuerda que Griselda hablaba de sus recuerdos de niña, bailando en la pista de bombillos para ganarse una propina.

En un coliseo de El Barrio conoció Pablo Escobar a Griselda Blanco. Lo llevó Jorge Mico, un gallero y asesino, que le vio madera para conocer a la dura. Griselda ya sabía para qué era la reja que los separaba de los vuelos. Traían la pasta de coca del sur, la tiraban en la pista, los muchachos la recogían, iban al laboratorio, la convertían en cocaína, la volvían a tirar y los policías la entregaban a los pilotos rumbo al norte. Griselda también aprovechó los artesanos y las mujeres de El Barrio que trabajaban en la industria de ropa interior para adecuar a las “mulas”, muchas salieron cargadas de Medellín y volvieron cargadas en un ataúd. Tacones, brasieres, enaguas fueron el inicio de todo.

Allá no solo estaban las primeras claves del negocio que deslumbró a Escobar, también estaban sus ídolos de juventud. Los camajanes o galafardos, pillos bien vestidos y bien vividos, a la última seda, con los discos de moda bajo el brazo y el naciente parlache entre los dientes, como lo cuenta Alonso Salazar en La parábola de Pablo. Entre ellos estaba Darío ‘Pestañas’, uno de los hombres de Griselda. Muy claro se lo dijo Escobar a Germán Castro Caycedo: “Ellos fueron los ejemplos que determinaron el futuro de mi vida y el de muchísimos muchachos que comenzábamos a vivir con ilusiones, pero ya sin muchas ganas de trabajar en una fábrica o en un almacén”.

El Barrio sigue siendo la mayor zona de menudeo de droga de Medellín. Un territorio de aviones donde los pitos en cada esquina, usados a manera de lenguaje, advierten la presencia de la policía. Un barrio que entrega muchas claves.