martes, 1 de septiembre de 2015

Migración Colombia





Hace unos días la OEA publicó su informe Migración Internacional en las Américas, un estudio con las cifras oficiales y las rutas de los migrantes en el continente. Los datos fríos de las fronteras calientes, los puntos de llegada de quienes buscan legalmente, con los papeles en orden, un país como opción o refugio. La primera evidencia es que apenas está comenzando el intercambio entre vecinos donde antes se miraba casi exclusivamente al norte. Entre 2009 y 2013 la migración entre países de América, excepto Estados Unidos y Canadá, creció un 39%. Argentina, Costa Rica, Venezuela y Chile son los destinos preferidos. Sin embargo, todavía los inmigrantes representan un porcentaje muy pequeño de la población, 1.4% en América Latina y el Caribe comparado con el 15% en Estados Unidos y Canadá. Somos expertos en aterrizar y todavía recelosos para recibir.
América Latina debe acostumbrarse a que desde Estados Unidos y países de la OCDE lleguen sobre todo turistas. Quienes arriban con pasaporte extranjero y con intenciones de quedarse, son sobre todo los vecinos inmediatos, los mismos de los picos de confraternidad o xenofobia según los humores políticos y los ciclos económicos. En los países andinos el 63% de los inmigrantes provienen de la misma región, y en muchos casos la mayoría llegan desde un mismo país: los nicaragüenses a Costa Rica, los bolivianos y paraguayos a Argentina, los colombianos a Venezuela. En promedio, el 57% de todos los emigrantes de los países de América Latina se concentran en un único país de destino.
Ya sea por la violencia interna o por condiciones de exclusión, por virtudes comerciales y afanes aventureros o por simpe tedio al patio patrio, Colombia está en los primeros lugares en las listas de emigrantes en el continente. En 2013 fue el tercer país que más dinero recibió por remesas (4000 millones de dólares) después de México y Guatemala. Si se mira el número de emigrantes a Europa solo estamos por debajo de Ecuador, y cuando volteamos a Estados Unidos los colombianos son la legión más numerosa luego de México, Cuba, República Dominicana y El Salvador. Además, somos la mayoría de migrantes en Venezuela, cerca del 70% del total; lo mismo que en Ecuador, donde la mitad de quienes han llegado a vivir desde el exterior son compatriotas. Sin olvidar las grandes rutas que se han abierto en los últimos cinco años desde nuestras ciudades hacia Argentina y Chile.
Los números del informe de la OEA dejan por fuera las grandes migraciones ilegales y las indiscutibles empresas de fleteros, expertos en el gota a gota, narcos y demás que viajan desde Colombia. El narcotráfico y el conflicto interno nos han hecho emprendedores en “tecnologías” criminales. El país debe exigir respeto a sus nacionales pero ser realista respecto a algunas acusaciones. Y sobre tomar decisiones con pinzas para no exponer a los millones de colombianos que viven afuera. El 40% de nuestros emigrantes legales viven en Venezuela y Ecuador, nuestros grandes rivales políticos. La paradoja de todo esto es que mientras la unión Europea nos abre las puertas para entrar sin visa, nuestros vecinos inmediatos parecen cada vez hostiles a la presencia de colombianos en sus países. La indignación interna y el oportunismo político pueden terminar marcando las casas de los millones de colombianos que forman la segunda ciudad del país tras la frontera.


martes, 25 de agosto de 2015

Venezuela inaudita







Venezuela sufre todos los síntomas de una paranoia automedicada. Un régimen acorralado por las cifras, las encuestas, el crimen propio y ajeno, el desprestigio internacional y una camarilla militar solo puede sobrevivir con la excitación de sentirse perseguido. El miedo y los fantasmas son la principal motivación de Nicolás Maduro y el PSUV. El gobierno de Venezuela no está enfermo de xenofobia, su pelea no es contra los colombianos, su pelea es en realidad contra los ciudadanos que no pertenecen al partido de gobierno, y entre ellos, los más fáciles de atropellar son los colombianos. Pero hay garrote para todos.
Los vecinos han pasado de la Venezuela Saudita a la Venezuela inaudita. La realidad va separando a los gobiernos de los marcos estrechos de las leyes, los tiempos difíciles convierten la constitución en una “bicha” inútil, blanda, sin los dientes necesarios para hacer frente a los “grandes desafíos”. Hace 15 años, cuando Chávez apenas se acomodaba en su silla, su candidato a la alcaldía de Caracas, Alfredo Peña, soltaba una frase que todavía retumba en Venezuela: “Yo voy a empeñarme en que se eche plomo al hampa. Y plomo cerrado”.  El hampa apenas comenzaba a crecer de la mano de las milicias bolivarianas y todavía faltaba cruzar un periodo en el que la policía combatía a los delincuentes con la simple sirena de las patrullas. Era el momento de la fraternidad. Pero las cosas han cambiado y llegó la hora del plomo cerrado. El mes pasado el gobierno mostró con orgullo la muerte de 14 supuestos delincuentes en un lugar conocido como la Cota 905, en Caracas. Según la prensa la policía ahora prefiere las bajas a las capturas. Y en medio del desespero una buena parte de la ciudadanía aplaude.
Los alcaldes han ido tomando nota de los nuevos modales y han comenzado a implementar sus propios castigos. El código penal venezolano también ha sufrido devaluación y han llegado los mercados paralelos. Hace 15 días el alcalde de Puerto Cabello, estado de Carabobo, decidió que los “bachaqueros” –revendedores y contrabandistas al menudeo– sorprendidos en su juego serían uniformados al mejor estilo de Guantánamo y obligados a barrer las calles bajo el escarnio de un letrero en la espalda. En el estado de Aragua también gustó la idea y ya se ven fotos de los bachaqueros con su overol y su escoba. Las declaraciones de los alcaldes dicen que merecen el castigo por jugar con los derechos del pueblo.
Luego del cierre de la frontera el gobernador del Táchira, José Vielma, lo ha dicho muy claro en su cuenta de twitter: “El pueblo está feliz por lo que hacemos con la OLPEspecialTáchira, la oposición está triste. #BastaDeParamilitarismo”. Habla del cierre de frontera, la deportación masiva y la restricción a seis libertades básicas en seis municipios del departamento. Desde hace tiempo la guerra partidista pasó por encima del Estado en Venezuela, y gran parte de las medidas son para asegurar un control económico, ilegal muchas veces, y para satisfacer una venganza a los contradictores.
El petróleo cerró ayer a 38 dólares, las peores encuestas para el gobierno dan una ventaja de 38 puntos a la oposición de cara a las elecciones de la Asamblea Nacional, Maduro y su gobierno pronto soltarán el pretexto vendedor de arremeter contra los colombianos e irán en contra las mayorías cansadas del PSUV, entiéndase las mayorías “enemigas del pueblo”.






martes, 18 de agosto de 2015

Fábula de tres ciudades






La ciudad está en el centro de un valle estrecho desde donde se extiende a las laderas del oriente y el occidente. Hace más de 100 años exhibe sus galas comerciales e industriales. Cada tanto los arrebatos de orgullo la impulsan a clamar por su independencia o su vocación capitalina. Un gran palacio metálico rodeado por un foso, cerca al río, encarna uno de sus grandes poderes. También un edificio de cristal, en la orilla del mismo río, cuidado por un hombre en la postura del pensador, se levanta como una insignia de su imperio económico. En las ciudades satélites en el sur y el norte, “simples bodegas y rezagos de empresas en decadencia”, están las plantas de tratamiento del río. Esos suburbios sirven de filtro para purificar aguas negras que entran y salen de la ciudad.
Los habitantes de la ciudad central han mirado por mucho tiempo a las ciudades periféricas como sencillos campamentos para sus trabajadores. En “La Ciudad” se precian de haber encontrado una nueva forma de elegir a sus príncipes. Ya no pesan tanto los colores rojo y azul que por años marcaron las disputas, ya no se obedece tanto al jefe de turno, ya no se empacan las papeletas en un sobre marcado, ya hay más conciencia ciudadana, dicen. El último de los grandes príncipes, antes llamados caciques, hombre del bando rojo, arrió sus banderas en una derrota hace más de 15 años: “Claro que soy clientelista. Es que a mí me gusta ayudar a los amigos y a los pobres. El que tiene clientela es porque hace bien su trabajo...”
Por su parte, algunos trabajadores de los príncipes de la ciudad central -edecanes, secretarias, notarios, conductores-, habitantes de la periferia, siguieron eligiendo sus mandamases bajo los métodos sabidos. Ordenaban a su gente en fila, le entregaban el ficho asignado a cada ciudadano-cliente y le daban un trabajo, una beca, un subsidio, una promesa. Saben llevar las actas necesarias y son unos genios para la contabilidad. Cuando los papeles no son suficientes para mantener el orden tienen hombres dispuestos a gruñir y a algo más.
Ahora las ciudades satélite en el sur y el norte se han unido bajo el color azul de dos grandes contadoras de becas, puestos y votos. Las señoras, que no son bobas, han comenzado a copar el centro desde la periferia. Una pequeña revolución de secretarias contra sus antiguos jefes se urde desde las bodegas, las oficinas y los garajes ubicados en los extremos del valle. Ahora han decidido ir por la gobernación del reino. Hacen su política en silencio, sin discursos, sin apelar a las utopías ni a la adrenalina de la indignación o el prócer de turno, solo necesitan el número que se debe marcar al momento de la elección, y sus listas y sus actas. Son expertas en inventariar huellas dactilares.
Poco a poco la ciudad central irá cediendo su poder frente al orden sin escrúpulos que se ejerce desde los límites. Los filtros para las aguas turbias se irán deteriorando y el centro y la periferia se regirán bajo una misma lógica. Será necesario ir hasta las estaciones del Metro en las ciudades del sur y el norte para inscribir la cédula y marcar la cara del posible príncipe. Un escritorio con cajones de doble fondo, pluma y huellero será el nuevo escudo del reino.





miércoles, 12 de agosto de 2015

Ayuno íntimo





Iba en busca de una leyenda familiar. Un lugar descrito mil veces con las mismas historias y casi las mismas palabras, imaginado de formas distintas, acompañado con la sencilla certeza que dejan las fotos en un álbum ya borroso. Tenía solo los nombres de la escuadra formada por dos calles: Seminario con Juana de Lestonac. Hace 50 años una pareja de recién casados en Medellín terminó viviendo en el primer piso de un edificio sobre esa calle con nombre de Santa en la capital chilena. Medellín era una naciente ciudad con ínfulas y Santiago de Chile estaba en la cola del mundo para la joven pareja de montañeros. Allá nació su primer hijo, una “guagua” según se le llamó siempre señalando las fotos del bautizo, y siguiendo el bautizo que los lugareños les dan a los bebés.
El taxista debió preguntar dos veces por radio a sus colegas sobre esa encrucijada tan extraña y caprichosa para un turista. Cuando supo dónde diablos quedaba la sacra dirección me examinó por el retrovisor y me preguntó qué iba a buscar a ese sitio. Salí del hotel solo, sin contarle a nadie de mi excursión, convencido de que caminaba hacia el más personal y desconocido de los destinos. Pero un minuto más tarde ya le había revelado al taxista de turno mi peregrinación, los anhelos de mi viaje mítico, las expectativas de quien espera encontrar un rastro venerable, una emoción en las rejas que cubren un jardín común entre dos edificios rojos de cuatro pisos. Al bajarme el hombre me miro con algo de compasión y complicidad, intentando entender mi recorrido. Estuve cerca de leerle una frase de Proust que llevaba como antídoto y amuleto para acompañar ese paseo de nostalgias inventadas: “Lo mismo que esas personas que salen de viaje para ver con sus propios ojos una ciudad deseada, imaginándose que en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado.”
Cuando llegué al lugar exacto, silencioso en la tarde de una afortunada huelga de maestros, me di cuenta que mi excitación me delataba. No había sido solo el olfato del taxista y la dirección atípica, ahora, mientras miraba los edificios, los carros, las tiendas y las abuelas cargando a las guaguas en el parque, un hombre me gritaba desde la acera opuesta, me preguntaba cuál carro me interesaba comprar y me señalaba una reliquia azul, cubierta de lo que parecía un polvo de cincuenta años. El hombre era el loco del barrio, lo delataba su tono y la cara risueña de los transeúntes que vieron la escena. Ahora no solo había sido descubierto al dar el primer paso sino burlado en el momento extático. Al frente una tienda lucía un aviso que me pareció una burla: “Llegó carbón”, decía con letra chueca sobre cartón. Un anuncio escrito para otro tiempo.
Me dediqué a las fotos  y los videos con el teléfono y me convertí en el loco del barrio. Ahora los vecinos me miraban extrañados mientras grababa y disparaba contra un barrio en el que no pasaba nada, mientras anotaba en la libreta y me daba bendiciones en ese lugar rodeado de calles intimidantes: Monseñor Miller, Arzobispo Vicuña, Obispo Salas.
Era el momento de entrar a la iglesia de los Santos Ángeles Custodios. Estaba absolutamente vacía. Solo risas y cuchicheos tras una puerta lateral que llevaba a la sacristía. Fui hasta la pila bautismal, toqué su pequeño foso húmedo, frío, la misma cavidad de los primeros tiempos de una historia familiar, de ese “pequeño reino, como llaman los sentimentales a la familia”.
Al final, ya sentado en la mesa de un restaurante, concluí que el hambre de quien a las cinco de la tarde ha tenido como almuerzo tres cervezas, había ayudado mucho a mis arrebatos de viajero en el tiempo. Entendí la importancia del ayuno para los místicos y sus visiones.  



martes, 4 de agosto de 2015

Extinción y dominio






Alberto Durero dibujó en 1515, basado en una descripción escrita, un rinoceronte que se convirtió en el protagonista de fábulas e imaginaciones. Una joya acorazada y rugosa. La criatura era digna de los bestiarios pero tenía la ventaja de haber habitado la “casa de fieras” del rey Manuel I de Portugal y haber muerto ahogado cuando iba camino al jardín del Papa León X. Era un monstruo con itinerario y algunas certidumbres. La descripción que acompaña el “retrato” de Durero hace envidiar los tiempos en que los animales salvajes eran quimeras: “Tiene el color de una tortuga moteada, y está casi completamente cubierto de gruesas escamas. Es del tamaño de un elefante, pero tiene las patas más cortas y es casi invulnerable. Tiene un poderoso y puntiagudo cuerno en la punta de su nariz, que afila en las rocas (…) Se dice que el rinoceronte es rápido, impetuoso y astuto”.
Es posible que en pocos años perdamos buena parte de la realidad de esa naturaleza salvaje y distante. Y nuestra imaginación ya no tendrá el impulso de hace siglos.  Nuestras fábulas serán los documentales de Discovery Channel y NatGeo. Necrologías detallas de especies extintas. Hace poco se le hizo seguimiento día a día a una tortuga macho de la especie de Chelonoidis Abigdonii que vivía en las islas galápagos. Se le llamó Solitario Jorge y se comentó en sus diarios apócrifos el desdén con las hembras de una especie parecida, y los 21 huevos infértiles que dejaron sus intentos azuzados por los científicos.
Los zoológicos se han ido convirtiendo desde hace 25 años en laboratorios contra la extinción. Desde 1989 Europa ha “importado” 61 elefantes africanos y ha logrado 100 nacimientos. Y son también ancianatos para ejemplares de algunas especies en peligro. Para algunos encarnan un Arca de Noé y para otros un circo sin látigos.
Pero la verdad es que poco a poco la Tierra se convierte en una especie de Panaca, una granja donde los establos, los galpones, los corrales y los cercos de ganaderos y pastores imponen las reglas. Y las especies. Gerardo Caballo, biólogo e investigador de la UNAM en México, publicó hace poco un estudio que se pregunta si no estamos frente a la sexta extinción en masa en el planeta. Las cifras parecen dar una respuesta afirmativa. Por razones de facilidad en la verificación su estudio se limita a los vertebrados: desde 1900 hasta hoy, en circunstancias geológicas normales, se deberían haber presentado 9 extinciones. Sin embargo los cálculos más conservadores hablan de 468 entre mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces. Por su parte un estudio del profesor Vaclav Smil, de la Universidad de Manitoba, afirma que si medimos solo la masa, los humanos ya representamos una tercera parte de los vertebrados terrestres. Y nuestros animales de engorde, diversión y trabajo agrupan la mayoría de las dos terceras partes restantes. Los animales salvajes “encarnan” solo el 5% de la masa de los vertebrados terrestres en el planeta.
Hace un año cazadores mataron Satao, el elefante más grande del parque natural Tsavo, en Kenia. Hace un mes el turno fue para Cecil en Zimbawe, un león que también era la estrella de una reserva natural. Casi posaba para las fotos. Cada año mueren más de 25.000 elefantes a manos de cazadores en África. Más de 400 cabezas de leones llegaron a España el año pasado como trofeo de caza. Tal vez sea mejor dejar de esterilizar a los hipopótamos del Magdalena medio.








miércoles, 29 de julio de 2015

Desenterrar un candidato





Hay que agradecer a los candidatos que persisten, a los viciosos del tarjetón y las promesas de la administración pública, a los que no se arredran a pesar de sus manchas y sus quemaduras. Gracias a ellos, aves carroñeras y migratorias de campaña, que solo aparecen cuando hay vallas y volantes, nos es dado recurrir a algunos datos viejos, desenterrar sus pasadas fechorías, recordar sus pifias y ahorrar un poco de trabajo. Luis Pérez se ha convertido candidato recurrente, fijo a pesar de lo flojo. Con su candidatura a la gobernación ajustará cuatro presencias en las últimas cinco elecciones regionales en Antioquia. Se ha inscrito en el 2000, 2007, 2011 y ahora 2015. Solo descansó y dejó descansar en 2003 cuando le era imposible ser candidato porque acababa de dejar la Alpujarra, que seguro él prefería llamar Palacio Municipal.
Ahora que el Estado decidió desenterrar la vergüenza criminal en La Escombrera vale la pena volver sobre el alcalde en los tiempos de las operaciones Mariscal y Orión. No es justo culpar a Luis Pérez de la problemática que se vivía en la Comuna 13 a comienzos de la década del 2000. Es seguro que su actuación en esos operativos militares y en la violencia paramilitar que se ejerció luego en muchos barrios del occidente de Medellín, excedía su poder y sus posibilidades. Pero algunos de sus dichos y sus actuaciones posteriores dejan claro el talante quien ahora pretende ser gobernador.
En su faceta más frívola Luis Pérez ha dicho que decidió a impulsar los operativos luego de la muerte de un joven, por una bala perdida, en el sector de Los Colores. La víctima era hijo de unos amigos del alcalde, y solo ese dolor personal en un barrio plano hizo que descubriera el drama que se vivía en las laderas. Luego de los operativos Pérez habló de una “gestión pública eficaz y transparente” y se atrevió a autodenominarse “el pacificador de la comuna 13”. El colmo del cinismo fue su afirmación luego de 10 años de Orión: “allá no quedaron ilegales”. 
 Cuando comenzaron a aparecer los horrores y las pruebas de las operaciones conjuntas entre la gente de Don Berna, policías y militares. El Pacificador se echó para atrás y aclaró que no había tenido ningún control sobre la toma militar. Mejor dicho, él se limitaba a firmar los decretos de toque de queda. Luis Pérez, experto en mentir, terminó escudándose en una cifra escueta: “En el primer año después de la operación Orión los homicidios en Medellín disminuyeron en 2.000”. En realidad hubo 1652 homicidios menos en 2003 con respecto a 2002. Luego de la operación se volvió a niveles de homicidios promedio en los años anteriores, no fue un avance, fue un regreso a la violencia acostumbrada.
Pero lo peor no fueron sus mentiras y sus aires de salvador y desentendido según viniera el juego. Lo verdaderamente grave fue que para la campaña de 2007 se alió con los paramilitares que convirtieron la zona en feudo, corredor, garita y cementerio. Se juntó con la gente de Don Berna para hacer política y montar una campaña de desprestigio contra Alonso Salazar que lo había derrotado en 2007. Lo dijo muy claro el fiscal 28 delegado ante la unidad nacional contra el terrorismo. Falsos testimonios, ventajas electorales en los barrios de domino paraco, declaraciones de Job, trabajo de la Corporación Democracia (brazo político de La Oficina), sirvieron para demostrarlo. Luis Pérez terminó, entonces, haciendo política y marrulla con los paras que se tomaron la Comuna 13 luego de la Operación Orión.
Es seguro que en esta campaña lo veremos de camisa blanca y pantalón de lino hablando con las familias de las víctimas en La Escombrera. Porque la desvergüenza es una de sus cualidades.





martes, 21 de julio de 2015

Partidos decapitados





Entre nosotros la mayoría de los políticos son en verdad oficinistas obedientes. Una de sus mayores cualidades es haber hecho la fila tras su jefe de filas. De modo que comienzan como almacenistas en un municipio medio o como secretarios de un notario o como toderos en una corporación dizque autónoma, y van mostrando la cara ante la clientela de siempre en tarimas de pueblo y barrio. Ese es su trabajo de fin de semana. La primera elección es casi siempre una especie de endoso que les entrega su padrino. “Hacerse contar” es la expresión solemne que repiten en esos días los primerizos. Y el carro blindado es su peculiar diploma de graduación.
Tres de los principales partidos en Antioquia exhiben para las elecciones de octubre próximo una singular orfandad. Tienen clientela, cargaladrillos, jefes supremos, supernumerarios y hasta electores que todavía votan a conciencia, pero no encuentran un candidato. Se empeñaron tanto en hacer de la política un ejercicio simple de mecánica, un trabajo de medianía para llenar planillas y reclutar familias, como si fueran vendedores puerta a puerta, que de un momento a otro descubrieron que tienen organigrama pero no hay a quién “exhibir” en la baraja del tarjetón. Si los comparáramos con las iglesias habría que decir que el aparataje para recoger diezmos hizo desaparecer al pastor y su sermón. Se dirían que están empeñados en hacer crecer el voto en blanco, los tarjetones no marcados y los votos nulos. Hace cuatro años un tercio de los votos a la asamblea en Antioquia quedó entre esas tres categorías.
Por vías distintas han llegado a esos extremos de candidatos inviables o invisibles. El Centro Democrático es el partido de una “sola sombra larga”. Tras Uribe todos son dependientes, mecanógrafos, cajeros, dactilógrafos, pasantes. Uribe ya usó su nombre para la elección de marzo pasado y el partido quedó en la inopia. Sacó el 20% de los votos para la Cámara de Representantes en Antioquia e hizo que los godos y la U perdieran la mitad de sus curules en esa corporación. Tiene un santo patrono que se ha convertido en estampa electoral, pero no tiene candidato a la gobernación. Tiene además a Fabio Valencia y a Luis Alfredo Ramos, especialistas en acarrear votantes, pero le dio pudor tomarle la foto a Liliana Rendón, y a sus 81 años Juan Gómez ya se marea en el helicóptero oficial, y Darío Montoya no saca votos ni en el Sena, y no hay más a quién decirle.
Los godos y sus cinco falanges han llegado al mismo punto por la vía extraña del ocultismo como estrategia electoral. Las grandes electoras son Olga Suárez Mira y Nidia Marcela Osorio, antiguas concejales de Bello e Itagüí, silenciosas por conveniencia u obligación que terminaron con el 10% de los votos conservadores en el país. Ellas dos decidieron que Eva Inés Sánchez sería la candidata a la gobernación. Doña Eva marca su hoja de vida con haber sido contralora de Bello, un trabajo que se parece mucho al de los guardaespaldas, pero no con armas sino con papelería. Hasta donde sé Eva es debutante en el paraíso de la política electoral.
El partido de la U es en realidad una cofradía tan variopinta, atada por la cinta de la burocracia, que entre sus miembros no hay ambiciones distintas a mantener la nómina. No saben si apoyar a Luis Pérez o a la despechada Liliana Rendón. Eso lo decidirán calculadora en mano.
Los partidos se duelen de que no se pueda, como en otras ocasiones, poner la equis sobre el simple logo. Los candidatos visibles son escasos… y estorban.