martes, 3 de marzo de 2015

Tierra y humo








Los gases lacrimógenos y las bombas de aturdimiento son casi siempre la utilería final de una gresca larga y compleja. El chisporroteo que registran los medios para que se saquen dos o tres conclusiones opuestas y equivocadas. Las recientes trifulcas en el norte del Cauca son el ejemplo perfecto de una maraña social, racial y política que buscamos comprender con el saldo de heridos entre indígenas y policías con escudo. Para el televidente o el lector de prensa la sangre también tiene la última palabra. Pero cada gresca en Caloto, Inzá, Caldono, o Santander de Quilichao tiene derechos y tragedias que se superponen, límites ancestrales que chocan con las oficinas de registro y recelos tan viejos como el maíz.
El Cauca es sobre todo un caldo donde se mezclan organizaciones indígenas, negras y campesinas con reivindicaciones justas, y algunos apetitos desbordados, con las haciendas de los empresarios cañeros y los grandes cultivos de pino y eucalipto. Todo en medio de linderos endebles y títulos de propiedad por definirse. Hasta ahí el caldo es tan caliente que es imposible meter la cucharada. Pero faltan los ingredientes venenosos: cultivos de coca, marihuana y amapola, todos los grupos armados ilegales, rutas de narcos hacia el pacífico, reacomodos de población por tragedias ambientales y desplazamiento. A todo eso se le suma una nerviosa expectativa frente a lo que pueda pasar luego de un acuerdo con las farc.  Entonces lo que algunos quieren cantar como un estribillo de un pueblo ancestral y desterrado por latifundistas, es en realidad un mapa de danzas y bochinches de todos contra todos.
Los indígenas constituyen el 20% de la población del departamento y se agrupan en 100 resguardos. Según las cifras tienen entre títulos “sellados y por sellar” cerca de 612.000 hectáreas, un poco más de una tercera parte del departamento. Aquí aparece la primera superposición de linderos entre quienes buscan hacer valer sus actas coloniales y quienes tienen resoluciones recientes del Incoder. Pero eso no los convierte en terratenientes. Buena parte de sus tierras son zonas de conservación o parques naturales y en muchas comunidades la joven familia que tiene su primer hijo no encuentra donde sembrar el café, el fique, la yuca, el maíz o la papa. Cuando el Estado adjudica a los campesinos desplazados vienen nuevos líos y cuando entrega las propiedades colectivas a los negros también ha habido zafarrancho. Un estudio de la Universidad Javeriana publicado en diciembre de 2013 reseña 15 conflictos, entre urgentes y potenciales, que involucran a comunidades indígenas, colectivos negros y organizaciones campesinas. En los últimos dos años el gobierno compró más de 5000 hectáreas por un valor cercano a los 32.000 millones de pesos para entregarles a comunidades en el Cauca. Muchas veces la ansiada solución terminó en nuevos conflictos con muertos y parcelas quemadas. Nos tenemos que olvidar de los propietarios sonrientes que exhiben la escritura y el registro de instrumentos públicos.
Es cierto que la agroindustria acapara las tierras más fértiles y suma más de 80.000 hectáreas en sus campos, es cierto que la pobreza rural supera el 80% y que los cultivos ilegales son el alivio y la condena para muchas familias campesinas, negras e indígenas. Pero no vale la pena convertir el complejo juego de estrategias sociales, armadas y clientelistas en un simple despojo de los poderosos. La tierra en el Cauca no es plana, es sinuosa como la realidad.


4 comentarios:

German Martinez dijo...

La visión del Cauca actual es mas allá de los titulares de prensa, este departamento desde la mal llamada conquista ha sido el crisol donde se han fusionado la genética de sus ocupantes , cada uno con aportes importantes a la gastronomía - hoy desaparecida y convertida en corrientaso - el turismo ya no encuentra los platos típicos de esta region que le dan una imagen internacional, se les ha disfrazado con otros ingredientes nuevos.

En el campo la corrupción ha sido el combustible para que hoy la productividad sea mínima, los dineros nunca fueron invertidos en proyectar el campo en materia agropecuaria, se fueron en burocracia y campañas políticas - épocas en que se compraban votos con semillas, herramientas, teja de cartón, ollas, hoy se importa el 75% de sus alimentos, en el año 1980 la plaza de mercado del Barrio Bolivar era digna de ser captada por cualquier fotógrafo ante la gran diversidad de productos cosechados en esta region, sumada al colorido de las ropas de los vendedores, pero,,, desparece esta productividad ante el resultado de los pésimos programas de gobierno nacional en materia rural,el abandono de sus vías, falta de electrificación , agua potable, servicios médicos , lo que se remplazo por cultivos ilícitos que hoy se mantienen y por la importación de alimentos de todo el país y del vecino Ecuador. y en materia de tierras la ocupación por la fuerza hoy es respuesta a lo que en los años 50 se presento en el norte del Cauca para desplazar las comunidades negras que liberadas tenían cultivos de pan coger y cacao, Cauca fue gran productor de Cacao pero sus fincas fueron arrasadas y quemadas para que se incorporaran a la agroindustria que hoy conocemos, toca revisar la prensa de esos años El País y conocer esa historia no contada

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