miércoles, 20 de julio de 2016

Podéis trinar en paz





Los idealistas hablan de Twitter como un ágora desordenada y confusa, una asamblea en la que no hay que pedir la palabra y se pueden igualar los graznidos de las cotorras y los chirridos de los búhos. Pero Twitter es también un sumidero de odios y frustraciones, una ventana para el grito y el desfogue y un escenario para construir mentiras con un ejército de pajarracos filados; más una plaza pública partidista y chichera en uno de nuestros pueblos de hace sesenta años que un foro docto. Por eso cada uno construye su propia plaza en Twitter según la calidad del cedazo que sea capaz de incorporar a los trinos que va inundando el pozo con aguas de todas las calidades.
Desde hace poco Twitter tiene un nuevo ingrediente más allá de los juegos y las grescas de las redes sociales. Los jueces y los policías han llegado a mirar quién se esconde detrás de esa maraña. Todos los días se publican cerca de 65 millones de tuits que se han convertido en un rastro obligatorio para los organismos de inteligencia. Los posibles terroristas suelen soltar algunos balbuceos amenazantes en vísperas de sus “hazañas”. Compadezco a quienes deben seguir esas pistas todos los días, un camino de sandeces en el que es muy difícil reconocer entre los inofensivos y los peligrosos. Pero no solo se trata de vigilancia para evitar daños mayores a la simple violencia verbal. Muchos países han ido incorporando tipos penales para castigar las manifestaciones de odio, las amenazas, las humillaciones, el proselitismo terrorista.
España, por ejemplo, ha detenido a cerca de setenta personas este año en sus operaciones contra el “enaltecimiento del terrorismo y la humillación a las víctimas”. Los casos no son sencillos y van desde las grescas políticas (un concejal activo es uno de los acusados), las diatribas del vocalista de un grupo de rock, los arrebatos de los animalistas y la sencilla canción de unos titiriteros. Abrir la cárcel para quienes gritan estupideces tiene sus riesgos, la histeria y el ridículo pueden ir apareciendo poco a poco. Esta semana fue absuelto César Strawberry, líder de la banda Def Con Dos, luego de enfrentar un proceso de dos años por trinos como este: “El fascismo sin complejos de Esperanza Aguirre, política del PP, me hace añorar hasta los Grapo”. Grapo fue un grupo armado de resistencia anti fascista que dejó cerca de 80 víctimas mortales en 30 años de existencia. Así defendía hace unos días Alex de la Iglesia a su amigo Strawberry:
“  ...ha podido cometer un error, el error de enfrascarse en una conversación de Twitter donde no están claros los límites entre el sarcasmo y la barbaridad. Ha podido cometer una insensatez, teniendo en cuenta la gravedad que eso supone. Pero una barbaridad y una insensatez no son razones suficientes para mandar a nadie a la cárcel”. Su defensa vinculó los trinos a su actividad artística y sacó a relucir viejos mensajes pacifistas. Pero unas semanas atrás el Tribunal Supremo español condenó a dos años de cárcel a una joven por sus tuits alabando a ETA y burlando a víctimas de la banda terrorista. “Tampoco la libertad ideológica o de expresión, pueden ofrecer cobijo a la exteriorización de expresiones que encierran un injustificable desprecio hacia las víctimas del terrorismo, hasta conllevar su humillación”, dice la sentencia.
Entre nosotros María Fernanda Cabal ha inaugurado las causas penales por trinos pero la fiscalía desestimó la denuncia. Se construye un nuevo y complejo filtro para las redes, hasta ahora no sabemos si será un instrumento para el control político, el ridículo judicial o el apaciguamiento ciudadano.




martes, 12 de julio de 2016

La misma línea









Según los censos en las regiones cocaleras y los satélites que husmean todo el año por entre las nubes, Colombia tiene cerca de 960 millones de matas de coca agrupadas en pequeños cultivos que en su gran mayoría no superan las 5 hectáreas. Desde finales de 2013 se ha presentado un aumento en los cultivos de coca y al mismo tiempo una concentración en el área de siembra: más coca en menos tierra. A pesar de que 2015 terminó con el mayor número de hectáreas sembradas en los últimos 8 años, los kilómetros cuadrados con problemas cocaleros sumaron una de las menores cifras desde el 2000. En últimas, crecieron un poco los lotes en los mismos sitios donde había coca en 2014. Los 10 municipios más cocaleros del país sumaban el 42% del total sembrado en 2014, en 2015 llegaron al 47%; y Tumaco, líder indiscutido, ya tiene el 17% de los cultivos nacionales.
Las cuentas de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODOC) dicen que 74.500 familias recibieron ingresos por la siembra de la hoja que ha marcado los territorios de la guerra durante cerca de 40 años. La mayoría de los cocaleros (65%) venden la hoja fresca a quienes se encargan de transformarla en pasta base y luego en cocaína. El porcentaje de quienes solo venden la hoja llega a 92% en la región del Pacífico donde se agrupa algo menos de la mitad del total de cultivos en Colombia. A pesar de que el kilo de hoja subió 39%, los ingresos de una familia cocalera no son muy distintos de los que logra una familia campesina sembrando yuca, cacao, plátano o café. Si se suma lo que recibe una familia por las 4 cosechas de una hectárea de coca en un año y algo de trabajo como “cocineros” o raspachines en lotes más grandes, los 5 integrantes promedio pueden alcanzar ingresos por 18 millones de pesos. Aun así, queda claro que nunca será fácil para el gobierno, con o sin colaboración eficaz de las Farc, reemplazar un mercado agropecuario que les entrega cerca de 480 millones de dólares a 372.000 personas, un número que excede por mucho a la base de las Farc y muestra que el grupo guerrillero controla si acaso un 40% del mercado ilegal.
Para quienes creen que todas las soluciones llueven del cielo y extrañan el glifosato hay algunos datos desalentadores. En Caquetá, por ejemplo, las hectáreas fumigadas han sido estables desde 2012 y en ese lapso el área cultivada se duplicó. En Antioquia, la fumigación se triplicó en los últimos 2 años y las hectáreas de coca se duplicaron. En Meta y Guaviare el Roundup oficial disminuyó 30% en el último año y la coca sembrada cayó el 3%. En el Putumayo el promedio de fumigación se mantuvo durante 4 años y las hectáreas de coca se triplicaron. La lógica de bombardear con veneno y mostrarle a los campesinos solo la cara del Estado en la barriga de las avionetas no es mágica ni mucho menos.
La zona de frontera con Ecuador, los parques nacionales, los resguardos indígenas y los territorios de los afros siguen siendo los puntos críticos para la lucha contra la mata de coca. Ahí está sembrada cerca del 45% y el Estado no tiene mucha posibilidad de entrar, ni por las buenas ni por las malas. El Catatumbo es la zona de la gran derrota para el gobierno, sus pactos no han disminuido la violencia y en cambio han cedido el control territorial y logrado que la coca se multiplique por 5 en los últimos 5 años. Las buenas noticias están en la Sierra Nevada, la Amazonía y la Orinoquía donde la coca casi ha desaparecido en 10 años.
La pelea es dispareja y distinta en cada territorio. El Estado siempre será un verdugo o un protector torpe en un medio que conoce mejor desde el satélite que bajo el sombrero del funcionario.

Inevitable: la coca seguirá siendo una dura vía de escape para muchos.



miércoles, 6 de julio de 2016

Muertos concentrados







Es lógico que las encuestas muestren la inseguridad en las ciudades como el principal problema del país. Aparte de de que las preguntas se hacen sobre todo a sus habitantes y no a los de las zonas rurales, los números muestran un estancamiento en la mejoría de las cifras de homicidio en las capitales. Además, las redes sociales han hecho de los atracos una versión en línea de las páginas rojas y los diarios amarillos. Pero esos son los delitos de menos. En homicidios Medellín y Cali mostraron pequeños aumentos, entre 5 y 10%, en los casos de muertes violentas en el primer semestre del año, mientras Bogotá y Barranquilla tuvieron cifras muy similares a las reportadas en 2015, apenas un poco por debajo. Al parecer Bogotá completará un lustro rondando los mismos 1300 homicidios anuales, Cali no logrará bajar su tasa de 57 homicidios por cada 100.000 habitantes que dobla el promedio nacional, Medellín llegó al tope de su reducción para encontrar un vaivén entre los 500 y 600 homicidios cada año, una cifra que depende sobre todo de las decisiones de los ilegales, y Barranquilla sostendrá sus muertos que marcan cerca del 75% de las víctimas de la violencia en el Atlántico. Las 4 ciudades aportaron una tercera parte de las muertes violentas en Colombia en el primer semestre de 2016.
Según las cifras de la policía en el primer semestre del año se presentaron 5802 homicidios en todo el país. Lo que significó una reducción de 331 casos con respecto al mismo periodo de 2015. El año anterior la reducción con respecto al 2014 fue de 1150 homicidios. Cali y Medellín que marcaron las reducciones más significativas al total nacional en los últimos años, han dejado de aportar sus mejorías y ahora podrían poner más víctimas que en 2015. Entre las capitales Cartagena, Pereira, Manizales, Tunja, Bucaramanga y Villavicencio han mostrado números alentadores en los primeros seis meses del año. La violencia homicida sigue concentrada en centros urbanos y zonas de conflicto ligadas a la coca y la minería ilegal. Los 50 municipios más poblados aportan casi las dos terceras partes de los homicidios que se cometen en Colombia.
Una cifra llama la atención en medio del informe entregado por la policía: en 458 municipios no se presentó un solo homicidio en el primer semestre del año. Nos hemos acostumbrado al estribillo de la violencia generalizada y para todo el mundo es una sorpresa, casi una mentira probada, que en cerca de la mitad de los municipios del país no se maten a machete o a plomo. La cifra es bastante superior al número usual de municipios sin muertes violentas que se ponen en lista de honor cada año. En el 2015 fueron 292 (26%) los que terminaron sin diligencias de levantamiento; y en la última década la cifra se ha mantenido entre 331 en el 2013 y 239 en 2007. La mayoría de esos municipios están ubicados en Boyacá, Santander y Cundinamarca, departamentos con las tasas más bajas en el país y que han mantenido fortines pacíficos a pesar de la ronda de chulos. El aumento de municipios sin muertes violentas, teniendo en cuenta que todavía faltan seis meses por vivir, puede estar relacionado con las mejores cifras en Caquetá, Putumayo y Meta donde el cese unilateral ha bajado tensiones y disparos.

En todo caso se confirma que el conflicto armado es solo una pequeña parte, cerca del 15%, de nuestra violencia homicida, y que los habitantes de las ciudades ven las perspectivas de la paz desde el miedo en la ventanilla del bus o en la esquina. 


martes, 28 de junio de 2016

División política







El 4 de febrero de 2008 las Farc lograron la mayor movilización ciudadana en la historia del país. El “Ejército del Pueblo” hizo que millones de habitantes en las ciudades salieran a gritarles que no los representaban y que su violencia era ya una pesadilla muy larga e inútil. Las encuestas de los últimos 15 años han repetido la misma cifra cercana al 95% de opinión desfavorable sobre el grupo guerrillero. Sin embargo, para muchos críticos del acuerdo en La Habana es muy factible que los jefes de las Farc sean elegidos en los más altos cargos del Estado. Timochenko en el tarjetón les parece al mismo tiempo una imposibilidad moral y una gran posibilidad electoral. En muchos casos creo que se trata más de plantear una ficción, un escenario extravagante para asustar a ciudadanos propensos a creer en las películas de terror.
Hace unos días la senadora Paloma Valencia escribió en su cuenta de Twitter: “Las zonas de concentración deben ser en los municipios donde ganó Santos, no en aquellos donde ganó @OIZuluaga”. A pesar del desvarío constitucional y legal, de plantear nuevo mapa de división politiquera y reclamar la presidencia de Pensilvania para Oscar Iván Zuluaga, vale la pena mirar los resultados electorales recientes en los municipios donde estarán las zonas de ubicación y los campamentos. Allí pueden estar algunas respuestas sobre el apoyo al proceso por parte de quienes han padecido la guerra, e igualmente, algunos desmentidos a quienes suponen que las Farc son barones electorales en armas.
En la segunda vuelta presidencial en 2014, Oscar Iván Zuluaga solo obtuvo mayorías en 7 de los 29 municipios donde están las veredas para las zonas de ubicación y los campamentos: San José del Guaviare, San Vicente del Caguán (por 51 votos), Remedios, Planadas, Villarica, Mapiripán y Vista Hermosa en el Vichada. En departamentos como el Cauca y Putumayo la victoria de Santos fue por amplias diferencias. En los municipios de Buenos Aires, Caldono y Corinto la votación de Santos superó el 80% de los votos, lo mismo que en municipios como Río Sucio en Chocó y Vigía del Fuerte en Antioquia. Algunos departamentos que han sido escenario del conflicto con las Farc muestran la polarización de una campaña que fue una especie de plebiscito anticipado sobre el proceso. Zuluaga ganó en Tolima, Meta, Caquetá, Vichada y Guaviare. Eso de algún modo desmiente el dominio de electoral de las Farc por medio de la amenaza armada.
De otro lado las recientes elecciones regionales en esas mismas zonas demuestran que las maquinarias tradicionales conservan su poder en muchos casos. Las orillas ideológicas, Polo y Centro Democrático, marcan muy poco en alcaldías y gobernaciones de zonas para la desmovilización y deben resignarse frente al poder de liberales (tienen11 alcaldías en los municipios escogidos), conservadores y la U. En muchos pueblos son corrientes las grandes y pomposas coaliciones, y es seguro que las Farc deberán llegar con la lección la negociación política bien aprendida si quieren ganar las alcaldías donde han rondado durante décadas. Su gran prueba será el respeto a una voluntad que no deberá responder a intimidaciones. A su discurso aparatoso y solemne hay que oponerle algo distinto a la satanización. Los habitantes de veredas y marcos de plaza sabrán responder.





martes, 21 de junio de 2016

A metros






El Metro de Medellín se ha hecho famoso por su pulcritud y el respeto de los usuarios a la línea amarilla como si fuera una guillotina. Las baldosas de sus estaciones son más relucientes que las de la catedral metropolitana y a los ciudadanos les encanta mirarse en ese espejo purificado. Incluso, los usuarios incluso bajan la voz cuando pasan el torniquete en las estaciones. Y los cancerberos de al lado de las taquillas acostumbran devolver niños embarrados o adultos marcados con el tufo de unos rones. El Metro se ha convertido en una especie de iglesia rodante del orgullo regional.
Pero detrás de las taquillas donde se recogen, solo en monedas y billetes, 1200 millones de pesos diarios las cosas son a otro precio. El ambiente es menos diáfano y las vías más retorcidas. Desde que llegó a la gobernación de Antioquia, Luis Pérez ha visto como objetivo clave el manejo del Metro de Medellín. Pérez sabe que la gobernación tiene más obligaciones que rentas propias y está en busca de los negocios de las Alianzas Público Privadas y uno que otro raponazo que pueda lograr por la vía de las alianzas políticas. El gobernador siente que Santos le debe algunas cuentas y piensa en la junta del Metro como un escenario perfecto para cobrarlas. Tal vez Santos simplemente haya cerrado los ojos para que Luis Pérez hiciera sus jugadas en el Metro saltando por encima de los torniquetes.
Los dos principales proyectos que han presentado hasta ahora la alcaldía de Medellín y la gobernación de Antioquia tienen al Metro como eje fundamental. La alcaldía vendió las acciones de EPM en Isagen con la idea de financiar el Tranvía de la 80, una obra que tiene tres veces el tamaño del tranvía de Ayacucho inaugurado hace poco. La plata llegará en dos semanas y 600.000 millones de pesos se destinarán al proyecto más urgente para la movilidad en de Medellín. Sobra decir que el Metro es la instancia técnica clave para todas las decisiones. Y la gobernación anunció hace unos días la creación de la empresa Ferrocarril de Antioquia SAS para poner a rodar un tren multipropósito que vaya de Amagá a Barbosa. El Metro de Medellín tiene el 24% en esa empresa y está a cargo de los estudios preliminares.
La gobernación tenía muy claro el método desde el comienzo. Intrigas ante el gobierno nacional y agujas a la gerente Claudia Restrepo. Llegaron las demandas por la gratuidad decretada en el día sin carro, los cuestionamientos permanentes, la negativa a todas las necesidades de la gerencia.  Hostilidad como estrategia. El asunto llegó hasta el irrespeto personal. Horadar en privado y dar falsas palmadas de respaldo en público. En la junta directiva del lunes pasado el ataque pareció bien planeado. El gobierno nacional se hizo a un lado para no participar en el trabajo sucio. El trato pudo ser más o menos así: ustedes la sacan y juntos nombramos el reemplazo. Nos es fácil aguantar a toderos del talante de Carlos Mario Montoya. El gobierno corre el riesgo de dejarle a Medellín y Antioquia una herencia digna de los ñoños para el Metro. No debe olvidar que gobernación y alcaldía pagan 10.000 millones de pesos mensuales a la nación por deuda del Metro. Las deudas políticas pueden obligar a las deshonra de las deudas públicas. 
El Metro de Medellín no es un instituto de segundo nivel para nivelar cuotas burocráticas. Ojalá el gobierno lo entienda y se pare en la raya. 

martes, 14 de junio de 2016

La moral del odio







Hasta 1994 estuvo vigente el artículo 175 del Código Penal alemán: “La fornicación contra natura, realizada entre personas del sexo masculino o de personas con animales, está castigada con una pena de cárcel de seis meses a cuatro años, además de la suspensión temporal de los derechos civiles”.  Durante más de 100 años se aplicó el castigo con distinto rigor. En las primeras décadas del siglo XX Alemania, Berlín específicamente, logró la paradoja de que las penas de prisión convivieran con un movimiento homosexual que tenía cien locales “adecuados” y treinta publicaciones “especializadas”. Europa miraba con una curiosidad y un recelo irresistibles. Klaus Mann escribía una pequeña esquela de invitación en 1923: “Mírenme, señoras y señores, truena la capital del imperio. Antes teníamos un ejército formidable, ahora dirigimos la vida nocturna más tumultuosa. Es Sodoma y Gomorra con un tempo prusiano. No se pierdan el circo de las perversidades”. El círculo del emperador Guillermo II fue acusado bajo el artículo 175 y sus consejeros enfrentaron juicios por blandos, románticos y pacifistas. Los nazis acabaron con el auge “uranista”, endurecieron las penas y condenaron incluso a quienes tenían la “intención lujuriosa de despertar la sensualidad de uno de los dos hombres o de un tercero”. En los campos de concentración los homosexuales fueron usados para experimentos con hormonas, además de tratamientos un poco más drásticos: lobotomías y castraciones.
Apenas hace unos años Alemania comenzó a anular las sentencias que marcaban la historia de muchos homosexuales y solo hoy intenta una reparación para las víctimas de su política criminal. Ver a Alemania tan cerca de Irán demuestra los muy recientes cambios y muy vigentes prejuicios mundiales contra la comunidad gay. En Colombia las relaciones sexuales entre parejas del mismo sexo fueron delito hasta 1980. Nada raro si tenemos en cuenta que la Organización Mundial de la Salud excluyó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales en 1983. Leer los argumentos de los juristas que perdieron la discusión en Colombia, en la comisión redactora del código penal a mediados de los años setenta, es leer los prejuicios que se mantienen intactos en millones de ciudadanos: “No creo incurrir en exageración, al afirmar que el homosexualismo de los hombres o de las mujeres, constituye un hecho antisocial, que envuelve un ataque a nuestros sentimientos, a nuestras costumbres y a nuestra organización familiar… El Código Penal por el carácter intimidativo que tiene, constituye un freno contra lo graves ilícitos que puedan cometerse.”
Ha pasado muy poco tiempo entre el Código Penal de 1980 y las sentencias de la Corte Constitucional que reconocen derechos a parejas del mismo sexo. La élite mayoritaria de los juristas cambió de opinión pero las mayorías siguen aplaudiendo y exigiendo la discriminación. Y la policía está atenta para respaldarlas. Hace días una campaña en Medellín, llamada Necesitamos más besos, terminó con una pareja de hombres acosada por una pareja de policías que amenazaron con arrestarlos por sus besos en público. No había generales a la vista. Algunos congresistas del Centro Democrático han centrado sus críticas a Claudia López en sus preferencias sexuales. Deben estar orgullosos porque en su “estado de opinión” comparten los sentimientos de alumnos bogotanos de secundaria frente a sus compañeros homosexuales: 38% asco, 17.6% miedo, 9.7% rabia y 6.5% odio. Podrían ser copartidarios de Dan Patrick, vicegobernador de Texas, quien soltó una cita sugerente cuando la policía recogía los cadáveres en la discoteca Pulse: “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. Gálatas 6:7.”




miércoles, 8 de junio de 2016

Matasanos





Cuando la impunidad es la regla el descaro puede ser una estrategia de defensa. Un cirujano plástico y un abogado penalista pueden convertir, con bisturí, plata, influencias y código, a las víctimas en victimarias. En este caso el cirujano se dedica a las deformaciones y el abogado a la estética jurídica. Mientras tanto, el Estado es una especie de ogro impotente al que se le escurren los delincuentes entre las piernas, por los bordes incompletos de las instituciones y los huecos en las oficinas de algunos corruptos. Fiscalía, defensoría del pueblo y ministerios de educación y salud se miran aterrados y ponen el visto bueno correspondiente. Por su parte, los tribunales de ética médica son a los galenos lo que la justicia penal militar es a los generales.
El caso del médico Francisco Sales Puccini es una especie de paradigma del matasanos. En 10 años ha acumulado 6 investigaciones penales y 7 administrativas. Los procesos más graves han sido por homicidio culposo y acceso carnal violento. A la fiscalía le tocó hacer búsqueda manual de sus carpetas porque en el sistema habían desaparecido sus pequeñas imperfecciones. Sales Puccini es apenas uno entre el extenso grupo de médicos a los que se les abrió la herida de la avaricia frente a la cirugía plástica. Sus consultorios funcionan con la lógica de los talleres para “engallar” carros. Las pacientes llegan y ellos recomiendan, se podría decir embuten, todo tipo de tratamientos y ofrecen descuento por el combo de prótesis y lija. Las gangas son su estrategia y no faltan las ofertas del trueque: favores sexuales por cirugías estéticas.
El doctor Francisco Sales Puccini, especialista en ginecología y obstetricia, se aburrió con la rutina de los alumbramientos y pasó al negocio más movido del marcador y el bisturí. El gremio ha ido acumulando una merecida mala fama por las historias de terror de mujeres remendadas y muertes recurrentes. Solo en Medellín han muerto 5 mujeres este año en procedimientos estéticos. Al año en Colombia se practican cerca de 380.000 cirugías entre las sencillas lipos y las transformaciones radicales. Los tatuadores han terminado por parecer responsables cirujanos frente a una buena porción de carniceros plásticos.
Sales Puccini les mostraba a sus pacientes títulos variados, a unas diplomas de la Universidad Ararás de Sao Paulo y a otras de la Universidad Veiga de Almeida. Algunos inexistentes y otros insuficientes. Los leguleyos se apoyan en que los títulos obtenidos en Brasil son legales y fueron validados por el Ministerio de Educación. Pero su legalidad no implica su equivalencia y unos cursos de 4 meses terminan, por la vía del engaño y la ambivalencia, convertidos en especializaciones. Lo ha dicho la Universidad Nacional al negar su “reconocimiento de saberes y título de especialista en cirugía plástica” al mencionado doctor en 2010, y lo dijeron los tribunales brasileros al aclarar la diferencia entre especialización y cursos semipresenciales como los ofrecidos por la Universidad Veiga de Almeida.
Ahora, Jaime Granados, abogado de Sales Puccini, dice que Lorena Beltrán, una de sus víctimas con arrestos suficientes para contar su historia y demandar, tiene “oscura intención” de desprestigiar al carnicero plástico y amenaza con demandas. Beltrán fue tratada con gelatina sin sabor cuando sus heridas se complicaron, le recetaron sin precaución alguna un medicamento que causa desórdenes emocionales. Siempre con una  promesa: en seis meses vas a estar bien. El doctor no pensaba en tiempos de cicatrización sino en el plazo de caducidad de la acción penal. Al final, cuando Beltrán encaró al doctor por sus múltiples problemas luego de una mamoplastia de reducción, Sales Puccini salió con la frase que demuestra al menos su desvergüenza: “Eso no es problema del sastre sino de la tela”. La justicia tendría que sacar a ese médico de los quirófanos para enviarlo, con matrícula condicional, a las sastrerías de barrio.