martes, 18 de septiembre de 2007

Historieta del Che



A propósito del día D para la cita de Chávez y Reyes, el 40 aniversario de la muerte del Che en Bolivia, va una pequeña viñeta del héroe y villano.

Desde que me entregaron un billete de tres pesos acuñado con la figura del Che Guevara, quedé convencido de la inexistencia del personaje. Ese papel de valor sospechoso fue signo suficiente para advertir la falsedad que había detrás de toda la historia de milagros y martirios. Su estampa de Cristo altanero coronado por una estrella se me reveló como demasiado atractiva para ser cierta. Era seguro que los comunistas habían notado nuestra debilidad por los superhéroes y habían construido uno a su manera, con pulmones débiles y vocación de mártir. Un paladín místico y masoquista.
La historia se convirtió entonces en historieta, y el guión del engaño demostró ser impecable de principio a fin. Al comienzo el valiente se muestra algo débil dentro de la tropa de justicieros, se ahoga, camina lento y hasta se le niegan los poderes corrientes del fusil: “...dado mi estado asmático que me obligaba a caminar a la cola de la columna, se me quitó la ametralladora Thompson que portaba. Como tres días tardaron en devolvérmela y fueron los más amargos que pasé en la Sierra”. Al igual que los inicios de todo campeador los del Che están colmados de peligros grandiosos y muertes inminentes: “Un huracán de balas se cernía sobre nuestro grupo de 82 hombres. Sentí un fuerte golpe en el pecho y una herida en el cuello; me di a mí mismo por muerto. Le dije ha Faustino desde el suelo, me jodieron...” Pero es ahí donde debe aflorar todo el temple del personaje, el hombre frágil debe mostrar sus quilates morales y asumir el posible fin con la serenidad de un iniciado: “Inmediatamente, me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista, apoyado en un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte por congelación, en las zonas heladas de Alaska”.
Las heridas del titán resultaron veniales, quiere retomar su lucha, se siente enaltecido por ese bautizo de fuego y sabe que muy pronto llegará la recompensa de poderes y la imposición de su emblema: “Se firmó la carta en dos columnas y al poner los cargos de los componentes, Fidel ordenó simplemente: ´ponle comandante`, cuando se iba a poner mi grado. El símbolo de mi nombramiento, una pequeña estrella, me fue dado por Celia junto con un reloj de pulsera”. Con la buena estrella sobre la frente y los buenos tiempos de su reloj maravilloso se logra el triunfo sobre el tirano de la isla. El comandante ya despide rayos fulminantes e hipnotiza con discursos fraternos. Una vez liberado su primer objetivo se lanza en busca de nuevos pueblos desvalidos. El héroe ahora es consciente de sus poderes, ha comenzado a crecer un aura extraña a su alrededor. Los campesinos que habitan las montañas donde se desarrolla el nuevo capítulo lo miran con “una bien sazonada mezcla de miedo y curiosidad”. Fumando pipa en su hamaca el comandante escribe: “La leyenda de la guerrilla crece como espuma; ya somos los superhombres invencibles”.
Los creadores del cómic saben que es necesario que el superhéroe se muestre benévolo con sus archi enemigos, la fuerza de su brazo debe ceder en ocasiones ante la dulzura de su espíritu. “... a las 17 pasó un camión del ejercito con dos soldaditos envueltos en frazada en la cama del vehículo. No tuve coraje para tirarles...los dejamos pasar”. Una debilidad momentánea lo enaltece frente a los ojos de sus seguidores.
La alimentación del personaje no es asunto corriente dentro de los episodios de la invención. Dado su carácter sobrenatural el héroe debe alimentarse con manjares extraños. La carne de caballo lo dota de un oído agudo y de una agilidad especial, los corceles de la tropa sirven como cargueros y alimento. Pero en ocasiones se hacen necesarios algunos cocimientos más poderosos: “Al anochecer vinieron los macheteros con las trampas, un cóndor y un gato podrido, todo fue a parar adentro...”
Cuando el héroe cumple 39 años los autores de la trama comienzan a pensar en el final: “ He llegado a los 39 y se acerca inexorablemente una edad que da qué pensar sobre mi futuro guerrillero”. El día anterior a la muerte del personaje los libretistas entregan varios presagios oscuros. El Che se encuentra en una quebrada con una vieja pastora de chivas (se dice que su canción favorita era el famoso tango La pastora), la vieja es acompañada por una hija enana y tiene todo el aspecto de una bruja maligna. Al otro día se cumple la sentencia: el héroe muere a manos de un sargento que debe emborracharse para poder disparar contra la leyenda.
El 14 de junio pasado el personaje habría cumplido 79 años. Pero los creadores de la historieta supieron ponerle fin en el momento justo, antes de que se marchitara la estampa del osado adalid. Sabían que un guerrillero artrítico, con tiro flojo, resulta ridículo y no es creíble sino en algunas realidades delirantes.

5 comentarios:

juanmosquera dijo...

AVISO CLASIFICADO
juan pablo meneses se dejó ir con su aproximación al che distante desde todos los ángulos posibles en unas (buenas) crónicas en su blog de El Clarin. A quien pueda interesar esta disección que llega hasta la médula de un esqueleto de plástico...

http://weblogs.clarin.com/cronicas/archives/serie_5_el_che/

juanmosquera dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
flaca y malvada dijo...

Cliché Guevara, como dice un gordo sabio y gocetas por ahí.

JuanDavidVelez dijo...

Es como decir que la prensa ha vivido equivocada.

Pero no solo en el caso del che Guevara. Hay un libro donde muestran como han existido premios nobel de fisica que practicamente se ganaron el nobel robando el trabajo de otros colegas.
Ya que si la importancia de algunos personajes se sobreestima necesariamente tiene que haber personajes subestimados.
Que va a pasar con la industria de las camisetas y los tatuajes y los documentales cuando se muera Fidel Castro?.

Suerte

julie delpi dijo...

pfff. cuanta letra gastada al vicio.