viernes, 12 de septiembre de 2014

Respuesta a una carta





Señores (as) Movimiento de veeduría cívica Old Providence.


La indignación es mala consejera a la hora de la lectura. En los últimos años se ha hecho una apología del berriche y la pataleta, pero para escribir cartas tal vez sea mejor la tranquilidad. Lo primero que me llama la atención de las tres páginas del emplazamiento que me envían, es el supuesto permiso que debí tramitar para escribir “sobre algo tan delicado”. No me cabe duda de que los raizales son los dueños de Providencia, pero también tengo claro que no pueden imponer un veto para hablar de sus historias. Todavía no hemos llegado a la necesidad de “consulta previa” para escribir una versión sobre lo que pasa en un territorio. También me extrañó una mención a mis apellidos y la posibilidad de publicar una columna. El argumento de la descalificación personal viene casi siempre del resentimiento y este no parece ser un caso distinto. Me dicen que hay artículos “muy serios” escritos por isleños que hace fila para ser publicados, y pienso que podrían montar un buen blog con ellos y moverlos por las redes sociales. No solo se trata de llamarse independientes sino de intentar serlo antes de sentarse en la “sala de espera” de las redacciones de los grandes medios. Por mi parte ofrezco las páginas de Universo Centro, un periódico que se hace y se piensa en Medellín, para publicar algunos de esos artículos que esperan su momento en un cofre.
Al leer una columna siempre vale la pena pensar en posibilidades y espacios limitados. El columnista nunca pretende abarcar todas las realidades, tal vez su trabajo se parezca un poco al del fotógrafo que elige un encuadre y dispara. Mi idea era hablar de un “ecosistema” omnipresente y sombrío en la isla. Omnipresente porque está en el imaginario, en las pesadillas y en los sueños de casi todos en Providencia, y sombrío porque puede ser tétrico y se trata con susurros y claves. Tal vez se les olvida que hay 4500 realidades en la isla y que las crónicas pueden ser diferentes a las que se escriben para las revistas de espaldar de silla de avión.
Pero vamos a las críticas a la columna. Tal vez valga la pena comenzar por una que demuestra la ceguera que produce la indignación. La carta reseña mi ignorancia al hablar de la red de los pescadores de langosta. No es inventando gazapos como se desvirtúa la realidad: si hablo de buzos es lógico que no estoy pensando en una red para pescar sino simplemente para guardar lo que se recoge del fondo. También noto que en ocasiones se encargan de terminar mis frases y darles un sentido que los haga sentir más molestos. Por ejemplo, decir que los viejos saben el camino de salida de las lanchas y la ruta de regreso de los “cosos”, no desconoce que muchos de ellos condenen el narcotráfico y añoren tiempos idos.
La carta me demuestra también que en la veeduría les encanta el papel de víctimas. Esa idea de una arcadia corrompida por el continente es un viejo premio de consolación. El narcotráfico no es una plaga colombiana sino una colección de multinacionales del crimen. Entender la mafia como un invento nacional para corromper a los pueblos raizales solo puede salir de una mirada algo paranoica. Además, el negocio narco tiene en el caribe conexiones que van mucho más allá de Colombia: Honduras, Jamaica, Bahamas, Nicaragua, México y otros participan de esa larga correría hasta el Norte donde Providencia es una más en el rosario de escalas. Creo que eso es absolutamente lógico y por eso no dije, como ustedes me reclaman, que San Andrés y Providencia “fueron convertidas en el ojo del huracán del narcotráfico por su posición geográfica.” El narcotráfico ha transformado la sociedad en muchos de nuestros pueblos y ciudades: corrupción, movilidad social, violencia, nuevos modelos de éxito, industrias criminales, taras culturales han ido creciendo al amparo de una guerra que dice proteger la salud pública. Pasa en toda América Latina y no parece que la mejor manera de explicar el fenómeno sea con una fábula de lobos y ovejas. Estoy acostumbrado a la repetida indignación de autoridades y ciudadanos de Medellín por los cientos de retratos de su realidad con las imágenes del sicario y el narco. Y tengo que decir el estereotipo aburre pero también que es inevitable y en ocasiones puede convertirse en una especie de antídoto social. También he entendido que todas las vistas son parciales y que es imposible guiar las impresiones del visitante, del testigo, del curioso. Algunas se parecen a lo que vemos como habitantes y algunas no, y sirve más el contraste con nuestro relato que la simple descalificación.
Por último quiero hacerles una pregunta. ¿Por qué les causa tanto desconcierto y tanta rabia mi pequeña relación de hechos turbios cuando ustedes mismos reconocen en su carta los problemas de la isla? Un lector desprevenido de la columna y la carta podría encontrar entre las dos bastantes puntos en común. Ustedes hablan de “la escalada de la violencia en Providencia, una isla donde no pasaba casi nada”, y donde el control social se ha ido perdiendo; reconocen “que hoy hay armas y criminalidad y delincuencia”, culpan en parte a los policías de “las actividades de narcotráfico que se ejercen” en la isla; y en tono dolido confirman “el desangramiento (sic) que significa para la sociedad raizal que sus hijos terminen regados en cárceles del Caribe, o desaparecidos, o muertos…” Mi página es una mirada sobre ese mismo drama, pero veo que a ustedes solo les gusta el autorretrato.
Más que recriminaciones y disculpas les propongo un diálogo sobre lo que pasa en Providencia. Ya estamos suficientemente lejos para marcar más distancias.

Saludos,

Pascual Gaviria Uribe.

5 comentarios:

Pascual Gaviria dijo...

Carta a pascual Gaviria sobre Noticia de Providencia

edgar dijo...

En adelante a viajar a la isla de incocnito o como rasta jijiji . Y yo que te pedí que le faltaron nombres de capos y bacrim al escrito

mery Henry Archbold dijo...

Buenas noches sr pascual gaviria , la paranoia , sentimientos de rabia , inconformismo y de mas calificativos que podria imaginar en cuanto a la reaccion del pueblo raizal con su "profesional articulo" podrian ser ciertos , pero le cuento no deja a un lado el articulo desairado que utd redacto , se supone que cuando vamos a abordar las dos partes del conflicto ya sea resaltar lo bueno o hablar de lo malo , hacemos una investigacion para que nuestros comentarios sean de todo menos MENTIRA , utd con que derecho se atrevio a hablar de un pueblo del cual solo conoce lo que los medios han mostrado :? , alguna vez se sento a hablar con algun nativo ? vivio esta problematica de cerca? sabe si quiera cuantos asesinatos y muestes violentas han ocurrido en los ultimos 80-100 años en providencia ? le cuento , podria contarlos con los dedos de mis manos y me sobrarian , ... ademas señor gaviria nuestros viejos conocen muchas rutas de transito del mar caribe , pero no precisamente por el narcotrafico , si no por sus faenas de pesca , y asi le parezca surrealista , el problema del narcotrafico tiene una raiz clara colombia y centro america , las islas son solo un lugar de paso donde muchos raizales y policias se lucran con este hecho , pero no hay que generalizar ni estigmatizar al isleño , ... yo no soy comunicadora social ni una critica , soy una isleña providenciana de esos jovenes de los cuales utd habla en su articulo con una pequeña diferencia estudiante , conocedora de los problemas de este pequeño paraiso , optimista , añorando volver a mi amado paraiso para ejercer mi carrera y ayudar a mi pueblo ........ feliz de venir de ese pedazo de tierra donde se puede dormir con la ventana abierta , salir y dejar las puertas abiertas , dejar las llaves en los vehiculos , dejar la ropa colgada auera y encontrarla a la mañana siguiente , sentarse al pie de la calle y cansarse de saludar a todo el que pasa ( porq somos una familia grande de 4500-5000 habitantes) , donde las fiestas navideñas se celebran en el centro y al dia siguiente puedes ir a cualquier casa y tendras un pedazo de torta , cerdo , arroz de flijoles y ensalada de papas , donde los fines de semana y festivos nos encontramos todos en las playas , se escucha musica , si vive la vida isleña y le cuento esto si no es una mentira , es lo que eh vivido ..... problemas siiii en todas partes pero no es ell campo sangriento , invivible insufrible , lleno de pequeños capos , y sicarios que tienen atemorizada a la comunidad a lo que dio a entender su columna en aquel diario de circulacion nacional ..

Johnatan Jesús Clavijo Taborda dijo...

Creo que el problema de la columna está en este párrafo: "Allá todos tienen la misma sangre y la misma bilis, se pueden abrazar en las tardes y disparar en las noches, se emborrachan con la misma botella y se dan palo con los bastones negros del vudú (...)".

La generalización del todos fue la puerta de entrada para las críticas de un texto que rescata una realidad más bien desapercibida, ante las miradas que siempre atrae la "hermana mayor".

Anónimo dijo...

Providencia y una columna
http://www.elespectador.com/opinion/providencia-y-una-columna-columna-518049
.... Nos imaginamos el dolor que están sintiendo los antioqueños ante tales afirmaciones y nos atrevemos a decir que compartimos el sentimiento, pues nosotros, la comunidad raizal de Providencia y Santa Catalina, lo sentimos con la columna “Noticia de Providencia”, publicada en las páginas de El Espectador, el pasado 9 de septiembre, producto de la pluma del ya mencionado abogado antioqueño Pascual Gaviria Uribe.
Los dos escritos, si bien son de naturaleza distinta, cometen un error común: meter dentro del mismo saco a toda una comunidad. “Vírgenes a la venta en Colombia en ‘el burdel más grande del mundo’” sería un capítulo del capo de Medellín, y “Noticia de Providencia”, en palabras de Gaviria Uribe, sería un capítulo para el capo del Caribe.
Somos una comunidad respetuosa de la libertad de expresión, no esperamos que se convoque a ninguna consulta previa para que puedan escribir sobre nuestra realidad, ni más faltaba. De hecho, en las islas SÓLO se han realizado unas pocas consultas para algún proyecto, pero definitivamente debemos rechazar artículos y columnas que si bien apuntan a una problemática bien conocida por el pueblo raizal, exponen la realidad más que con análisis y buena información, con profundo odio. Estas dos características se sienten tanto en la columna “Noticia de Providencia”, como en la respuesta que Gaviria Uribe le da a la carta de la Veeduría Cívica de las islas. Si a las plumas se les pudieran imputar cargos, el que le imputaríamos a la pluma de los señores Gaviria y Galdós sería el de crímenes de odio, pues lo único que logran es la estigmatización de comunidades que no hacen otra cosa que luchar por salir adelante....
Las islas, desde hace muchos años, han sido motivo de disputa, pero desde hace 34 años, desde que triunfó la revolución sandinista, han sido objetivo expansionista de la nación centroamericana y, mientras Nicaragua luchó disciplinadamente ante el tribunal de La Haya para lograr sus propósitos, Colombia se dedicó a exterminar una comunidad que le estorba, de la que tan SÓLO necesita su territorio, no sus pobladores.
En 1996 sufrimos una campaña de desprestigio muy parecida a la que ahora protagonizan plumas como la de Gaviria Uribe. Producto de ella cayó completamente el turismo, fuente principal de la economía isleña, pues la pesca y la agricultura son dos renglones que sistemáticamente han ido desapareciendo a instancias de los gobiernos de turno. SÓLO fue hasta octubre de 2005 y, como consecuencia del huracán Beta, que los ojos del continente se volvieron a poner sobre la comunidad raizal, y ello porque los grandes operadores turísticos buscaban la forma de entrar a nuestro territorio.
Visiones como las de Gaviria Uribe para lo único que sirven son para justificar la intervención a comunidades como las nuestras y acabarlas. No estamos acostumbrados, como los paisas, a que nos estigmaticen, tampoco creemos que escritos como “Noticia en Providencia” sea el antídoto social, preferimos el relato a la simple descalificación....
Señores de El Espectador: háganle saber al señor Gaviria Uribe que no vemos razón para dialogar con quienes SÓLO ven lo malo, es una distancia irreconciliable. No podemos hablar con quienes contribuyen con la campaña de exterminio de la cual somos víctimas hace décadas.