martes, 16 de enero de 2018

Morir de joven





Medellín comenzó el 2018 con grandes titulares sobre fondo rojo en los diarios populares. Los cadáveres aparecen en maletas, quebradas, esquinas, hoteles. En solo 28 horas se presentaron 12 homicidios en el comienzo de esta semana. Para hacerse una idea de la magnitud de esa cifra vale decir que durante todo enero de 2017 se reportaron 32 asesinatos. Mientras se buscan las causas de los dos años consecutivos con aumento de los homicidios en Medellín, luego de seis años en línea con cifras a la baja, Medicina Legal ha tenido un trabajo duro en las primeras dos semanas de enero. “Reacomodo de estructuras criminales luego de la captura de Tom”, “Problemas de convivencia en algunas comunas”, “Enfrentamientos por rentas ilegales”, las razones se repiten y las preguntas quedan. Desde hace años nos acostumbramos a que los cambios en las cifras de homicidios año a año varíen según el clima de confianza y cordialidad entre sectores ilegales, y no tanto según las iniciativas del gobierno local.
Cerca de la mitad de los homicidios que se cometen en la ciudad dejan como víctimas a jóvenes entre los 14 y los 24 años. La “mano de obra” de la delincuencia se concentra en ese rango de edad. Los pillos con recorrido juegan a ser, al mismo tiempo, primeros empleadores, padrinos, prefectos de disciplina criminal y verdugos. La secretaría de la juventud habla de 60.000 pelados en riesgo. Medellín ha bajado su tasa de homicidios desde los 381 casos por 100.000 habitantes en el peor año de los noventa, hasta 22 por 100.000 habitantes según los cálculos al terminar 2017. La reducción habla sin duda de una ciudad distinta. Pero los más jóvenes en los barrios más complicados todavía enfrentan riesgos parecidos a los del tiempo del No futuro de Rodrigo D. La Corporación Casa de las Estrategias realizó hace tres años un estudio para establecer la tasa de homicidios entre los jóvenes en comunas y corregimientos con mayor criminalidad. Los resultados muestran que para muchos jóvenes todavía es difícil huir de la lotería de ajustes de cuentas y reclutamiento que imponen los combos. En San Javier la tasa de homicidios para los jóvenes era de 122 / 100.000 habitantes, en San Cristóbal 108, en Castilla 102, en Altavista 75. Una mirada a las cifras del año pasado mostraría tendencias muy similares en las comunas con más homicidios, casi las mismas que las reseñadas en 2014.
El gobernador Luis Pérez habla de la necesidad de sacar los militares a la calle y el alcalde anuncia dos mil nuevas cámaras de seguridad. Pero el arraigo ilegal en buena parte de la ciudad todavía hace ver al Estado impotente, repetitivo, torpe. La captura de 120 muñecos de año viejo en diciembre pasado es una buena caricatura sobre las prioridades y las posibilidades de la fuerza pública. A pesar de que Federico Gutiérrez sale con megáfono para llevar de nuevo a las clases a niños y jóvenes que dejan el colegio las cifras no ceden. La tasa de cobertura en educación secundaria cayó entre 2014 y 2016 según cifras del programa Medellín cómo vamos. Hay algo más de 9.000 jóvenes entre 15 y 16 años por fuera del sistema educativo y la tasa de deserción en educación secundaria es cercana al 5%. El salto de los 15 a los 16 años marca el gran momento para cambiar el salón por la esquina. A los 15 los matriculados son el 95% y a los 16 ya son apenas el 77%. Los profesores son tal vez el seguro más efectivo para evitar ese tránsito. La pelea es dura contra quienes ofrecen un celular, una moto o el estatus que da un fierro a cambio de matrícula condicional en una banda. Valdría la pena poner un poco más del 0.05% de los recursos de inversión municipales en su capacitación. Toca pensar menos en las cámaras de seguridad y en el estigma que dejan las series de narcos y dar peleas más complejas y más inteligentes.




miércoles, 10 de enero de 2018

Humo blanco





Hace un poco más de treinta años, siendo fiscal en Alabama, soltó una frase para divertir a sus amigos de banca en la iglesia y a sus leales en la oficina: “El Ku Klux Klan me parecía bien, hasta que supe que fumaban marihuana”. Jeff Sessions, el actual fiscal general de Estados Unidos, buscaba además burlarse de quienes lo acusaban de racismo por sus intentos de revertir el derecho al voto para los afroamericanos. En su momento el chiste le costó un veto del senado para ser juez federal, pero tuvo revancha y en febrero del año pasado el senado lo confirmó en su cargo con una votación de 52 contra 47. Es posible que Sessions haya cambiado en algo su posición frente a los negros, o que al menos haya entendido que esas gracias deben soltarse en un espacio más reservado. Lo que es claro es que su obsesión contra la marihuana sigue intacta.
Sessions dijo hace unos meses que la hierba es solo un “poco menos horrible que la heroína”. Sus prejuicios van en contra del creciente apoyo de los norteamericanos a la legalización. La más reciente encuesta de Gallup sobre el tema mostró que el 64% apoya la medida. Incluso la mayoría de los votantes republicanos creen que lo mejor sería la venta legal y regulada de marihuana. Hace solo quince años quienes se oponían eran mayoría dos a uno frente a quienes apoyaban la legalización. Sessions es una especie de rezago de los tiempos de Nixon viviendo, y mandando, en el mismo año en que California (además de otros siete estados y Washington D.C.) ha comenzado a vender legalmente marihuana con fines recreativos a un inmenso mercado que llevaba veinte años comprando bajo el manto medicinal. En 2015, como senador por Alabama, Sessions dijo en medio de un debate que “la gente buena no fuma marihuana”. Y parece dispuesto a trazar una línea entre buenos y malos siguiendo el humo y las semillas, aunque parece que es demasiado tarde.
La semana pasada, Sessions revocó una serie de memorandos firmados por el exfiscal general Eric Holder, durante el mandato presidencial de Obama, que instruían a los fiscales federales a no iniciar causas criminales por la siembra o venta de marihuana en estados que habían decidido su legalización con fines medicinales o recreativos. En Estados Unidos la ley federal todavía considera ilegal la marihuana, en contravía de las decisiones que han tomado veintinueve estados sobre usos recreativos o medicinales. Para Sessions las anteriores directrices socavan el Estado de derecho y la capacidad de hacer cumplir las leyes. Por tanto les abrió la puerta a los fiscales para que vayan tras quienes hasta hace poco creían actuar bajo una nueva legalidad. La decisión es más una amenaza que una realidad. Un pequeño chantaje, una sombra para que los nuevos empresarios del moño sepan que alguien los mira. Y se sabe, tanto entre sus perseguidores como entre sus consumidores, que la marihuana y la paranoia la van bien.
Pero así Sessions viva en los años sesenta y Trump en los ochenta las cosas no están fáciles. Ya los senadores de Colorado, California, Nevada, Oregon y otros han comenzado a hablar de un regreso al mercado negro. El presidente había prometido respetar las decisiones de los estados sobre la marihuana. Y un nuevo lobby verde comienza a hacer presión. Aunque parezca increíble la defensa creciente de la legalización es uno de los temas que hasta ahora logra mayor consenso bipartidista contra Trump. Han topado con los nuevos ricos de la industria cannabica, con los impuestos de los políticos locales, con la mayoría de los votantes y con el celo de los estados sobre sus competencias. Parece que deberán aguantarse el humo.








martes, 2 de enero de 2018

Elecciones típicas





El método es sencillo. Primero tensar un poco el ambiente a punta de retórica: “Vivimos un momento excepcional, enfrentamos conflictos históricos, son tiempos de grandes decisiones”. Se logra entonces una buena lupa sobre los miedos y las amenazas: “El abismo es una realidad, un camino cercano y apreciado por muchos. El error cunde, los enemigos crecen”. Una vez con las expectativas en su tope, cuando el público está en el borde del asiento, ensordecido por las sirenas, se señalan las dos opciones posibles, solo dos, un dilema que requiere adhesiones fuertes, una disyuntiva urgente que solo se salva con decisiones rápidas, que necesita más la intuición de quien es acechado que el razonamiento de quien puede sentarse a oír, preguntar y pensar. Con el escenario dispuesto no queda más que exhibir el candidato excepcional para los tiempos excepcionales. Si la política es muchas veces un ejercicio inquietante de medianía, una elección de grado entre males probados o por probar, es lógico que los competidores intenten crecer su valía, sus alcances y sus posibilidades ensalzando el certamen en el que participan. Y no tienen que fingirlo todo, ya sabemos que parte de su juego consiste en tomarse demasiado en serio y convencerse de que son indispensables.
Pero lo verdaderamente excepcional son sus intereses, lo insalvable son sus ambiciones y sus compromisos. Bertrand Russell decía que detrás de toda elección política hay cuatro grandes pasiones humanas: la codicia, la vanidad, la rivalidad y el apego al poder; no están en los tarjetones ni en los debates pero son el fondo de todas las carreras electorales. Quizá sea útil para los electores poner ese fondo tras la propaganda, las entrevistas, las encuestas y la agresividad que se viene. Tal vez nuestra tarea principal sea tomarnos menos en serio a los candidatos, moderar sus aires solemnes frente al posible desastre, descreer de sus posibilidades como mandatarios, poner sus atriles abajo del escenario y obligarlos a mirar de abajo hacia arriba. Y entender, como Tocqueville hace muchos años, que la adhesión a las causas políticas debe ser moderada, debe incluir preguntas y desconfianzas, y no convertirse en una pasión desbordante.
Las elecciones presidenciales del año que comienza son tan particulares e importantes como muchas de las que hemos sufrido en décadas anteriores. Incluso, tienen algunas características que las pueden ubicar como las elecciones más corrientes, menos decisivas de los últimos años. Lo primero, por hablar solo de tiempo, es que ya no existe la reelección presidencial y por ende el próximo presidente tendrá, con toda seguridad, un mandato más corto y precario. Deberá ser más certero en sus prioridades y menos ambicioso en sus planes. Lo segundo, es que el tema del conflicto armado, la disyuntiva negociación o arremetida sobre la que el presidente tenía casi total poder de decisión, ha dejado de ser un asunto relevante. Las Farc no existen como grupo armado y el ELN es una amenaza menor en términos militares. Respecto a la implementación hay muchos retos pero igual las responsabilidades son compartidas con el Congreso, las Cortes y las autoridades locales. El orden público, a pesar de los múltiples puntos rojos, muestra una señal constante que entrega confianza: ocho años consecutivos de reducción de homicidios. La gran amenaza regional, el coco ideológico del castro chavismo, es ahora una sombra decadente que solo asusta en Colombia. Y las cifras gruesas de la economía, según previsiones de observadores imparciales, mejorarán ligeramente en este año.

Vamos a calmarnos, entonces, y a repetir una frase de Karl Popper para dejar a los candidatos y su carrera a dos vueltas en el justo medio: “La creencia de que solo puede salvarnos un genio político –el Gran Estadista, el Gran líder– es la expresión de la desesperación. No es nada más que la fe en los milagros políticos, el suicidio de la razón humana”.  


martes, 26 de diciembre de 2017

Coincidencias






Han pasado largos años desde su primera elección presidencial y todavía hoy, con más canas y pecados, buena parte de la política de su país se divide entre sus fervientes enemigos y sus leales seguidores. Los partidos tradicionales pasaron a ser franquicias que estorban y manchan, mientras las aventuras personales marcan las elecciones de hoy. Seis meses antes de su primera elección era un personaje apenas conocido, lejos de los primeros puestos en las encuestas. Era el momento de caminar y cargar contra las élites políticas. Los corruptos y las camarillas partidistas fueron su blanco predilecto durante la primera campaña, había llegado la hora de la honestidad y del trabajo. Y de la guerra. El terrorismo de la guerrilla dejaba claro al enemigo y las prioridades: mayor protagonismo de los militares, mayores licencias y mayor presupuesto de guerra. Los documentos oficiales dejaban muy clara la estrategia: “Se propone un gobierno CIVIL-MILITAR, en el cual las Fuerzas Armadas conscientes con (sic) su responsabilidad patriótica asumen el compromiso de dirigir los destinos de la Patria".
Los golpes a la guerrillera se celebraron en todo el país y la popularidad del presidente crecía en la calle y en las encuestas. La opinión entregaba nuevos beneplácitos y privilegios, las victorias militares se tradujeron en victorias políticas. Poco a poco los políticos tradicionales, antes vituperados, comenzaron a sumarse a ese gobierno invencible. Vinieron las reformas constitucionales para adaptar las instituciones al nuevo mandatario (y a los clamores nacionales). Vino, por supuesto, un segundo periodo presidencial, recién aprobado por un parlamento ya obediente y un triunfo apabullante en las urnas. El pequeño y desconocido candidato de unos años atrás ahora era una suerte de titán autocrático.
Pero aparecieron los aguafiestas desde algunos medios de comunicación y desde una arrinconada oposición. Los abusos militares se hicieron patentes, algunos triunfos militares devinieron en masacres luego de complejos procesos judiciales y las familias de las víctimas arreciaron sus alegatos en contra de un Estado que había asesinado civiles inermes para amedrentar y demostrar el avance de la “legalidad”. Los organismos de inteligencia comenzaron a seguir a periodistas, opositores y líderes sociales. El gobierno actuaba cada vez más como un cuartel de inteligencia que como un consejo ministerial.
Entonces se hizo necesario un tercer periodo presidencial. Era más un sacrificio personal del líder carismático que una usurpación. El desafuero tenía a las Cortes advertidas y algunos legisladores alertas. Se cargó contra las cortes y se tranzó con los legisladores. Asesores cercanos al presidente fueron condenados por entregar dádivas públicas a congresistas a cambio de facilitar un tercero y salvador periodo. Los resplandores iniciales se hicieron turbios y las condenas llegaron también para miembros del ejército y funcionarios de inteligencia que demostraron ser la mano negra detrás del gobierno vociferante.

Ahora las grandes discusiones se centran en cuánta justicia es necesaria para ser llamada tal para quienes salvaron la patria, independientemente de algunos excesos, del poder armado y tiránico de las guerrillas. Y por supuesto, en el más grande de los interrogantes: ¿Quién es el heredero legítimo y confiable de aquel presidente que todavía parte al país en dos mitades casi iguales?

miércoles, 20 de diciembre de 2017

El ojo es necio




Comienza a propagarse la idea de esconder a las adolescentes, bien sean reales o imaginadas, bien sea que vayan al colegio o protagonicen los cuadros exhibidos en los museos. Se pide cubrirlas, protegerlas, imponer restricciones horarias a su estadía en la calle, señalar sus peligrosos atrevimientos, condenar a quienes osan apuntar un lente contra sus cuerpos. Hace unos días la cruzada tuvo un caso extremo en el Metropolitan de Nueva York. El museo se negó a retirar la obra Thérèse soñando del pintor Balthasar Klossowski de Rola (Balthus). La petición la hizo Mia Merril, gerente de recursos humanos de una compañía financiara en Manhattan, por considerarla una imagen “abiertamente sexual y pedófila”, y venía acompañada con el respaldo de 10.500 firmantes. El museo respondió que la mantenía en exhibición para propiciar un “debate informado” sobre el tema. La obra muestra una niña de 11 años sentada de una forma tan desvergonzada como inocente. Desentendida del mundo como una gata frente a la ventana. El sueño de Thérèse, pintado en 1938, es apenas uno más de los retratos de Balthus a la hija de un camarero que era su vecino en París.
Las acusaciones sobre los retratos de Balthus no son nuevas. Para muchos no es más que un voyerista, un pervertido que dice buscar la luz donde solo debe reinar la absoluta oscuridad. Sus cuadros han cargado con una fascinación similar a la de sus modelos. La pregunta necesaria es si los artistas tienen también una obligación de decoro y “responsabilidad” como los publicistas y los periodistas, por mencionar dos casos. Y si algunas obras de arte pueden entregar la idea de una cierta permisividad frente al abuso de menores. Lolita por ejemplo solo podría ser leída en las cárceles. También habría que cuidarse un poco de Alicia en el país de las maravillas, dada la relación de Carroll con las hermanas Liddell y una foto recién aparecida de una de ellas desnuda. Aunque la bisnieta de Alicia, Vanessa Tait, dice que Carroll no violó los limites respecto a las menores. Ni los victorianos ni los actuales.
El asunto puede terminar con la obligación de una etapa privada en la vida de las niñas, un momento en el que es mejor la reserva y el ocultamiento. También de los niños para que no haya líos, solo un poco de énfasis en quienes se ha centrado la discusión y el abuso. Una etapa, decía, en la que deben resguardarse para aparecer de nuevo cuando sean mujeres. Con el peligro de que los peores y más frecuentes abusos se cometen en el ámbito privado, en medio de los ambientes y las compañías familiares. Entre nosotros, donde las discusiones están muy lejos de los museos, también tuvimos el momento de histeria. Alentado, claro, por la política. Un expresidente y sus seguidores llamaron abusador de menores al exdirector de una revista que publicaba retratos de menores de edad sin la cantidad de ropa requerida para el recato y la seguridad que exigen los tiempos que corren. Nunca se pensó en la opinión de las retratadas de 16 años. No saben lo que hacen, decían los más exigentes.

En el caso de un artista todo es mucho más complicado ¿Se pueden indagar interpretaciones e intenciones? Balthus, por ejemplo, se definía como un hombre firmemente católico: “La pintura es un modo de acceder al misterio de Dios”, dijo en sus memorias. Cada uno busca el acceso a su manera. Y defendió su interés por las niñas: “Se ha dicho que mis niñas desvestidas son eróticas. Nunca las pinté con esa intención que las habría convertido en anecdóticas, superfluas. Porque yo pretendía justamente lo contrario, rodearlas de un aura de silencio y profundidad, crear un vértigo a su alrededor. Por eso las consideraba ángeles”. Sea como sea prefiero la mirada de Balthus a la de Mia Merril. 

martes, 12 de diciembre de 2017

Un oscuro santuario






Hace setenta años estaba a punto de terminar el mandato británico en lo que hoy son las tierras de Jordania, Israel y Palestina. Una comisión especial de Naciones Unidas proponía la creación de dos estados independientes con territorio igual, uno para los árabes y otro para los judíos. Jerusalén sería una especie de bisagra santa, un territorio imposible de dividir, un santuario común administrado por un gobernador internacional nombrado por la ONU. En la ciudad vivían cien mil judíos y al menos setenta y cinco mil árabes musulmanes y cristianos, además de unos cuantos armenios, griegos, británicos… La propuesta de la ONU tuvo el inmediato rechazo de los palestinos y la liga árabe,  quienes prometían “bañar en sangre cualquier entidad sionista que intentara erigirse, aunque fuese sobre un solo puñado de tierra palestina”.
La vida de una familia judía en esos tiempos de diásporas, recelos mutuos, trazados coloniales y odios viejos está retratada en una larga novela de escritor judío Amos Oz. Una historia de amor y oscuridad se ocupa más de la memoria que de la historia, más de los pequeños fuertes que levanta un niño de nueve años en su casa diminuta que de los campos de batalla, más de los temores y las utopías de sus padres que de los titulares de la prensa de la época. Y muchas veces esa memoria particular puede ser más útil para intentar algo de comprensión que los discursos y las explicaciones de los internacionalistas.
Los abuelos de Amos Oz viajaron de Trieste a Haifa en 1939. Llegaron a regañadientes a una tierra que consideraban salvaje y demasiado asiática para sus refinamientos europeos. Su abuela, al ver la tierra prometida, soltó unas palabras simples y algo de veneno purificador: “El Levante está lleno de microbios”. El Levante era el territorio al este de Italia que comprendía buena parte de las costas de oriente sobre el Mediterráneo. En los años treinta, dice Oz, las paredes de algunas ciudades europeas repetían una misma consigna: “Judíos, marchaos a Palestina”. Luego, cuando una numerosa diáspora judía ocupaba una parte del territorio que le señalaban como su lugar en la tierra, las paredes cambiaron de idea: “Judíos, fuera de Palestina”. Los familiares de Oz que se negaron a salir de Europa fueron asesinados en Vilna, Lituania, a comienzos de los cuarenta. Se sentían ciudadanos europeos y no creían en los nacionalismos judíos, ni serbios, ni eslovacos, ni montenegrinos, ni irlandeses… Y lo pagaron caro.
Antes de que el viaje fuera una obligación fue un sueño. Los judíos pensaban convencer a los árabes de la posibilidad  de un futuro común: “Podríamos explicarles y convencerles de que de nosotros solo obtendrían beneficios económicos, sanitaros, culturales y otros muchos… Le mostraríamos al mundo entero una conducta ejemplar con la minoría árabe”. Pero se comenzó a oír que se afilaban los cuchillos y un Amos Oz de diez años gritaba en su casa con exaltada ingenuidad: “¡Pronto habrá guerra en Jerusalén!” El peligro de las banderas y las muchedumbres. Oz parece tenerlo claro: “También aquí, en Eretz Israel, se ha podido apreciar que la muchedumbre judía puede ser un monstruo”.

Unos años después de la llegada la realidad mostraba diferencias y los barrios antes mezclados entre árabes y judíos imponían ciertos cuidados: “…Empezó a formarse una especie de telón entre una Jerusalén y la otra.” Ahora los buses y los vendedores ambulantes debían dar largos rodeos, y los vecinos de años de despedían entre espinas por los trasteos obligados de barrio a barrio. Era el momento de las barreras y las advertencias. Jerusalén era entonces una ciudad “saturada de pinos, atemorizante y atrayente con su nebulosa fascinación, con el entramado de laberintos de callejuelas oscuras prohibidas y hostiles para nosotros, una ciudad guardiana de secretos maléfica, grávida de desgracias, una ciudad donde sombras oscuras flotan por las calles a la sombra de las murallas de piedra, peregrinos-sacerdotes con túnicas negras y capuchas negras, y mujeres con mantos negros y velos negros.”

martes, 5 de diciembre de 2017

Riesgo fiscal






La Fiscalía ha comenzado a combinar todas las formas de lucha. Las investigaciones criminales, las órdenes de captura, las acusaciones ante los jueces son ahora solo una parte de su tarea. Por otro lado se dedica a las filtraciones selectivas para crear un clima de opinión que empuje sus tesis, al espectáculo de las capturas y los titulares como si fuera una agencia de prensa y a presionar a los jueces más allá de las audiencias públicas. Un populismo temerario impulsa muchas de sus actuaciones frente a funcionarios y exfuncionarios. Con una campaña que más parece el título de una canción mala,” Bolsillos de Cristal”, ha comenzado una cacería que según Néstor Humberto Martínez busca “recuperar el tejido ético de la nación”. El fiscal general dice que pasó el tiempo de las “dubitaciones” y que ante el fracaso de la sociedad civil y la prensa libre contra la corrupción ha llegado “la hora de la justicia”. Nada más peligroso que ese grito en boca de un convencido, de uno que tiene las llaves de la cárcel y no le caben dudas; sobre todo cuando es además relacionista público, consejero de contratistas, político soterrado y abogado panelista.
En los últimos meses la Fiscalía ordenó las capturas de los alcaldes y dos exalcaldes de Montería y Santa Marta, y del exalcalde de Neiva. En todos los casos los jueces de control de garantías han liberado a los acusados.  Luego de la decisión más reciente, referida a Carlos Caicedo y Rafael Martínez, el juez de control de garantías le pidió al fiscal encargado del caso rectificar sus declaraciones tras la audiencia. Ahora los fiscales salen a descalificar en los medios a los jueces que niegan sus peticiones, y que se niegan a sostener reuniones privadas para tratar temas que exigen audiencias públicas, como lo propuso en este caso el director seccional de fiscalía del Magdalena. Alegra que algunos jueces tengan claro que con la libertad de los no vencidos en juicio es mejor andar con pies de plomo que con embelecos de cristal.
Los antecedentes de Carlos Caicedo en la Universidad del Magdalena y en la alcaldía de Santa Marta demuestran que ha hecho mucho más contra la corrupción que los peligrosos alardes de la Fiscalía. Como rector la pelea contra los poderes de Trino Luna, condenado por parapolítica, le valió reconocimientos por parte del ministerio de educación y los estudiantes. Y le valió una condena a ocho años que tumbó el Tribunal Superior de Bogotá. Caicedo sabe de acusaciones falsas y fiscales falaces. Como alcalde e impulsor de acciones populares y tutelas ganó varias peleas contra Metroagua y sus pretensiones de apoderarse de las redes de acueducto de Santa Marta o exigir a cambio 60.000 millones de pesos. La empresa es controlada por la española Inassa que tiene a varios de sus directivos en la cárcel por pago de sobornos y otras aventuras. Las acusaciones actuales contra Caicedo y Martínez tienen que ver con retrasos y sobrecostos en obras contratadas en sus administraciones. La lupa del fiscal quema a quien él decida apuntar. Con ese rasero todos los funcionarios deberían ser esposados y retratados para el show de la Fiscalía. Hasta Luis Miguel ‘El Mello’ Cotes, exgobernador del Magdalena, ficha de Cambio Radical, y responsable del contrato de la vía de La Prosperidad que luego de cinco años de “trabajos” está en la inopia.
Con Marcos Daniel Pineda y Carlos Correa en Montería las cosas han sido parecidas. Retrasos y sobrecostos en la construcción del coliseo Miguel ‘Happy’ Lora. En este caso la detención preventiva se desestimó en dos instancias mientras la fiscalía sigue presumiendo de su firmeza. En Neiva el exalcalde Pedro Suárez fue liberado luego de tres meses. Los encargados de vigilar y ejecutar los contratos seguían libres y batallando por nuevos negocios mientras los funcionarios estaban cárcel. El tribunal Superior del Huila tumbó la detención pero la fiscalía se contenta con la foto de la captura, esa es su primera instancia.
Peligros de la “hora de la Justicia”. Pasa en Colombia, pasa en las capitales, pasa en la vida real.