martes, 9 de febrero de 2010

Uribismo y Santanderismo





Luego de la ponencia que según parece cierra puerta a las pretensiones del presidente Uribe de mantener la rienda durante cuatro años más han aparecido los voceros de la voluntad popular, los defensores del fondo sobre la forma, los detractores del odioso puntillismo legal, los hombres prácticos, los pensadores que no reparan en detalles, los industriosos que buscan defender el todo sin mirar las partes.
Algunos de esos ilustrados saben que la democracia está hecha de formalidades, que en últimas las leyes son un conjunto de procedimientos de tiempo y lugar, que el fin debe adaptarse a los medios para no terminar tratando la Constitución como una “bicha” engorrosa. Otros de verdad no logran entender que el Presidente de la República debe estar sujeto a unas reglas elementales y estrictas sin importar lo piadoso, laborioso y valeroso que sea. Como una garantía para dominar sus ímpetus y no vernos sometidos a sus admirables y peligrosas cualidades. He intentado convencer a muchos de esos imperturbables reeleccionistas y he fracasado en cada intento: en las conversaciones con ánimos anisados, en las charlas de tinto y empanada, en la mesa con mantel y galletas, en el monólogo desde la banca del taxi.
Sin embargo, mis ímpetus pedagógicos continúan y en vísperas del bicentenario he decidido recurrir a algunos alegatos entre Bolívar y Santander para ilustrar nuestra actual disyuntiva. De antemano me disculpo con los historiadores y aclaro que lo mío es la simple cartilla educativa. En el principio era la pugna entre las necesidades que imponía la guerra contra los españoles y los dictados de las leyes de hacienda. Bolívar daba la pelea en el sur pensando solo en la victoria y Santander intentaba desde Palacio hacer cumplir los acuerdos constitucionales. Según sus ideas los gobiernos de la naciente república debían enseñar a los ciudadanos a respetar las normas básicas. El héroe contra el leguleyo.
Luego vendrían los pleitos en torno a la constitución de 1821. Bolívar y Santander compartían su desconfianza respecto a las reuniones populares y el posible advenimiento de los demagogos. Pero proponían soluciones distintas. El Libertador quería afrontar los peligros con una constitución copiada de la de Bolivia: un presidente que nombraba a su sucesor, un senado hereditario y un centralismo fuerte. El hombre de las leyes confiaba en que la constitución existente era una herramienta válida para encarar los desafíos y se pegaba a los llamados formalismos: la constitución de 1821 establecía la prohibición explícita de ser reformada antes de 10 años. En contra de su recelo inicial Bolívar terminó aceptando la voluntad de las juntas populares por encima de la ley y convocó una convención para cambiar la constitución. Cuando no logró el apoyo suficiente a sus ideas decidió asumir todo el control por la fuerza de su brazo. El estado de opinión es un cuento viejo.
En ocasiones, ante la realidad de la derrota política Santander cedió en su apego a la ley y decidió decorar su resignación con algunos laberintos jurídicos para que las decisiones de hecho tuvieran un barniz constitucional. Esa especie de disfraz hizo que el término “Santanderismo” acabara por definir los actos de quienes incumplen la ley mientras tiran un manto leguleyo sobre sus trampas y sus descuidos. La paradoja es que hoy en día los verdaderos “Santanderistas” no son quienes invocan las formas legales sino quienes quieren cubrir sus afanes políticos con la doctrina de José Obdulio, las razones de Juan Lozano y la bendición del Procurador.

13 comentarios:

Pascual Gaviria dijo...

Antes del tema propuesto vale la pena hacer un réquiem por la revista Cambio. Yo defendí El Tiempo en el momento de la salida de Claudia López, dije que de algún modo su tono contra el periódico había creado una incompatibilidad entre la columnista y la dirección. Ahora el caso es más complicado, creo que no quedaron dudas de que la gente de Planeta no quiere ruido en sus relaciones con el gobierno. Da tristeza por la historia de la revista y porque es increíble que se cierre el medio que ventiló los últimos escándalos en el país. Además esos españoles tiene ojo para un sucio: hicieron la cagada en vísperas del día del periodista y del ruido del bicentenario. Chapetones tenían que ser.

Pascual Gaviria dijo...

Interesante entrevista con Manuel José Cepeda, ex – magistrado de la Corte Constitucional
Da luces como son las discusiones al interior de la Corte y algo sobre el fallo del referendo. Un aparte clave:
“Cuando una ponencia se basa en vicios de procedimiento de una reforma constitucional la decisión depende de las pruebas, no tanto de grandes teorías jurídicas. Todos los magistrados recibieron las pruebas desde que llegaron a la Corte.

En cambio, cuando se trata de la doctrina de la sustitución, importan mucho las distintas concepciones jurídicasy orientaciones filosóficas. Pero la Corte no está obligada a discutir esto si llega a la conclusión que un vicio de procedimiento es insubsanable y que por lo tanto la ley convocatoria del referendo es inconstitucional.

En 2005, la Corte sí consideró que debía pronunciarse sobre la doctrina de la sustitución. Y concluyó que si la reelección era por una sola vez y acompañada de una ley estatutaria que introdujera equidad en la contienda electoral, no habría sustitución.”

Sergio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pascual Gaviria dijo...

Sobre la tregua con las bandas en Medellín

eureka dijo...

El problema con la aprobación en la Corte de la primera reeleción fué que, aún si la doctrina de sustitución era lo importante, si se hubiese sabido o tenido pruebas de que la reelección pasó por un cohecho que cometió Yidis Medina de una parte y, al parecer, el espíritu santo por la otra, poco hubiera importado las grandes concepciones jurídicas, no?

Pascual Gaviria dijo...

Mamá Nohemí, Por Rudolf Hommes

Pascual Gaviria dijo...

Francisco de Paula Santander: sus ideas políticas Aquí está el texto de Jorge Orlando Melo de donde surgió la idea de la columna. La página de Melo está llena de artículos con carne y gusto. Muy recomendada.

Pascual Gaviria dijo...

Chávez anda encarretado leyendo a Lenin

Diego dijo...

Ante todo lo que existe verdaderamente es un estado fallido. Que tiene códigos, leyes y constitución que casi nunca se cumple. Es el país gobernado por las mafias, infiltradas en lo mas hondo de su razón de ser. En las ciudades grandes se puede observar que algo medio funciona, pero en los lugares provincianos, es cuestión de preguntar quien es el cacique y, con ello, actuar en el ambiente político, de lo contrario, se juega la vida misma.

Tarantini dijo...

Pascual,

No quiero cobrar por ventanilla, pero en su columna Hommes corrobora mi planteamiento en un cometario mio en la columna anterior.

La señora Sanín es ducha en la brega política y burocrática, y está jugando al error de los otros, para que se saquen sólos, como ya lo hizo Arias. Más vale el diablo por viejo que por diablo.

JuanDavidVelez dijo...

Pascual, ahí leí un poquito de la ultima rabodeaji. Esta muy tesa, viendo esos textos le doy la razón en que no haya publicado a los escritores que yo represento.

JuanDavidVelez dijo...

Pascual, ¿usted no escribio lo de las pipas?, ahí firma otro autor que al parecer también es muy insigne.

Pascual Gaviria dijo...

Juan David no había querido darle el campanazo a rabodeají porque faltaban dos detalles. Muy bacano que la viste. De una vez invitación para los lectores del blog.
El texto de las pipas sí lo escribí yo. El nombre que figura es un seudónimo para mamarle gallo al autor de las fotos y sus parentescos.
Sobre los autores que recomendaste ya no me acuerdo muy bien, Sí, el tema del bazuco pero ya no recuerdo muy buen las crónicas. Incluso pudo ser decidía de los editores y no incompetencia del cronista. Tal vez nos cogió en un tiempo frío, por no decir muerto.

Todos invitados.

www.rabodeaji.com